Estados Unidos ha puesto en marcha un nuevo comando militar especializado en drones, robótica e inteligencia artificial, con el objetivo de acelerar la adopción de sistemas autónomos en sus Fuerzas Armadas y transformar su estructura de combate ante los avances tecnológicos.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, oficializó la creación de una unidad de cuatro estrellas que se encargará de impulsar el desarrollo, la adquisición y el despliegue de plataformas no tripuladas. Este nuevo esquema incluye además un grupo de estudio para analizar cómo serán los conflictos del futuro.
La medida implica un giro significativo dentro del Pentágono: las tecnologías autónomas dejan de ser iniciativas dispersas entre las distintas ramas militares y ahora cuentan con una estructura centralizada que promueve su avance y aplicación.
Este proyecto también se enmarca en la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China. Para Washington, los progresos en inteligencia artificial, robótica y sistemas no tripulados podrían determinar el equilibrio militar en escenarios de conflicto futuros.
De los drones de ataque a los sistemas autónomos
El anuncio llega después de varios conflictos que han redefinido el uso de los drones en el campo de batalla. La guerra en Ucrania evidenció la necesidad de contar con grandes volúmenes de sistemas económicos para tareas de reconocimiento, vigilancia y ataque.
Para el analista internacional Fabián Calle, Estados Unidos fue pionero en el empleo militar de drones, pero se quedó rezagado en la producción masiva de plataformas de bajo costo.
Durante las guerras de Afganistán e Irak, Washington utilizó drones principalmente para vigilancia y ataques selectivos. El modelo actual apunta a combinar plataformas sofisticadas con dispositivos más baratos que puedan fabricarse en grandes cantidades y operar de forma coordinada.
La experiencia ucraniana aceleró esta transformación. El uso intensivo de drones permitió ampliar las capacidades de vigilancia y ataque sin exponer directamente a los soldados. Calle señaló que Estados Unidos busca aprovechar esas lecciones impulsando a empresas de defensa capaces de desarrollar y fabricar rápidamente estos sistemas.

A esto se suma la inteligencia artificial, que incrementa el nivel de autonomía de las plataformas. Un dron puede procesar información, identificar patrones y cumplir funciones específicas sin depender constantemente de un operador humano.
Esto también modifica la guerra electrónica. Un sistema que necesita mantener un enlace permanente con su controlador puede ser vulnerable a interferencias; una plataforma con mayor autonomía puede seguir ejecutando tareas incluso si pierde la comunicación.
Este avance plantea uno de los interrogantes más relevantes: ¿hasta dónde llegará la intervención humana en las decisiones de los sistemas autónomos? Según Calle, en la mayoría de las aplicaciones actuales la decisión final sigue bajo control humano, aunque la tecnología permite delegar progresivamente más funciones en las máquinas.
Enjambres de drones y guerra en múltiples dominios
Uno de los desarrollos más representativos de esta transformación son los enjambres de drones que operan junto a aviones de combate tripulados. Estados Unidos trabaja en sistemas donde aeronaves como los F-16, F-15 o F-35 pueden estar acompañadas por plataformas no tripuladas para reconocimiento, protección y ataque.

“El principal programa que tiene hoy Estados Unidos de drones, muy avanzado, es aviones tripulados de ataque que vuelan apoyados por enjambres de drones”, explicó Calle.
La idea es que el avión tripulado mantenga el control de la misión mientras los drones asumen las tareas de mayor riesgo. De esta forma, una fuerza reducida de aeronaves puede ampliar sus capacidades con un número mayor de sistemas autónomos.
El concepto también se extiende a otros terrenos. Vehículos terrestres no tripulados y drones navales ya se emplean para reconocimiento, vigilancia y ataque, dentro de una tendencia que busca incorporar robótica en todos los escenarios de combate.
“La guerra robótica no es solo la aérea, cada vez va a ser más terrestre y más marítima”, señaló Calle.
La incorporación de estas tecnologías no implica reemplazar a las fuerzas convencionales. El objetivo es combinar aviones, soldados y artillería con plataformas autónomas capaces de asumir funciones específicas, ampliar el alcance de las operaciones y reducir la exposición humana.
El rol de Elon Musk en el nuevo esquema militar
Junto con la creación del nuevo comando, Hegseth anunció un grupo de estudio sobre el futuro de la guerra en el que participarán Elon Musk, Palmer Luckey y Newt Gingrich.

La participación de Musk estará vinculada a ese grupo y no a la dirección del nuevo comando. Su inclusión responde a su experiencia en tecnologías aeroespaciales, comunicaciones y sistemas autónomos.
Musk es fundador de SpaceX, empresa que ha desarrollado sistemas de lanzamiento y satélites para comunicaciones; de xAI, dedicada a la inteligencia artificial; y de Tesla, que trabaja en conducción autónoma y robótica.
El grupo impulsado por Hegseth analizará las transformaciones tecnológicas que podrían alterar los conflictos y aportará una visión de largo plazo sobre las capacidades que necesitarán las Fuerzas Armadas.
La presencia de Musk introduce un componente tecnológico y empresarial en el debate sobre la guerra futura, mientras que el nuevo comando tendrá una función esencialmente operativa: acelerar el desarrollo y la incorporación de sistemas autónomos dentro de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

La apuesta del Pentágono combina dos procesos paralelos: por un lado, la creación de una estructura militar específica para desplegar drones y sistemas robóticos; por otro, el análisis de las tecnologías que podrían definir los próximos conflictos.
La transformación abarca el aire, la tierra y el mar, y busca una integración cada vez mayor entre fuerzas humanas, inteligencia artificial y plataformas autónomas. Para Estados Unidos, el desafío será convertir esos desarrollos tecnológicos en capacidades militares desplegables a gran escala.
Fuente: Infobae