Agentes federales se alineaban frente al edificio Lyceum, en el corazón de la Universidad de Mississippi, mientras una multitud los rodeaba. Gritos, insultos y objetos lanzados contra los uniformados anunciaban que la tensión estaba a punto de estallar. El hombre que esa turba pretendía atacar era James Meredith, un joven afroamericano que llegó al campus escoltado por esos mismos agentes: deseaba inscribirse para comenzar al día siguiente la carrera de Ciencias Políticas.
Corría la noche del 30 de septiembre de 1962. Meredith había pasado 16 meses peleando en los tribunales para obtener el derecho a estudiar en una universidad pública que hasta entonces solo aceptaba blancos. La Justicia federal le dio la razón, pero el gobernador de Mississippi, Ross Barnett, se negaba a cumplir la orden. Para asegurar que pudiera matricularse, el gobierno de John F. Kennedy envió agentes federales a protegerlo.
Lo que ocurrió después convirtió a la Universidad de Mississippi en el escenario de uno de los episodios más violentos de la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos. La multitud atacó a los agentes con piedras, botellas y otros objetos. Hubo gases lacrimógenos y disparos. Dos personas murieron y más de 300 resultaron heridas antes de que las fuerzas federales recuperaran el control del campus. A la mañana siguiente, Meredith se convirtió en el primer estudiante afroamericano en inscribirse en la universidad.

Una universidad que no quería admitirlo
James Howard Meredith nació el 25 de junio de 1933 en Kosciusko, Mississippi. Tras terminar la escuela secundaria, ingresó a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, donde sirvió entre 1951 y 1960. Al salir, continuó sus estudios en Jackson State College, una universidad para estudiantes afroamericanos.
En 1961 decidió proseguir sus estudios y solicitó el ingreso a la Universidad de Mississippi, una institución pública que mantenía la segregación racial y nunca había admitido a un estudiante negro. Inspirado por el discurso inaugural de John F. Kennedy al asumir su mandato, el 20 de enero de 1961, James presentó su solicitud diez días después. La universidad lo rechazó dos veces.
Con el respaldo del Fondo de Defensa Legal de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), Meredith llevó el conflicto a los tribunales. El proceso duró 16 meses y terminó con una decisión de la Justicia federal que le ordenó a la universidad admitirlo. La abogada Constance Baker Motley lideró la estrategia legal, mientras que Medgar Evers, uno de los principales referentes de la lucha contra la segregación en Mississippi, lo acompañó y protegió.
“Pagaría cualquier precio, sobrellevaría cualquier carga y enfrentaría cualquier dificultad con tal de asegurar la supervivencia y el éxito de la libertad”, dijo John F. Kennedy durante su célebre Discurso Inaugural. Esa, entre otras frases, alentaron al joven Meredith

La decisión judicial no terminó con el conflicto. Ross Barnett, gobernador de Mississippi y defensor de la segregación racial, dijo que no permitiría que Meredith ingresara a la universidad. Las autoridades estatales intentaron encontrar distintas formas de impedir su inscripción, incluso después de que los tribunales ordenaran que dejaran de hacerlo.
El enfrentamiento dejó de ser entonces solamente una disputa por el ingreso de un estudiante. El gobierno federal tenía que hacer cumplir una decisión judicial frente a un gobernador que se negaba a obedecerla. Robert Kennedy, fiscal general de Estados Unidos, comenzó a negociar con Barnett para encontrar una salida que permitiera la inscripción del joven y que eso no significara una confrontación mayor.
Pero Meredith estaba decidido a entrar al campus. No buscaba convertirse en un símbolo de nada ni presentarse como un héroe. Quería estudiar en la universidad pública de su estado y ejercer un derecho que la Justicia ya le había reconocido. La resistencia a ese ingreso estaba a punto de llevar el conflicto hasta las puertas de Ole Miss, como le dicen a la Universidad de Mississippi.

La llegada al campus
El domingo 30 de septiembre, el gobierno federal decidió permitir el ingreso de Meredith. Poco antes de las 19:00, agentes federales lo llevaron en secreto hasta la universidad y lo instalaron en un dormitorio bajo custodia. La operación buscaba evitar una concentración en torno a su llegada.
Pero afuera, la tensión ya había comenzado a crecer. Unos 400 agentes federales se desplegaron alrededor del edificio Lyceum, donde el joven debía completar su inscripción al día siguiente. La noticia de que el operativo federal ya estaba en marcha y de que Meredith se registraría a la mañana siguiente corrió como reguero de pólvora. En minutos, una multitud empezó a reunirse frente al edificio.
Entre los manifestantes había estudiantes, pero también extremistas llegados a Oxford expresamente para impedir la inscripción. Los gritos y los insultos contra los agentes fueron aumentando a medida que avanzaban las horas. Blindando el Lyceum, la turba buscaba bloquear el trámite del lunes, sin sospechar que Meredith ya descansaba escondido bajo estricta custodia en el pabellón de dormitorios Baxter Hall, en el otro extremo del campus universitario.
La situación cambió cuando la Policía Estatal se retiró momentáneamente. La multitud avanzó hacia los agentes y comenzó a arrojarles piedras, botellas y otros objetos. En un momento, uno de los manifestantes lanzó un caño que golpeó el casco de un agente federal.
Los agentes respondieron con gases lacrimógenos. La concentración ya se había convertido en un enfrentamiento y la violencia comenzó a extenderse por el campus.
Mientras tanto, Meredith seguía protegido dentro de la universidad, a unos 400 metros de donde se desarrollaba el caos. La noche que dejó saldos lamentables.

