Los parlantes continúan funcionando en la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. El domingo 18 de octubre, día sagrado en la fe cristiana tuvo como centro el recuerdo del sacerdote Patricio Sánchez Molinari, en cada oración de su comunidad. El sonido se escuchaba con claridad entre las bancas y llegaba hasta el altar, el mismo lugar donde una cruz se desprendió y cayó sobre el padre mientras celebraba una misa.
Allí, algunos feligreses lloran, otros se abrazan y permanecen sentados recordando al sacerdote que acostumbraban escuchar cada semana. Las flores colocadas cerca del altar forman parte del ambiente que se vive en este templo de las calles José Mascote y Maldonado, en el centro-sur de Guayaquil.
Durante las celebraciones posteriores al accidente, hubo personas que se acercaron a los religiosos para recibir una bendición, mientras otras conversaban sobre los momentos que vivieron el sábado 17 de octubre.
La cruz estaba ubicada detrás del altar. Su caída dejó preguntas entre quienes presenciaron el accidente, especialmente sobre la forma en que se encontraba sujetada y las condiciones del lugar.
Este Diario conversó con personas que estuvieron presentes aquella tarde. Una de ellas aseguró que la estructura estaba sostenida por dos pernos y que uno se habría aflojado. A esta versión se suma otra posibilidad mencionada por los asistentes, relacionada con las vibraciones que producen los equipos de sonido.
Los parlantes forman parte de las actividades de la parroquia. El padre Patricio acostumbraba a transmitir sus celebraciones en vivo, por lo que utilizaba equipos de audio para que sus palabras pudieran escucharse dentro del templo y a través de las transmisiones.
Este Diario constató que el sonido se escucha claramente en distintos puntos de la iglesia. Sin embargo, esa observación no permite establecer si las vibraciones influyeron en el desprendimiento de la cruz. La explicación sobre los pernos y los parlantes corresponde, por el momento, a versiones de los feligreses.
La Arquidiócesis de Guayaquil señaló que las parroquias realizan el mantenimiento de sus templos junto con un departamento técnico, siguiendo las normas vigentes en la ciudad. La institución indicó que dará a conocer información sobre lo ocurrido cuando cuente con el informe de los especialistas.
Los recuerdos del accidente aparecen durante las conversaciones. Una mujer que estuvo presente contó que el sacerdote quedó tendido de lado y presentaba una herida en la cabeza. Según su relato, la ambulancia tardó unos 30 minutos en llegar y, para entonces, el párroco ya había fallecido.
Pero quienes regresan a la iglesia hablan de mucho más que aquella tarde. Una feligresa que acudía todos los sábados recordó las palabras que escuchaba del padre Patricio y consideró que sus enseñanzas habían ayudado a muchas personas. También se mencionaron las misas que celebraba en colegios cercanos y su relación con los habitantes del sector.
Entre esos recuerdos está su preocupación por los hogares de acogida ubicados frente al templo. Una mujer que frecuentaba la parroquia contó que el sacerdote se había interesado por las personas que vivían allí y que intervino para evitar que esos espacios fueran derribados.
La noticia de su fallecimiento llevó a la iglesia incluso a personas que no asistían habitualmente. Una mujer procedente de Loja, que se encontraba de visita en Guayaquil, acudió acompañada de una amiga que conocía la parroquia.
Ambas se enteraron por redes sociales y decidieron acercarse. Para la visitante, resultaba difícil asimilar que el sacerdote hubiera muerto mientras celebraba la eucaristía.
En las bancas hubo lágrimas y oraciones. Algunos asistentes permanecieron junto a sus familiares y otros buscaron a los religiosos para conversar. Durante la despedida, jóvenes, adultos y personas mayores se acercaron al féretro, colocado frente al altar donde había ocurrido el accidente, el domingo.
El cuerpo del padre Patricio fue trasladado a Cuenca, su ciudad natal, como deseaba su familia. En Guayaquil permanecen las flores, las conversaciones sobre lo sucedido y los recuerdos de quienes lo escucharon durante años.
Para los feligreses, la muerte del sacerdote sigue siendo difícil de aceptar. En la iglesia donde celebraba sus misas continúan las actividades religiosas, mientras se espera conocer qué provocó la caída de la cruz.
Este martes 20 octubre, a las 15:00, se tenía previsto dar el último adiós al sacerdote que es recordado como “un hombre sencillo y amante de la eucaristía, que murió celebrándola”. El encuentro será en su natal Cuenca, en la capilla La Paz del camposanto Santa Ana. (I)