En la vida, una de las enseñanzas más complejas es reconocer que existen circunstancias que escapan a nuestro dominio. Aunque nos esforcemos por actuar correctamente, el resultado puede diferir debido a la irrupción de elementos externos impredecibles.
Este concepto, evidente en el día a día, posee una denominación específica en la economía: factores exógenos. De acuerdo con la Real Academia Española, el término “exógeno” deriva de exo- (fuera) y -geno (que produce). Su opuesto es endógeno, referido a aquello que nace desde adentro.
La situación de Argentina ilustra perfectamente esta dinámica. Internamente, ciertos indicadores han mostrado mejoras, pero los acontecimientos externos han cobrado mayor relevancia. Así se explica que, pese a que algunos componentes de la economía local avanzan en la dirección deseada, el riesgo país se haya incrementado, cerrando la semana en 584 puntos básicos.
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Para empezar, veamos el panorama externo. La tasa de los Treasuries a 10 años se ubica en niveles no vistos en 24 años, cerca del 5,25%. Todo apunta a que este incremento no es simplemente un efecto colateral del conflicto en Medio Oriente, sino una tendencia más duradera. En lo que va del año, ha subido 109 puntos básicos.
Solo 11 puntos básicos del aumento del índice de riesgo país se explican por las expectativas de inflación, mientras que los 98 restantes corresponden principalmente al componente real
Lo relevante reside en la composición: únicamente 11 puntos básicos se deben a las expectativas inflacionarias, mientras que los 98 restantes pertenecen al componente real, el cual alcanzó su nivel más alto en 18 años.
Surge entonces la interrogante: ¿por qué se está incrementando de forma tan acentuada este componente de la tasa?
Factores que han llegado para quedarse
Ciertos elementos parecen haber llegado para instalarse de forma permanente. Uno de ellos es la creciente emisión de deuda por parte de los hyperscalers —las grandes firmas tecnológicas que gestionan centros de datos masivos—, especialmente en el tramo largo de la curva de rendimientos. Gran parte de estas colocaciones se destina a inversiones de capital (capex), lo que ejerce presión sobre el ahorro de la economía estadounidense y hace aún más relevante la situación del ahorro público. En otras palabras, si el ahorro privado corporativo disminuye, debe ser compensado por otra partida; en este contexto, el mercado enfoca su atención en la disciplina de las cuentas públicas.
Este panorama de tasas más elevadas en Estados Unidos no es benigno para las economías emergentes. Cuando los Treasury rinden más, los inversores reducen su apetito por activos riesgosos como los argentinos, entrando en un modo risk-off.
Sin embargo, no todos los sucesos externos son negativos. La primera vuelta de las elecciones en Brasil tomó por sorpresa tanto a las encuestas como a los mercados. Flávio Bolsonaro alcanzó el 47,2% de los votos válidos, frente al 45% de Lula, quedando en una posición más favorable de lo anticipado para el ballotage.
El impacto de Brasil en Argentina: dos vías
Para Argentina, este resultado tiene relevancia a través de dos canales. El primero es el canal financiero: en un entorno global de tasas elevadas y aversión al riesgo, una mejor percepción sobre Brasil —la mayor economía regional y principal socio comercial argentino— contribuye a mitigar parte de la presión externa. Esto se reflejó en los bonos argentinos, que registraron un incremento promedio del 2,6% en las últimas cinco jornadas.
El segundo es el canal comercial. Brasil representa el 28,2% del índice de tipo de cambio real multilateral (Itcrm). Si se sostiene la significativa apreciación del real —4,4% en la última semana—, la competitividad de los productos y servicios argentinos respecto a los brasileños mejoraría, siendo el turismo el sector más favorecido.
Brasil funcionó, entonces, como un contrapeso frente a un contexto internacional más exigente. Pero el alivio tiene límites
De esta manera, Brasil actuó como un contrapeso ante un entorno global más restrictivo. Sin embargo, el respiro tiene restricciones: aún está pendiente el ballotage del 26 de octubre. Más allá de ello, el riesgo país se mantiene en niveles altos, lo que podría limitar el programa económico y, en especial, la cuenta financiera de cara a 2027.
Las reservas internacionales podrían enfrentar presión desde dos frentes:
- Menores compras debido a la reducción de ingresos por emisiones corporativas y provinciales en el exterior.
- Venta de dólares al Tesoro ante la menor colocación de deuda en dólares en el mercado local de lo previsto en el programa financiero.
El colchón financiero se reduce
En lo que va del año, aún no se han cubierto los USD 6.000 millones contemplados en el programa financiero de 2026 —faltan aproximadamente USD 900 millones—. Esto significa que se llegará a 2027 con un colchón inferior al esperado. Si las circunstancias actuales se mantienen, podría volverse inviable, en el peor de los casos, colocar los USD 5.000 millones que el programa financiero prevé para ese ejercicio.
Una alternativa es que la variable de ajuste recaiga en la compra de dólares del Tesoro al Banco Central de la República Argentina (BCRA), además de los USD 4.900 millones ya presupuestados para 2027.
Pero surge la pregunta: ¿cómo se financiarían esas adquisiciones adicionales? Si las emisiones internacionales no generan tantos dólares como en el período actual —USD 19.600 millones liquidados entre octubre de 2025 y septiembre de 2026— debido a condiciones exógenas, y si el atesoramiento es considerablemente mayor, resulta difícil imaginar que el BCRA pueda comprar más divisas que las registradas este año (USD 15.000 millones hasta la fecha).
La otra opción sería que el BCRA opte por desacumular reservas.
Argentina puede hacer su parte —los factores endógenos: comprar reservas, mantener el superávit fiscal, estabilizar la inflación y ordenar sus cuentas—. Pero eso no significa que el resultado final esté completamente bajo nuestro control
Ninguna de estas alternativas es especialmente confortable, y ahí radica, probablemente, el núcleo del asunto. Argentina puede cumplir con su parte —los factores endógenos: adquirir reservas, sostener el superávit fiscal, controlar la inflación y poner en orden las cuentas públicas—. Sin embargo, eso no garantiza que el desenlace esté totalmente bajo su dominio.
Los factores exógenos —tasas libres de riesgo más elevadas, menor apetito internacional por activos emergentes, los comicios en Brasil— también tienen el poder de alterar la trayectoria y forzar una recalibración del programa económico.
Frente a este escenario, la única respuesta posible es ejercer un poco más de paciencia.
La autora es economista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
Fuente: Infobae