La noche de los disturbios
Con la violencia ya desatada, los enfrentamientos se extendieron por distintos puntos del campus. Hubo disparos, vehículos incendiados y corridas mientras los agentes intentaban mantener sus posiciones. La situación se volvió cada vez más difícil de controlar.
Entre quienes habían llegado a Oxford para registrar el conflicto estaba Paul Guihard, un periodista francés de 30 años que trabajaba para la agencia Agence France-Presse (AFP). Estaba allí cubriendo el ingreso de Meredith a la universidad junto con el fotógrafo Sam Schulman.
Alrededor de las nueve de la noche, Guihard fue encontrado herido cerca del pabellón de dormitorios femeninos Ward Hall. Recibió un disparo a quemarropa en la espalda. Aunque fue trasladado de urgencia, ingresó fallecido al hospital de Oxford. La investigación original del FBI nunca logró determinar quién disparó. Décadas más tarde, el caso fue reabierto bajo la Ley Emmett Till, pero el expediente se cerró definitivamente en 2011 sin poder identificar al asesino debido a la pérdida de evidencias físicas con los años.

La otra víctima fue Ray Gunter, un joven mecánico de Oxford que había llegado hasta el campus solamente para ver qué pasaba. Murió tras recibir un disparo en la cabeza durante los enfrentamientos. Para entonces, decenas de personas habían resultado heridas y los agentes federales ya no podían contener la situación.
El Gobierno de Kennedy decidió enviar tropas militares para recuperar el control del campus. La Guardia Nacional de Mississippi quedó bajo control federal y, durante la madrugada, llegaron también miles de efectivos del Ejército regular. Soldados fuertemente armados avanzaron por la universidad mientras continuaban los enfrentamientos, logrando desplazar y dispersar a los manifestantes de las zonas ocupadas.
Después de varias horas de violencia, las fuerzas federales recuperaron el control total del campus. Dos personas habían muerto y más de 300 habían resultado heridas. También hubo cientos de detenidos. Meredith, que había permanecido protegido y aislado dentro de la universidad durante los disturbios, seguía esperando el amanecer para poder hacer aquello que había provocado todo el conflicto: inscribirse para cursar Ciencias Políticas.

El día después
Al amanecer del 1 de octubre, el campus estaba bajo un estricto control federal. Meredith salió del dormitorio donde había pasado la noche y se dirigió al edificio Lyceum —el corazón administrativo del campus donde se encontraba la oficina de admisiones— custodiado por los agentes. Allí completó su inscripción y se convirtió formalmente en el primer estudiante afroamericano en ingresar a la Universidad de Mississippi.
La escena contrastaba con la violencia de apenas unas horas antes. El flamante universitario caminaba por el campus rodeado de agentes, mientras las tropas federales aún estaban desplegadas para garantizar su seguridad. Su ingreso significó, además, un hito histórico: haber obligado al gobierno federal a intervenir con el uso de la fuerza militar para hacer cumplir una decisión judicial y poner fin a la segregación racial en la educación pública del Sur.
Pero entrar no significó que la hostilidad terminara. Durante los semestres que pasó en Ole Miss, Meredith sufrió un profundo aislamiento social y el hostigamiento constante de sus compañeros. Nada lo hizo bajar los brazos y persistió en las aulas. El 18 de agosto de 1963, se graduó como Licenciado en Ciencias Políticas.

Cuatro años después de aquella noche, Meredith volvió a ponerse en acción contra el racismo. El 26 de junio de 1966 inició la histórica Marcha contra el Miedo, un recorrido de más de 350 kilómetros desde Memphis hasta Jackson para promover el registro de votantes afroamericanos y denunciar la violencia racial. Al segundo día de caminata, un supremacista blanco le disparó con una escopeta y lo dejó herido en el camino.
Meredith sobrevivió al atentado y logró reincorporarse a la movilización antes de su llegada a Jackson. Miles de personas se sumaron durante el recorrido y, al ingresar a la capital de Mississippi, la manifestación reunió a unas 15.000 personas. Gracias a este esfuerzo, más de 4.000 afroamericanos se registraron para votar durante el trayecto.
A sus 93 años, Meredith sigue siendo recordado por haber desafiado la segregación en Ole Miss y por haber obligado al gobierno federal a hacer cumplir sus derechos. Él mismo rechazó durante años la idea de ser un héroe: decía que no había hecho más que reclamar los derechos que le correspondían como ciudadano estadounidense. Pero aquella noche del 30 de septiembre de 1962, su determinación terminó convirtiéndose en uno de los episodios decisivos de la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos.
Fuente: Infobae