El concepto de herencia ha evolucionado drásticamente en una generación. Las dinámicas familiares se han transformado, el patrimonio se ha diversificado y, junto a inmuebles, cuentas bancarias o negocios, emergen activos novedosos que exigen un lugar en la distribución sucesoria. Segundas uniones, familias ensambladas, descendientes de varios vínculos, criptomonedas, inversiones en el entorno digital y perfiles en línea configuran una realidad que obliga a replantear la planificación hereditaria.
Este es el mensaje central que el abogado y escritor Abel Marín desarrolla en su obra Protege tu herencia. El libro, lanzado inicialmente en 2021, ha sido revisado y expandido con capítulos adicionales, ejemplos prácticos y una puesta al día fiscal para responder a los cambios recientes.
“Protege tu herencia no es un manual de derecho. Es un libro de divulgación sobre una cuestión muy importante que nos afecta a todos y que causa muchos conflictos familiares y mucho dolor”, afirma Marín.
Con más de dos décadas de experiencia profesional y tras acompañar a más de mil familias en procesos hereditarios, el jurista sostiene que muchos conflictos que surgen con una herencia no son inéditos, pero se manifiestan ahora en contextos familiares y patrimoniales distintos. La falta de planificación, insiste, sigue siendo el principal combustible de las disputas entre herederos.
Estructuras familiares en transformación
Uno de los elementos que más está alterando el derecho sucesorio es la evolución de los modelos familiares. La aparición de segundas parejas, hogares reconstituidos e hijos de distintas uniones introduce escenarios que pueden entorpecer el reparto de bienes si no existe una previsión previa.
Estas nuevas configuraciones, según Marín, pueden multiplicar las variables que deben considerarse antes del fallecimiento. La coexistencia de distintas ramas familiares, nuevas parejas o descendientes de relaciones anteriores puede generar que las expectativas sobre ciertos patrimonios no coincidan. A esto se agrega la aparición de patrimonios más intrincados, donde una vivienda puede combinarse con participaciones empresariales, inversiones financieras o bienes digitales.
El desafío, explica el abogado, no se limita a determinar quién recibe qué, sino a lo que ocurre cuando los herederos tienen intereses divergentes sobre los bienes. La casa familiar, una propiedad en el pueblo o un inmueble de uso generacional pueden tener un valor económico concreto, pero también un peso afectivo considerable. “Hay inmuebles que tienen una capa emocional muy importante. Ahí empiezan muchas de las tensiones familiares”, puntualiza Abel Marín.
El patrimonio digital irrumpe en las sucesiones
A la mutación de las familias se suma otra transformación: la del patrimonio digital. Las criptomonedas, las cuentas en plataformas de inversión, los activos financieros contratados en línea, los correos electrónicos o ciertos servicios digitales pueden integrar el patrimonio de una persona sin que sus allegados sepan de su existencia o cómo acceder a ellos.
Marín advierte que una parte de ese patrimonio puede quedar fuera del alcance de los herederos si no hay información suficiente para localizarlo. “En los criptoactivos existe mucho capital perdido para siempre”, asevera.
La dificultad no radica solo en el valor económico de esos activos. También hay un problema de acceso y de conocimiento. Contraseñas, claves de recuperación, plataformas internacionales o cuentas virtuales pueden convertirse en barreras para una familia que intenta reconstruir el patrimonio de un fallecido.
Por ello, Marín sostiene que la planificación sucesoria comienza a demandar algo más que un testamento clásico: también requiere identificar qué activos digitales existen y cómo pueden ser localizados.
Viviendas y empresas, epicentros de disputas
Los inmuebles siguen siendo uno de los principales focos de tensión entre herederos. Las diferencias sobre el valor de una propiedad o quién debe quedarse con ella pueden estancar por años el reparto hereditario. “Lo que yo me quiero quedar lo valoro más barato y lo que se quieren adjudicar los demás lo valoro más caro. Eso sucede constantemente”, señala Marín.
La situación se agrava cuando la herencia incluye una empresa familiar. En esos casos, la distribución no solo afecta el caudal hereditario, sino también la continuidad del negocio y los puestos de trabajo. “Muchas veces el objetivo del testador es que la empresa no cierre, que no despida trabajadores y que la familia no se rompa. Sin embargo, eso no siempre ocurre cuando llega la sucesión”, explica el abogado.
Frente a esto, la planificación previa de la herencia es una herramienta clave para reducir el riesgo de que una discrepancia entre familiares termine en un litigio judicial. “Puede que una solución no guste a todos, pero es mejor eso que pasar cinco años discutiendo en los tribunales”, defiende Marín.

Donaciones, impuestos y residencia fiscal
La metamorfosis de las herencias también tiene un componente fiscal. La edición actualizada del libro revisa aspectos como el impuesto de sucesiones, las donaciones en vida, la tributación de los inmuebles y las repercusiones fiscales vinculadas al cambio de domicilio. Son decisiones que, según Marín, deben analizarse previamente porque una operación aparentemente simple puede acarrear una factura tributaria elevada.
“Hay personas que creen que una donación prácticamente no tiene coste y descubren después que deben afrontar decenas de miles de euros en impuestos. Siempre hay que hacer números antes de tomar una decisión”, alerta el autor.
En cuanto a la residencia fiscal, Marín también advierte sobre la diferencia entre mudarse realmente a otro lugar y hacerlo solo sobre el papel: “Cambiar realmente de residencia es legal. Simularlo es un fraude de ley”. Por tanto, la planificación patrimonial no puede desligarse de las consecuencias fiscales de cada acción.
Otro mensaje del libro es que una herencia no debe concebirse como un documento inmutable. Las circunstancias familiares, el patrimonio y las relaciones personales pueden variar con el tiempo. Por ello, “en la vida hay que hacer tantos testamentos como cambios importantes se produzcan”, indica el autor.
En este contexto, Abel Marín recomienda “hablar de herencias” en la familia, ya que “sigue siendo un tema tabú en nuestra cultura”. Reconoce que “muchas veces preguntas a tus padres si tienen hecho testamento y la reacción es pensar que ya estás esperando a que falten. Y eso es un error”.
Fuente: Infobae