Compartir la mesa con alguien por quien se siente un vínculo profundo no solo alegra el momento, sino que también podría transformar silenciosamente ciertos procesos internos del organismo. Una investigación reciente de la Universidad Hebrea de Jerusalén plantea que la presencia de otra persona durante la ingesta de alimentos altera las respuestas corporales frente a la comida, el frío y las situaciones de estrés.
Los detalles de este trabajo fueron publicados en la revista Science Advances. En total, los científicos reunieron a 395 participantes en cuatro experimentos distintos. Las observaciones mostraron que estar acompañado por alguien cercano reducía los niveles de glucosa después de comer en un rango de entre 15% y 24%, aceleraba la vuelta a una temperatura corporal normal tras exponerse al frío y disminuía la activación del sistema nervioso ante estímulos estresantes. El equipo denominó a este conjunto de cambios ‘fisiología social’, una idea que sugiere que el cuerpo humano ajusta algunos de sus procesos internos cuando se encuentra cerca de un ser querido.
En el primer experimento, enfocado en la respuesta glucémica, participaron 108 personas repartidas en 54 parejas heterosexuales. Cada individuo realizó la prueba en dos ocasiones: una en soledad y otra en compañía de su pareja. Tras consumir una ración medida de pan blanco, los investigadores monitorearon la evolución del azúcar en sangre durante dos horas completas.
Los resultados indicaron que la respuesta de glucosa era un 14,55% menor cuando la persona estaba acompañada. Al analizar únicamente la primera sesión, para evitar posibles sesgos de repetición, la diferencia ascendió al 23,9%. Los niveles iniciales de azúcar eran similares, pero las curvas comenzaban a separarse aproximadamente 45 minutos después de comer y se mantenían más bajas mientras la pareja seguía presente.

No se debe solo a la relajación
Una hipótesis natural sería pensar que la compañía reduce la tensión y que eso mejora la respuesta orgánica. Sin embargo, los investigadores midieron la actividad electrodérmica, un indicador de la activación del sistema nervioso simpático, y no encontraron diferencias significativas entre estar solo o acompañado. El efecto sobre la glucosa se mantenía incluso después de ajustar estadísticamente los niveles de estrés. El contacto físico tampoco resultó determinante por sí mismo: aunque se relacionó con una mejor recuperación de la temperatura, no explicaba los cambios observados en azúcar ni en respuesta al estrés.
Recuperación térmica más veloz
Para verificar si el fenómeno se replicaba en otros procesos, 116 personas permanecieron cinco minutos en una habitación a 12 grados Celsius y luego pasaron otros quince minutos en un ambiente a 25 grados. Durante todo el proceso se registró la temperatura de la piel. Quienes estaban acompañados por su pareja experimentaron una caída de temperatura menos abrupta y recuperaron el calor corporal más rápidamente: la diferencia fue del 6,76% al comparar a cada persona consigo misma y del 16,17% entre grupos independientes.
En una tercera prueba, 115 adultos recibieron pequeñas descargas eléctricas mientras se monitorizaba su reacción fisiológica. La activación del sistema nervioso simpático fue aproximadamente un 6% menor cuando la persona estaba en compañía de su pareja.
Hipótesis en desarrollo
Los autores del estudio barajan varias explicaciones. Una de ellas, puramente física, señala que dos cuerpos próximos intercambian calor y pueden influirse mediante el tacto. Otra se apoya en la Teoría de la Línea Base Social, que postula que el cerebro humano viene preparado para afrontar ciertas situaciones contando con la presencia de otros individuos. Además, podría intervenir la capacidad del cerebro para anticipar las necesidades del organismo a partir de la información social que recibe del entorno.
No obstante, las respuestas no fueron uniformes en todos los participantes. Aunque la mayoría mostró una reacción fisiológica favorable a la compañía, un grupo presentó una activación mayor cuando estaba acompañado. El estudio tampoco demuestra que estos cambios puntuales se traduzcan en una mejor salud a largo plazo, ni si se mantienen con el tiempo o se replican en otros tipos de vínculos afectivos. Por ahora, los resultados indican que la presencia de alguien cercano puede modificar, en cuestión de minutos, la forma en que el cuerpo responde a la comida, al frío y al estrés.
Fuente: Infobae