Llegar a los 100 con salud: claves respaldadas por la ciencia

Para quienes asocian la vejez con pérdidas inevitables, los expertos en longevidad invitan a cambiar esa perspectiva. Alcanzar los 100 años con buena salud, relaciones sólidas e independencia es posible gracias a decisiones mantenidas durante décadas, que abarcan desde el ejercicio y la nutrición hasta el descanso, la vida social y la organización financiera.

La psicóloga Laura Carstensen, catedrática de la Universidad de Stanford y directora fundadora del Centro de Longevidad de esa casa de estudios, promueve un debate sobre cómo aprovechar una esperanza de vida más prolongada. Según proyecciones demográficas, para el año 2050 cumplir un siglo de vida será algo común para un número cada vez mayor de personas.

En entrevista con el medio Prevention, Carstensen señaló que el diálogo público se enfoca demasiado en la dependencia y las enfermedades.

“No se puede conseguir lo que no se puede imaginar”

, expresó al hablar de la necesidad de concebir una vida más extensa con metas, satisfacción y participación en la sociedad.

El paso del tiempo no condena a la tristeza

El envejecimiento biológico implica modificaciones celulares y una acumulación de disfunciones que, con los años, pueden desencadenar problemas cardiovasculares, deterioro cognitivo o fragilidad. No obstante, la velocidad de este proceso varía entre individuos.

La doctora Sofiya Milman, directora de Estudios de Longevidad Humana del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento de la Facultad de Medicina Albert Einstein, analiza a los denominados “superenvejecientes”: personas de 95 años o más que no muestran signos de enfermedades vinculadas a la edad.

Laura Carstensen planteó que una mayor expectativa de vida exige imaginar una vejez con objetivos, bienestar y participación social (Imagen Ilustrativa Infobae)

El propósito de esta investigación es descubrir por qué ciertos organismos retrasan la aparición de patologías. Los superenvejecientes demuestran que el cuerpo humano posee la capacidad biológica para vivir muchos años con buena salud, explicó Milman. Estos hallazgos podrían guiar en el futuro tratamientos orientados a prolongar los años de vida saludable.

Carstensen también rechaza lo que llama el “mito de la miseria”, es decir, la creencia de que las personas se vuelven inevitablemente más infelices con la edad. Investigaciones citadas por la especialista revelan que, a partir de los 50 años, las emociones negativas suelen presentarse con menor frecuencia e intensidad. La tristeza, la frustración y la ira pueden disminuir a medida que aumentan los años.

El movimiento beneficia al cuerpo y al cerebro

La actividad física se perfila como uno de los factores más sólidos asociados a una mayor esperanza de vida y a una mejor calidad de esos años. El médico Michael F. Roizen, exdirector de bienestar de la Clínica Cleveland, afirma que el sedentarismo fomenta la discapacidad y aumenta los riesgos para la salud.

Caminar, subir escaleras, realizar labores domésticas o practicar ejercicios estructurados favorece el metabolismo, la salud cardiovascular y el cuidado de huesos y articulaciones. Para quienes parten de una rutina sedentaria, la sugerencia es iniciar con periodos cortos y realistas, en vez de intentar cambios difíciles de mantener.

La actividad física y el entrenamiento de fuerza se asocian con una mayor expectativa de vida, menos depresión y un menor riesgo de demencia y Alzheimer (Imagen Ilustrativa Infobae)

El entrenamiento de fuerza merece especial atención. Estudios mencionados por Prevention vinculan este tipo de ejercicio con una reducción de los síntomas de depresión. Además, la actividad intensa puede estimular la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína relacionada con los procesos de aprendizaje y memoria.

Los niveles más elevados de BDNF se asocian con un menor riesgo de demencia y enfermedad de Alzheimer. La intensidad debe ajustarse a la condición física, los antecedentes médicos y la recomendación de profesionales de la salud.

La dieta mediterránea es el modelo más respaldado

La alimentación incide en la energía diaria, el descanso, el estado de ánimo y la aparición de enfermedades crónicas. Entre los patrones con mayor evidencia destaca la dieta mediterránea, que se fundamenta en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva y pescado.

