Marvel’s Wolverine llega a PlayStation 5 como un título que cumple sin deslumbrar. No es un juego malo, pero tampoco memorable; se queda en ese término medio que muchos jugadores reconocerán al apagar la consola. Lo disfrutas mientras dura, pero al terminarlo apenas piensas en volver a jugarlo. Y en ese punto, quizás radica su mayor virtud: la capacidad de ofrecer un rato de entretenimiento sin mayores pretensiones.
El desarrollo de esta entrega no fue sencillo. Insomniac Games sufrió un ataque informático en 2023 que expuso prototipos del juego y datos personales del equipo. A eso se suman las dificultades propias de PlayStation Studios en un momento donde la consola enfrenta críticas por su catálogo reducido de exclusivos y la polémica decisión de detener la producción de discos físicos. Todo esto pone presión sobre un lanzamiento que desde su anuncio en 2021 ya generaba expectativas encontradas.

El fuerte del juego es, sin duda, el combate. Wolverine se siente brutal, sanguinario y directo. La mecánica principal consiste en golpear, esquivar, ejecutar algún parry y gestionar una barra de furia que permite curarse o desatar ataques sin cesar. El sistema premia la agresividad constante, algo que encaja perfectamente con la naturaleza del personaje: un mutante con garras de adamantium y capacidad de regeneración acelerada. Si subes la dificultad, el combate se vuelve más estratégico y entretenido, aunque las mecánicas son limitadas.
Donde el título flaquea es en la historia y el diseño de niveles. La narrativa intenta ser emotiva, pero se siente fragmentada, predecible y llena de clichés. Avanza rápido sin que ocurra realmente nada relevante hasta el tramo final, que logra cierta solidez. Los niveles son totalmente lineales, con abundantes indicadores que guían al jugador de la mano, lo cual resta inmersión. Las secciones de sigilo resultan innecesarias; es más práctico y divertido lanzarse al combate directo que intentar eliminaciones sigilosas que no aportan nada.

La sensación general es que al juego le faltan piezas. Como si el desarrollo accidentado hubiera obligado a recortar guion, niveles o mecánicas. Esto es solo una impresión, pero se percibe un cascarón vacío relleno con detalles superfluos. La dificultad baja y la excesiva ayuda al jugador hacen que la experiencia sea demasiado sencilla, incluso aburrida por momentos.
La historia sitúa a Wolverine en un universo propio de Insomniac Games, separado de otras iteraciones de Marvel. Logan no tiene recuerdos y forma parte del Team X, liderado por el villano Nathaniel Essex (Mister Sinister), interpretado por Troy Baker. Otros personajes como Mystique presentan matices grises, y Jean Grey aparece como interés romántico, sin que Cíclope intervenga. La trama incluye guiños a los X-Men, pero cae en giros evidentes y lugares comunes.

En el aspecto técnico, el juego luce bien. Los modelos de personajes tienen carisma y las actuaciones de voz son destacables. Mención especial merece Liam McIntyre (conocido por Spartacus), quien da vida a un Wolverine que inevitablemente se compara con la icónica interpretación de Hugh Jackman durante 26 años. McIntyre logra salir del molde y construir una versión propia del personaje.
En resumen, Marvel’s Wolverine es un juego que se disfruta unas 15 horas aproximadamente, con poca rejugabilidad salvo que busques coleccionables o el platino. Ya ha vendido cerca de 2 millones de copias, lo que demuestra que las críticas en redes sociales no empañan su éxito comercial. Queda la sensación de que pudo ser mucho más, pero como entretenimiento simple y directo, cumple su propósito.

Fuente: Infobae