Rescate arqueológico: INAH contra reloj para salvar patrimonio en subastas globales

Frente a una computadora, a veces con apenas horas de anticipación antes de una subasta en ciudades como París, Roma o Nueva York, cinco especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) determinan si una pieza anunciada como antigua es parte del patrimonio de México o una imitación valuada en miles de euros.

No tienen el objeto físico. Solo cuentan con fotografías, un catálogo digital, un plazo límite y la oportunidad de evitar que salga al mercado ilegal.

El proceso no siempre comienza con una acción policial. De las 5 mil 686 piezas restituidas a México en los últimos dos años, aproximadamente el 95% llega mediante entregas voluntarias, según explicó Alejandro Bautista Valdespino, subdirector de Registro de Bienes Arqueológicos Muebles del INAH.

“La mayoría proviene de restituciones voluntarias”, afirmó.

Universidades, museos, familias y personas que heredaron objetos de sus abuelos contactan a embajadas y consulados para devolverlos. Algunos solicitan permanecer en el anonimato.

El resto corresponde a decomisos, investigaciones penales, piezas detectadas en aduanas o lotes retirados de subastas.

En esas situaciones intervienen el INAH, la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Fiscalía General de la República, embajadas, consulados y, en ciertos países, fuerzas especializadas en delitos contra el patrimonio cultural.

“Hay una pieza en una subasta pasado mañana”.

Ese mensaje puede llegar por correo electrónico, por WhatsApp o mediante una llamada desde una embajada. A veces hay más tiempo. Otras, la subasta está prevista para el día siguiente.

Cinco arqueólogos trabajan de noche en una oficina frente a monitores con mapas, documentos y una cuenta regresiva de una subasta internacional de piezas prehispánicas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El reloj corre cuando aparece un catálogo de subasta

La ruta comienza fuera de México. Un consulado o una embajada detecta que una casa de subastas ofrece figuras, vasijas, esculturas o lotes completos atribuidos a culturas mesoamericanas. La representación diplomática notifica a la Cancillería y la información llega al INAH.

El aviso suele incluir un catálogo digital, imágenes desde distintos ángulos, fichas de venta y la fecha de la puja. El margen de tiempo puede ser mínimo.

“A veces son a los dos días”, advierte la arqueóloga Silvia Mesa Dávila, directora de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos.

En la Dirección de Registro, el equipo abre las imágenes en una computadora. Algunos catálogos tienen cinco objetos de interés. Otros contienen 200 piezas anunciadas como mexicanas. Cada una debe ser revisada antes de que México pueda reclamarla.

“Siempre estamos a contratiempo, a contrarreloj”, dice Bautista Valdespino.

La diferencia horaria añade presión. Una venta programada para la tarde en Europa puede ocurrir durante la madrugada en México.

El trabajo no se basa en una simple observación visual. Los arqueólogos elaboran un dictamen técnico. Examinan formas, proporciones, materiales, huellas de manufactura, estilos, acabados, deterioros y rasgos asociados a una región cultural o un periodo histórico.

Especialistas del INAH inspeccionan una escultura prehispánica frente a un mapamundi que traza rutas de recuperación entre Ciudad de México, Nueva York, París, Roma y Tokio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“¿Es arqueológico? ¿De dónde es? ¿De qué región cultural? ¿De qué cronología?”, enumera Bautista Valdespino sobre las preguntas que guían cada análisis. El dictamen debe determinar si el objeto es un monumento arqueológico mueble y si cae bajo la legislación mexicana.

Un dictamen puede retirar una pieza antes de que caiga el martillo

En el proceso participan arqueólogos con experiencia en el registro de colecciones del país. Bautista Valdespino señala que su área cuenta con cinco especialistas. Cuando el catálogo es extenso, se distribuyen las piezas y consultan mutuamente.

La revisión también puede involucrar a investigadores de otras áreas del INAH, académicos de la UNAM y expertos en regiones específicas.

Una figurilla del occidente de México, una pieza maya o una escultura del Golfo requieren referencias distintas. El consenso reduce el margen de error antes de emitir un documento con firma y cédula profesional.

El dictamen no solo es útil para la vía diplomática. También se integra a carpetas de investigación cuando hay un posible delito. La FGR exige que el documento explique por qué una pieza es mexicana, arqueológica y propiedad de la nación.

No todos los objetos anunciados como prehispánicos lo son. En los catálogos aparecen reproducciones recientes, artesanías o piezas elaboradas para simular antigüedad. Algunas se venden como si fueran hallazgos arqueológicos y alcanzan precios de miles de dólares.

La casa Millon Maison de Ventes Aux Enchères, ubicada en París, Francia. Puso a la venta bienes arqueológicos, patrimonio cultural de la nación mexicana.
(INAH)

“De las cien piezas anunciadas como mexicanas, ochenta sí son monumentos arqueológicos muebles propiedad de la nación”, explica Bautista Valdespino. Las otras pueden ser objetos de reciente manufactura o incluso procedentes de otro país.”

