Informe Copernicus: 40% de la población mundial expuesta a ozono nocivo

El calor extremo y las emisiones contaminantes provocaron que casi el 40% de los habitantes del planeta estuviera expuesto a concentraciones perjudiciales de ozono troposférico durante los primeros ocho meses de 2026, de acuerdo con el informe Atmosphere Watch del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS).

El análisis coloca a Asia como la zona más golpeada y destaca el efecto combinado de las olas de calor, los incendios forestales y la polución industrial en la formación de este contaminante.

El ozono se encuentra en distintas capas de la atmósfera. Por encima de los 10 kilómetros de altitud, en la estratósfera, forma la llamada capa de ozono, que protege al bloquear parte de la radiación ultravioleta del Sol. Sin embargo, el ozono troposférico, el que está cerca de la superficie donde las personas respiran, se comporta como un contaminante: irrita las vías respiratorias y perjudica cultivos y ecosistemas.

Eduardo Piacentini, licenciado en Ciencias de la Atmósfera y exdirector del Departamento de Cambio Global del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), señaló:

“El ozono troposférico se produce fundamentalmente por la contaminación atmosférica. Han aumentado las emanaciones y eso está muy claro en este informe de Copernicus”.

Asia registró la mayor exposición global al contaminante, mientras que solo el 5 % de la población mundial respiró aire con niveles de ozono considerados buenos.

Andrea Pineda Rojas, doctora en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos e investigadora del CONICET en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, CONICET-UBA), explicó que el ozono es un contaminante secundario: no se libera directamente, sino que se forma en la atmósfera mediante reacciones químicas. Agregó que, además de dañar la salud, actúa como gas de efecto invernadero.

Es decir, no surge de una emisión directa: se genera cuando gases como óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles —provenientes del transporte, la industria, los disolventes, la vegetación y los incendios— reaccionan bajo la luz solar. Las temperaturas elevadas aceleran ese proceso.

La evaluación, realizada por el CAMS y gestionada por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, ofrece un panorama global de la atmósfera en 2026. Para ello, combinó millones de observaciones de satélites, estaciones terrestres, aeronaves y otras fuentes con un sistema mundial de pronóstico de la polución. El estudio también examinó el desplazamiento transfronterizo de humo, polvo desértico y otros contaminantes.

Asia concentró la mayor exposición y solo el 5% del mundo tuvo aire con niveles buenos

El ozono troposférico actúa como un gas de efecto invernadero y el aumento de la temperatura acelera la reacción química que lo produce. (REUTERS/Abriansyah Liberto)

El informe estima que el 60% de la población de Asia estuvo expuesto a concentraciones extremadamente altas de ozono. La cifra asciende al 90% al sumar los niveles clasificados como deficientes y muy deficientes. Según el documento, las emisiones del transporte y la industria, junto con fuentes naturales de precursores, explican parte de esos registros.

La situación también afectó a otras regiones del hemisferio norte. En Europa, el 50% de los habitantes estuvo expuesto a niveles deficientes, muy deficientes o extremadamente deficientes. En América del Norte, más de dos tercios de la población registraron una exposición considerada mala, muy mala o extremadamente mala.

A escala mundial, apenas el 5% de la población estuvo expuesta a niveles de ozono considerados buenos, dentro de las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El organismo subrayó que este contaminante perjudica la salud, los ecosistemas y el rendimiento de los cultivos.

El capítulo sobre salud de Atmosphere Watch añade que

“la evidencia científica sobre los efectos de la exposición a partículas finas y al ozono en la salud pública aumenta cada día”.

El informe vincula la contaminación del aire con efectos respiratorios y cardiovasculares, entre otros daños.

Laurence Rouil, directora del CAMS, indicó:

“La contaminación por ozono es un claro recordatorio de lo interconectados que están realmente nuestra atmósfera, nuestro clima, nuestra salud y nuestros medios de vida”.

En esa línea, sostuvo que la composición química del aire también condiciona la salud de los ecosistemas y la capacidad de producir alimentos.

