Encontrar un propósito, mantener lazos cercanos y estimular el cuerpo y la mente se perfilan como los pilares que los expertos señalan como esenciales para el bienestar en la jubilación. Esta reflexión surge en el marco de un análisis especial sobre longevidad, enfocado en cómo alargar la vida con calidad.
Joe Casciani, un psicólogo de 77 años, siempre había deseado tocar la batería, pero su intensa carrera se lo impedía. En 2019 se retiró de la práctica clínica y, durante la pandemia, compró un kit electrónico que utilizaba con auriculares para no molestar a su esposa. Hoy cuenta con un estudio insonorizado detrás de su casa en San Diego y toca una vez por semana con una banda en un centro local para adultos mayores.
«Toda mi vida ha sido muy cerebral y sencillamente me encanta el aspecto físico de tocar la batería», afirmó Casciani.
Su caso ilustra los hitos que los investigadores consideran clave para un retiro exitoso: propósito, socialización y actividad física y mental. Casciani, creador del sitio web Living to 100 Club —dedicado a envejecer bien—, es consciente de la percepción común de que envejecer implica un declive inevitable. Sin embargo, él rechaza una jubilación en la que «hablamos mucho de lo que perdemos».
«Me gusta poner el foco en lo que ganamos», agregó.
A medida que la población estadounidense envejece —el porcentaje de personas de 65 años o más en Estados Unidos casi se duplicó en los últimos 50 años—, la jubilación ahora se mide en décadas. Entender su impacto tiene una urgencia renovada. Medir ese efecto en las capacidades físicas, cognitivas y mentales es complejo: involucra factores como el estatus profesional, si el retiro fue voluntario o forzado, la clase socioeconómica, la estabilidad financiera y hábitos como fumar. También resulta difícil aislar los efectos del envejecimiento de los derivados de dejar el trabajo.
Con esas salvedades, un análisis de 2025 que revisó 22 estudios realizados entre 2013 y 2023 sobre el impacto de la jubilación en el funcionamiento cognitivo —provenientes de varios países— sugiere que «la jubilación tiende a disminuir el funcionamiento cognitivo y a aumentar la tasa de deterioro». No obstante, el estudio internacional, liderado por investigadores chilenos, señaló que para establecer plenamente un vínculo entre el retiro y el deterioro cognitivo se requieren más y mejores investigaciones.
En el ámbito de la salud física, los resultados son mixtos: la jubilación muestra mayores beneficios para quienes abandonan empleos físicamente exigentes o de baja calidad. De manera consistente, las investigaciones indican que importa si la persona elige jubilarse o es obligada. Quienes se ven forzados a retirarse de carreras muy satisfactorias y que son fuente de su identidad tienen más probabilidades de experimentar depresión, en comparación con quienes dejan trabajos que no les gustan o lo hacen voluntariamente.
El rol del propósito y las conexiones sociales
Aunque el verdadero impacto de jubilarse sea difícil de desentrañar, existe evidencia sólida sobre cómo lograr que las últimas etapas de la vida sean saludables y gratificantes. Las conexiones sociales significativas son importantes tanto para la salud física como mental, pero lo clave es la calidad, no la cantidad. Algunos estudios han demostrado que unirse o mantener la membresía en un grupo que se reúna regularmente en torno a un interés común se correlaciona con un mejor bienestar en la jubilación.
Tener un sentido de propósito es considerado cada vez más un aspecto crucial. Se ha descubierto que predice una mejor salud física y, en otros estudios, que protege contra el deterioro cognitivo. Sin embargo, el propósito tiende a disminuir con el tiempo, según Elliot M. Friedman, profesor de gerontología en la Universidad de Purdue. Durante la investigación para un artículo que halló que el propósito de vida sostenido está asociado con un deterioro cognitivo más lento, Friedman y sus colegas analizaron una década de datos de 9800 estadounidenses del Estudio de Salud y Jubilación, realizado por la Universidad de Míchigan con datos de la Administración del Seguro Social y el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento.
A los participantes se les hicieron siete preguntas de las Escalas de Bienestar Psicológico de Ryff para medir el propósito, como: «A veces siento como si hubiera hecho todo lo que hay que hacer en la vida» o «Disfruto hacer planes para el futuro y trabajar para hacerlos realidad». Friedman señaló que las oportunidades de propósito y significado en las últimas etapas de la vida son cada vez menores porque «se espera que las personas mayores se desvinculen poco a poco de la sociedad».
Patricia A. Thomas, profesora asociada de sociología en Purdue y coautora del artículo, explicó que «el propósito se manifiesta de distintas maneras, por lo que no hay una solución única para todos». Sugirió enfocarse en las pequeñas cosas que hacen sentir ganas de levantarse por la mañana: «Son los actos pequeños los que aún pueden ser muy significativos y los que pueden contribuir a una mejor función cognitiva, a una mejor salud y a la longevidad en general».
Como ejemplo, mencionó a su abuela, Eileen Veselka Thomas, de 95 años, quien se jubiló como enfermera a tiempo completo a los 70 años tras la muerte de su esposo. Continuó trabajando a tiempo parcial hasta los 88 años como enfermera titulada, además de unirse a un grupo de escritura dirigido por autores profesionales y viajar extensamente. Ha terminado una obra de ficción histórica sobre la conquista de México, que ha sido aceptada por una editorial.
«Hacía años que quería escribir el libro, pero estaba demasiado ocupada con mi trabajo y mi familia», dijo en una entrevista por correo electrónico.
Thomas afirma no haber experimentado deterioro cognitivo, por lo que no cree que escribir el libro la haya ayudado a mantenerse ágil mentalmente, «pero otras personas piensan que sí». Su jubilación cristaliza tendencias actuales: seguir trabajando a tiempo parcial después del retiro (empleo puente) y unirse a un grupo de aprendizaje permanente.
Trabajar después de la jubilación: una nueva norma
En Suecia, la proporción de personas que continúan trabajando después de empezar a cobrar su pensión se ha duplicado, según Isabelle Hansson, coautora del estudio «¿Retirement as Risk or Relief?«. «En promedio, un tercio de los jubilados continúa trabajando de una forma u otra después de la jubilación», indicó. «Eso demuestra que la jubilación ya no es una salida permanente del mercado laboral». No obstante, el efecto positivo de ese empleo posterior depende del motivo: si es por necesidad económica, puede generar más estrés que si es por disfrute o propósito.
Gran parte del envejecimiento saludable está fuera del control individual, como la clase socioeconómica o la falta de programas asequibles para personas mayores. El Centro de Longevidad de Stanford, con su Nuevo Mapa de la Vida, propone un mundo donde la educación, el trabajo y el tiempo libre estén mucho más integrados a lo largo de la vida. «En Estados Unidos y más allá, las vidas de 100 años serán comunes para quienes nacen hoy», afirma la introducción del mapa, que sostiene que las instituciones y políticas actuales necesitan una actualización.
Finalmente, los expertos coinciden en que el tipo de jubilación que se experimenta deriva del tipo de vida vivida. Aprender a sentir curiosidad, ser voluntario y desarrollar amistades debe comenzar mucho antes de los 65 años. Como dijo Baowen Xue, profesora asociada en el University College de Londres y coautora de un artículo sobre el efecto de la jubilación en el funcionamiento cognitivo: «Tu vida después de la jubilación ya comenzó cuando eras un bebé».
Fuente: Infobae