Faltan pocos días para los comicios presidenciales en Brasil, y el panorama se define por un empate técnico, una intensa batalla digital y la preocupación por una posible escalada institucional. Tanto Flávio Bolsonaro como Ignacio Lula da Silva llegan a la votación al frente de campañas que intentan penetrar un electorado con posturas ya firmes, mientras que el resultado podría reconfigurar la relación de Brasil con la Argentina de Javier Milei.
El sociólogo Ariel Goldstein, magíster en Ciencia Política e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), sigue de cerca esta pulseada como la expresión de dos proyectos que se observan desde extremos políticos y sociales. El analista describió una competencia entre “dos Brasiles” atravesados por intereses territoriales, económicos y religiosos que chocan en las urnas.
Hace apenas diez días, según su análisis, el panorama parecía menos incierto. Ahora, con las encuestas más apretadas y una campaña que se aceleró en las redes, Goldstein sostiene que
“la elección es mucho más competitiva”
. Ese cambio modifica el cálculo de ambos comandos y vuelve decisiva la capacidad de movilizar a quienes no participaron en la primera vuelta.
Respuestas opuestas sobre el Estado y la seguridad
La distancia entre los candidatos se nota primero en el lugar que cada uno le asigna al Estado. Bolsonaro propone reducir el gasto público, bajar impuestos y flexibilizar las contrataciones, y coloca a la seguridad entre sus ejes de campaña. Su programa incluye “endurecer penas y ampliar las cárceles”, según los lineamientos expuestos durante el programa analizado por Goldstein.
La propuesta bolsonarista suma cámaras de vigilancia y sistemas de reconocimiento facial, con una promesa de mayor control sobre el delito. Al mismo tiempo, plantea conservar el Bolsa Familia, cuyo aumento del 15% comenzó a aplicarse durante la campaña. La convivencia entre ese beneficio social y un discurso de recorte estatal forma parte de una estrategia que, para Goldstein, busca interpelar a sectores con demandas distintas.
Del otro lado, Lula impulsa más inversión pública e industrial, aumentos del salario mínimo por encima de la inflación y una expansión del Bolsa Familia. El investigador explicó que buena parte de su base electoral procura
“proteger lo que ya tiene”
, una definición que vincula el apoyo al candidato con la preservación de políticas sociales ya conocidas.
El candidato del Partido de los Trabajadores también propone reducir la jornada laboral sin rebajar salarios y coordinar acciones federales contra el crimen. En esa aparecen dos expectativas contrapuestas: la búsqueda de cambio que identifica Goldstein en una parte del electorado y la defensa de derechos y transferencias sociales que, según planteó, se expresa en la frase “proteger lo que ya tiene”.
La división que atraviesa a Minas Gerais
El mapa electoral expone esa fractura con nitidez. “El nordeste es casi de Lula”, afirmó Goldstein, aunque advirtió que el candidato recibió allí menos respaldo que en elecciones anteriores. La región continúa como un sostén central para el postulante del Partido de los Trabajadores, pero ya no ofrece el mismo margen que en otras contiendas.

Hacia el sur, la ventaja se inclina en favor de Bolsonaro, según la descripción del investigador. También ubicó a Minas Gerais entre los distritos que pueden inclinar la balanza y citó una medición concreta: “43 Lula, 48 Flávio”. En una elección reñida, esa diferencia regional adquiere peso nacional.
Goldstein asoció la segmentación territorial con intereses económicos y afinidades religiosas. “El agronegocio está muy jugado con Flávio Bolsonaro”, señaló, en referencia a uno de los sectores de mayor gravitación en el interior brasileño. En contraste, indicó que los votantes católicos exhibirían una cercanía mayor con Lula.
Las mediciones limitan, además, el margen para los cambios de último momento. “El 80% de la población ya tiene su voto decidido”, afirmó Goldstein. Con esa proporción consolidada, las campañas apuntan menos a persuadir a quienes ya eligieron y más a activar a sus propios simpatizantes antes del domingo.
La campaña apunta a quienes no fueron a votar la primera vuelta
Lula concentra parte de su esfuerzo en los 33 millones que se ausentaron en la primera vuelta. Goldstein introdujo una advertencia ante cualquier lectura lineal de ese universo: “No son 33 millones de votantes de Lula”. La incógnita no es sólo cuántos podrían concurrir, sino hacia dónde se moverían si lo hicieran.
Despúes de la primera ronda, la campaña del candidato incorporó a dirigentes jóvenes y a gobernadores que obtuvieron buenos desempeños en sus territorios. También activó un grupo de WhatsApp que ronda los cinco millones de integrantes. Para el investigador, esa estructura intenta ampliar la llegada de una fuerza que necesita sostener la movilización sin dar por propio el voto de los ausentes.
El propio Lula modificó su modo de comunicarse en las redes. Goldstein dijo que el candidato, que antes rechazaba esos formatos, “apareció con diez millones de videos selfie cada diez minutos”.

Una diferencia mínima puede reabrir las dudas sobre el voto electrónico
La tensión no se limita a la campaña ni a la pelea por los indecisos. Goldstein advirtió que una diferencia mínima podría alimentar cuestionamientos al sistema de votación electrónica.
“Claramente puede proliferar eso
, sostuvo, al compar el ecenario con estrategia impulsada por Donald Trump en Estados Unidos.
El anteced más cercano es la elección de 2022, cuando Lula se impuso por una diferencia de dos millones de votos. Después de ese resultado hubo movilizaciones que reclamaron una intervención militar.
Iglesias evangélicas sostienen una bancada de diputados
Else peso del evangelismo es otro de los factores que explica el escenario brasileño. Goldstein señaló que las iglesias evangélicas crecieron durante décadas y consolidaron representación parlamentaria.
“Tenés una bancada evangélica en el Congreso de alrededor de 200 diputados
, afirmó sobre un espacio que excede la práctica religiosa y participa activamente de la competencia política.

Parte de ese universo mantiene un vínculo estrecho con el bolsonarismo, las redes sociales y dirigentes de derecha.
“Iglesias evangélicas, redes y bolsonarismo”
forman, según la descripción de Goldstein, un alineamiento político capaz de incidir tanto en la circulación de mensajes como en la organización territorial de la campaña.
El resultado también tendrá consecuencias inmediatas en el vínculo con la Argentina. Si vence Bolsonaro, Goldstein prevé un acercamiento más rápido con el gobierno de Javier Milei.
“Es un alineamiento mucho más claro entre Milei y Flávio
, afirmó, al ubicar a ambos dirigentes dentro de una misma sintonía política regional.
Una victoria de Lula abriría un escenario diferente, con posibles tensiones diplomáticas y una expectativa de moderación inicial desde Buenos Aires.
“Van a tratar de bajar un poco los decibelios del gobierno argentino
, sostuvo Goldstein. La definición del domingo 24 de noviembre, así, no sólo ordenará el poder en Brasil: también marcará el tono de una relación bilateral que ya aparece dentro de la campaña.
Fuente: Infobae