Mapas de seis continentes detallan la variación estacional de la exposición poblacional al ozono en superficie y sus niveles de concentración. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sudamérica registró los niveles de ozono más bajos entre las regiones analizadas

Sudamérica presentó un panorama distinto al de Asia, Europa y América del Norte. El 81% de la población del continente estuvo expuesto a niveles de ozono buenos o aceptables, según los datos ponderados por población del CAMS. Fue la región con los registros más bajos de contaminación por este compuesto; en África, el 56% de los habitantes se mantuvo por debajo de ese mismo umbral.

El documento no desliga esa situación regional del contexto global. El ozono puede desplazarse y formarse a partir de contaminantes emitidos lejos del sitio donde se mide, mientras que el humo de los incendios y el polvo transportado por el viento atraviesan fronteras y océanos. La Amazonía figura entre las zonas que podrían enfrentar condiciones más favorables para incendios si se consolida un episodio intenso de El Niño el próximo año.

Pineda Rojas señaló que el ozono no necesariamente alcanza sus mayores concentraciones dentro de las ciudades. A diferencia del dióxido de nitrógeno y del material particulado, puede registrar valores más altos fuera de las áreas urbanas. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), indicó, las observaciones y los modelos disponibles muestran niveles bajos de ozono debido a la elevada presencia de óxido nítrico, que reacciona con ese compuesto y forma dióxido de nitrógeno.

“En Buenos Aires tenemos serios problemas de NO2 y posiblemente de PM”, precisó la experta del CIMA-CONICET.

Piacentini sostuvo que una menor exposición regional no convierte al fenómeno en un problema ajeno.

“La contaminación y el envenenamiento, sobre todo por el ozono troposférico, no tienen fronteras. Todo lo que ocurre en un lado se traslada”,

advirtió. También vinculó la intensificación de los fenómenos atmosféricos con el calentamiento sostenido de la atmósfera y los océanos.

La mitad de la población de Europa estuvo expuesta a niveles de ozono a nivel del suelo pobres o peores hasta ahora en 2026, ya que sucesivas olas de calor estivales elevaron las concentraciones

El especialista recordó que hacia fines de la década de 1990 funcionó una red de observación en varias ciudades argentinas.

“Hemos trabajado en una red en la que se instaló un equipo en Córdoba, otro en Mendoza, otro en Rosario, otro en Buenos Aires, en la zona de San Miguel, en Comodoro Rivadavia y en otros puntos”,

relató.

Florian Pappenberger, director general del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, afirmó:

“El humo de los incendios forestales, el ozono y el polvo pueden recorrer miles de kilómetros, y afecta a comunidades muy alejadas de su origen”.

Añadió que la relación entre cambio climático, calidad del aire y salud pública requiere una respuesta coordinada.

Incendios y polvo llevaron la contaminación más allá de sus focos de origen

El informe identifica los incendios forestales como otro factor que agravó la calidad del aire en 2026. La actividad en Canadá y el oeste de Estados Unidos aumentó con rapidez en junio. Grandes columnas de humo procedentes de los Territorios del Noroeste y Ontario recorrieron el norte de América del Norte rumbo al Atlántico, lo que motivó alertas sanitarias en ciudades como Nueva York y Nueva Jersey.

Parte de ese humo llegó incluso al océano Ártico, Groenlandia y sectores de Europa, donde contribuyó a elevar las concentraciones de partículas finas PM2,5. En el sudeste asiático, los incendios estacionales provocaron neblina transfronteriza en países como Tailandia y Laos, mientras que Indonesia registró focos tempranos en Borneo y Kalimantan.

El polvo del Sáhara también cruzó grandes distancias durante el año: alcanzó Cabo Verde, las Islas Canarias y el Caribe tras atravesar el Atlántico. “Estos fenómenos demuestran por qué la calidad del aire no puede entenderse únicamente a través de las emisiones locales”, concluyó el CAMS.

El ozono, además, actúa como gas de efecto invernadero. El informe advierte que ese vínculo puede reforzar un círculo de retroalimentación: temperaturas más altas favorecen su formación y las actividades humanas, junto con los incendios, aportan los compuestos que intervienen en la reacción química.

Fuente: Infobae

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