La revisióntambién detecta errores de atribución. Una pieza ofrecida como teotihuacana podría pertenecer a Perú. En esos casos, el dictamen evita que México reclame un objeto ajeno y abre la puerta para que el país de origen reciba información sobre su posible ubicación.

La ley mexicana no basta en otros países

Para el INAH, los monumentos arqueológicos son propiedad de la nación. La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos establece que los bienes producidos por culturas asentadas en el actual territorio mexicano antes de la presencia hispánica forman parte del patrimonio nacional.

La fecha de 1521 funciona como convención general, aunque Mesa Dávila aclara que el corte no aplica igual en todo el territorio. En zonas del norte, la presencia hispánica ocurrió después. La idea central es que los objetos anteriores a ese contacto constituyen patrimonio arqueológico.

Los bienes posteriores a 1900 quedan fuera de competencia del INAH y entran en terreno artístico, bajo atribuciones del INBA.

La diferencia pesa fuera de México. “Aquí es propiedad de la nación”. Allá no entienden ese concepto”, resume Bautista Valdespino.

Un comprador en Alemania, Francia o Estados Unidos puede presentar recibo de subasta anterior y sostener que adquirió la pieza legalmente bajo normas de su país.

(Foto: captura de pantalla)

México responde que el objeto no podía salir legalmente del territorio. Bautista Valdespino menciona prohibición que data de 1827 para salida de antigüedades y joyas arqueológicas mexicanas. La única vía legal actual para que estos bienes salgan del país es autorización para exposiciones temporales.

Esa contradicción entre legislaciones vuelve más complejos algunos reclamos. No basta que México declare que el objeto es suyo. Debe convencer a una casa de subastas, a un coleccionista, a un tribunal o a una autoridad extranjera de retirar la pieza de la venta.

El momento del rescate

Cuando el INAH concluye que una pieza pertenece al patrimonio mexicano, la Cancillería activa la ruta diplomática. La embajada presenta una nota a la casa de subastas y comunica que México reclama el objeto. La Secretaría de Cultura puede emitir posicionamientos públicos y el caso puede enviarse a autoridades judiciales.

El resultado más frecuente no es una subasta suspendida en su totalidad. Las ventas continúan, pero los lotes identificados como mexicanos se retiran antes de que inicie la puja.

En ocasiones, la casa de subastas contacta al propietario que consignó el objeto. Puede tratarse de una familia que conserva la pieza desde hace décadas, de un coleccionista o de alguien que recibió el bien por herencia. Si acepta entregarlo, la representación mexicana coordina la restitución.

“Si México está interesado y no quiero problemas, decido entregarla”, resume Bautista Valdespino sobre la lógica que ha permitido recuperar piezas en distintos países.

El resultado depende de la voluntad del poseedor y de la legislación local.

En Italia, el proceso toma otra forma. El Comando Carabinieri para la Tutela del Patrimonio Cultural colabora con México en identificación y recuperación de bienes. Sus integrantes son policías especializados en patrimonio cultural, conservación y delitos relacionados con obras y antigüedades.

Bautista Valdespino describe intervenciones en las que los Carabinieri llegan a una subasta con orden judicial y el dictamen emitido en México. La escena parece de película: sala de ventas, lote en pantalla, documento sobre la mesa y orden que frena la operación.

La cooperación con Italia ha permitido decomisos. En Francia, Bélgica, Austria, Alemania, Uruguay y otros países, varias recuperaciones han ocurrido mediante entregas voluntarias después que México acreditó el origen de las piezas.

Foto: Christie's

Cuando una pieza vuelve, recibe un ‘acta de nacimiento’

Las restituciones internacionales llegan a México por valija diplomática o entregas coordinadas por consulados. La Cancillería avisa al INAH y personal de la Dirección de Registro recibe formalmente objetos.

Después se trasladan en vehículos oficiales. El embalaje se define según características de cada pieza. En casos excepcionales, un especialista viaja al extranjero para supervisar el manejo de objetos frágiles. Lo habitual es que el consulado siga instrucciones enviadas desde México.

Una vez en la Dirección de Registro, cada objeto se inscribe bajo custodia del INAH. Bautista Valdespino compara la constancia de inscripción con un documento de identidad: “Es como el acta de nacimiento de las piezas”.

(Foto: casa Christie’s)

El registro permite saber que el bien existe, de dónde procede, bajo qué resguardo queda y qué institución asume custodia. Después inicia otra etapa: encontrar un espacio para que deje de estar en caja.

Las piezas recuperadas pueden enviarse a museos, proyectos de investigación o exhibiciones regionales. El INAH ha transferido bienes al nuevo museo de Tulum y a recintos de Guadalajara.

También prepara conjuntos para investigaciones específicas, como figurillas vinculadas con la Media Luna, en San Luis Potosí.

La intención es que los objetos recuperados no queden ocultos en bodegas. En Tulum, donde llegan visitantes que quizá no viajan al Museo Nacional de Antropología, el INAH promueve exhibiciones con piezas de distintas regiones para mostrar un panorama del desarrollo cultural del país.

Fuente: Infobae

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