Un incendio dejó a una familia de nueve integrantes sin su hogar en el bloque 5 de Paraíso de la Flor, en el norte de Guayaquil.
Eran las 07:15 del lunes 12 de octubre cuando el fuego descendió desde un poste de luz hasta el sector derecho de la vivienda, donde Lado Vera, que a esa hora dormía junto a su esposa, Graciela Sánchez, almacenaba material de construcción.
La madera apilada fue suficiente para alimentar las llamas, que se extendieron al resto de la vivienda.
Sánchez fue la primera en percatarse del fuego. Desesperada, despertó a su esposo y a sus hijas. Tres de ellas dormían en la segunda planta.
Una de ellas, Ana, que había bajado al baño, respondió al llamado de su madre, que gritaba: “¡Se quema! ¡Se quema la casa!”.
Al percatarse de la magnitud del fuego, lo primero que pensó fue en sacar a su madre, de 68 años. Esta se negó y mostró resistencia. La estremecía perder su hogar: “Mi casita, mi casita”, decía Sánchez.
“No importa la casita. Salva tu vida, mami”, respondió Ana. Mientras ambas discutían, Vera despertó y empezó a arrojar agua para intentar apaciguar el fuego. No fue suficiente. El incendio ya era demasiado grande. Había que salir.
Ana dejó a su madre por un momento para asegurarse de que los niños y sus hermanas estuvieran a salvo.
Su hija, sus dos sobrinas —una de ellas de 2 meses, a quien cargaba en brazos— y sus hermanas bajaron por sus propios medios y se pusieron a buen recaudo.
En el interior, Vera aún luchaba por convencer a Sánchez de que saliera. Lo consiguió, pero el fuego ya consumía la casa por todos sus frentes.
La puerta de zinc por la que minutos antes habían salido sus hijas y nietos, sin mayores dificultades más allá de un pequeño golpe en el rostro de Ana, también ardía.
Ambos abuelos se aventuraron entre el humo y las llamas para escapar. Durante la salida, Vera sufrió quemaduras en el brazo derecho y la espalda.
Las lesiones de Sánchez, quien tiene dificultades para caminar, fueron más graves: sufrió quemaduras graves, de tercer y cuarto grado, en la espalda.
El Cuerpo de Bomberos de Guayaquil llegó una hora después para atender la emergencia. La ubicación geográfica del sector y las dificultades de acceso complicaron las labores.
La mañana de este martes, 13 de octubre, Vera permanecía frente a lo que antes era su casa. Una camisa cubría las heridas de su brazo para evitar infecciones.
Su preocupación estaba puesta en su esposa, quien padece diabetes y permanece hospitalizada. Su condición es grave.
Vera también necesita medicamentos para tratar sus heridas. Sin embargo, aún no ha recibido atención médica o no ha tenido tiempo para buscarla, explicó.
La noche anterior, junto con sus hijas y nietos, durmió en la casa de una vecina, ubicada a pocos metros de la suya, que les brindó posada.
El fuego consumió hasta los enseres más básicos, entre ellos electrodomésticos y ropa. “Lo perdimos todo. Fue todo inesperado. Nosotros seguíamos descansando. No tuvimos tiempo ni a reaccionar”, dijo Vera.
El hombre calculó en más de $ 5.000 el costo de las reparaciones, mientras señalaba el medidor de electricidad de su vecina, que también resultó quemado. “El fuego comenzó en el poste. Todo el barrio se quedó sin luz”, contó.
Por su parte, el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano brindó asistencia a la familia afectada y entregó colchones y otros artículos de primera necesidad. (I)
Fuente: El universo