Un análisis científico que agrupó datos de más de 10.000 personas encontró que quienes siguieron este esquema alimenticio tuvieron una reducción del 48% en eventos cardiovasculares en comparación con un grupo de control, durante un seguimiento de hasta siete años.

La dieta mediterránea, basada en alimentos de origen vegetal, aceite de oliva y pescado, mostró una reducción del 48% en eventos cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

Roizen recomienda que la mayor parte de las calorías provenga de alimentos de origen vegetal, incluyendo aceite de oliva, nueces y palta. También sugiere sustituir la carne roja con más frecuencia por pescado y dar prioridad a los vegetales ricos en fibra. Esta distribución, en la práctica, desplaza los azúcares añadidos, las grasas saturadas y los carbohidratos refinados.

Los chequeos médicos permiten anticiparse a las complicaciones

Tener profesionales de confianza antes de recibir un diagnóstico permite tomar decisiones con más información y menos incertidumbre. Las revisiones periódicas sirven para detectar factores de riesgo, actualizar vacunas, revisar medicamentos y consultar síntomas que podrían pasar desapercibidos.

Roizen también resaltó la importancia de cumplir las indicaciones posteriores a episodios cardiovasculares o cirugías. Según datos citados por Prevention, menos de una cuarta parte de los pacientes a quienes se prescribe rehabilitación después de un procedimiento cardíaco llega a realizarla.

Pedir explicaciones cuando el lenguaje médico resulta difícil y solicitar una segunda opinión en casos complejos son herramientas válidas. La prevención y la adherencia a los tratamientos pueden cambiar el rumbo de muchas enfermedades asociadas con la edad.

Dormir, mantener vínculos y reducir el estrés también son esenciales

Dormir al menos siete horas, sostener vínculos sociales y planificar la vida laboral y financiera forman parte de una estrategia de envejecimiento saludable (Imagen Ilustrativa Infobae)

La salud no se limita a los indicadores clínicos. La conexión con familiares, amigos y comunidades ayuda a disminuir el aislamiento, que se ha vinculado con mayor estrés, enfermedades graves y muerte prematura. En 2023, el entonces cirujano general de Estados Unidos, Vivek Murthy, advirtió sobre la soledad como un problema de salud pública relacionado con afecciones cardíacas y demencia.

Las relaciones entre generaciones pueden aportar aprendizaje y sentido de pertenencia. Joanne Weiss, de 85 años y residente de Wellesley, Massachusetts, contó a Prevention que sus amistades más jóvenes y de diversos orígenes son una fuente constante de interés y conocimiento.

El descanso también es fundamental. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan que los adultos procuren dormir al menos siete horas por noche. Si hay ronquidos, pausas respiratorias, somnolencia diurna u otros indicios de trastornos como la apnea del sueño, es necesario consultar con un especialista.

El estrés sostenido puede afectar todos estos hábitos a la vez: quien lo maneja mejor suele dormir más, hacer ejercicio con regularidad y seguir sus tratamientos. Por ello, incorporar actividades que ayuden a regularlo —como el ejercicio, el contacto social o espacios de descanso— forma parte de una estrategia de envejecimiento saludable.

La planificación financiera y laboral marca la diferencia en los años dorados

Carstensen plantea que una vida de 100 años requerirá también replantear el modelo de trabajo concentrado entre la adultez temprana y los 65 años. Una carrera con pausas, jornadas reducidas en distintas etapas y formas de participación laboral durante la vejez podría aliviar la presión sobre los años de crianza y mantener la sensación de utilidad.

Conservar proyectos, tareas comunitarias o actividades con propósito puede favorecer el bienestar en la vejez (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todas las ocupaciones permiten prolongar la actividad debido a sus exigencias físicas. Aun así, conservar proyectos, tareas comunitarias o actividades que den propósito puede favorecer el bienestar.

La planificación financiera completa este panorama. Ahorrar desde joven, ajustar gastos y buscar asesoría para construir recursos a largo plazo puede reducir la incertidumbre. Los cambios pequeños y constantes en salud, relaciones y finanzas tienen más posibilidades de acumular beneficios con el paso de los años.

Fuente: Infobae

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