Mafalda, 62 años: la irreverente niña que nació de una campaña fallida

Mafalda hizo su primera aparición impresa el 29 de septiembre de 1964, en las páginas 22 y 64 de la revista Primera Plana. En aquella tira inicial, la pequeña cuestionaba a su padre sobre si era o no un buen papá.

“¿Vos sos un buen papá?”, preguntaba Mafalda. Ante la respuesta indecisa de su progenitor, ella remataba: “¡Lo suponía!”.

Esa breve historieta, casi anecdótica, fue el punto de partida de un personaje que más tarde se publicaría en decenas de idiomas. Detrás de esas dos viñetas hubo un recorrido de casi dos años, una campaña publicitaria que nunca se concretó y un dibujante mendocino que inicialmente no había pensado en una niña como protagonista.

Mafalda y Susanita. La historieta incorporó a los personajes de Felipe, Manolito y Susanita durante su etapa en el diario El Mundo

Quien impulsó su continuidad fue el periodista Julián Delgado, amigo del creador Quino y vinculado a Primera Plana. Delgado consultó al dibujante si tenía viñetas disponibles para publicar en el semanario. Quino le mostró los bocetos guardados y acordaron dos tiras por semana.

¿Por qué se considera el 29 de septiembre de 1964 el nacimiento de Mafalda? Porque ese día se publicó, por primera vez de manera continua, la tira que Quino venía desarrollando tras un proceso de dos años sin rumbo fijo. Desde entonces, esa fecha quedó establecida como el cumpleaños oficial del personaje.

En aquellos primeros cuadros solo aparecían la niña y sus padres. El resto de la banda, tan identificada hoy con Mafalda, aún no existía.

El origen de todo fue publicitario. En 1962, Agens Publicidad encargó a Quino una tira que promocionara, de manera velada, una marca de electrodomésticos llamada Mansfield.

Mafalda y su creador: Joaquín Salvador Lavado. El dibujante adoptó el seudónimo Quino y publicó su primera historieta en la revista Esto Es en 1951

Detrás de Mansfield estaba Siam Di Tella, fabricante de las heladeras que habían llegado a muchos hogares argentinos. La condición de la agencia era simple: los personajes debían tener nombres que empezaran con M y los electrodomésticos debían aparecer en las viñetas.

Quino creó una familia tipo: matrimonio y dos hijos. La niña ya tenía rasgos similares a los que luego serían famosos, aunque sus piernas eran más largas y delgadas que las de la Mafalda que varias generaciones han conocido.

El nombre lo tomó de una bebé que aparecía en la novela Dar la cara, del escritor David Viñas, llevada al cine ese mismo año. La campaña nunca se emitió: los medios pedían una comisión que la agencia no aceptó pagar, y el proyecto se canceló.

Quino guardó los bocetos en un cajón. Antes de resurgir en Primera Plana, la tira había sido rechazada por el diario Clarín y tuvo una breve aparición de solo tres entregas en el suplemento humorístico de la revista Leoplán.

Quino, autor de Mafalda recibió, entre otras distinciones, el premio Príncipe de Asturias y falleció el 30 de septiembre de 2020

Años después, cuando Mafalda ya circulaba por Europa, el escritor Umberto Eco impulsó su edición en Italia y sugirió el título con el que se conoció allí: Mafalda, la contestataria. Para entonces, el padre de la tira ya tenía auto propio: Fiat le propuso a Quino que fuera un Fiat 600, pero el dibujante eligió un Citroën 2CV, otro modelo típico de la clase media argentina de la época.

Joaquín Salvador Lavado Tejón nació en Mendoza en 1932, en una familia de inmigrantes andaluces. Eligió el nombre artístico de Quino (Joaquino) en homenaje a un tío que le transmitió la pasión por el dibujo.

Estudió Bellas Artes, pero a los 17 años se decantó por la historieta y el humor gráfico. Se instaló en Buenos Aires y en 1951, con 19 años, publicó su primera historieta en la revista Esto Es.

Su sobrino, el flautista y profesor Guillermo Lavado, señaló que Quino era una “persona muy retraída, muy introvertida, pero que se daba mucho en el ámbito íntimo”. También contó que la familia había vivido una educación marcada por una sociedad machista, con excepciones dentro de la intimidad de cada hogar.

Las autoridades detuvieron en 1977 a Daniel Divinsky, responsable del sello Ediciones de la Flor que publicaba Mafalda (EFE)

Lavado dijo que su tío estuvo en París en mayo de 1968, un viaje que le causó un fuerte impacto y lo nutrió de otros artistas, especialmente del cine.

La relación con Primera Plana duró poco. El 9 de marzo de 1965, Quino dejó la revista por diferencias de criterio con la editorial. Apenas seis días después, el 15 de marzo, Mafalda reapareció en el diario El Mundo, de la Editorial Haynes.

Allí se completó la banda que hoy se identifica con el personaje. El 19 de enero de 1965 había debutado Felipe, inspirado en el periodista Jorge Timossi. El 29 de marzo llegó Manolito, hijo del almacenero del barrio, inspirado en un panadero español. El 6 de junio se sumó Susanita.

Para la Navidad de 1966, el editor Jorge Álvarez lanzó el primer álbum con las tiras de Mafalda. “Se agotó en dos días”. Ese mismo año, el 28 de junio, el derrocamiento del presidente Arturo Illia tuvo su eco en la historieta: al día siguiente, Mafalda apareció con la cara demudada y una sola pregunta, “Entonces, ¿eso que me enseñaron en la escuela?”.

Mafalda en idioma inglés. Un afiche de Mafalda figuró entre las evidencias del crimen de la parroquia de los curas palotinos en la parroquia San Patricio en 1976

El Mundo cerró sus puertas en diciembre de 1967. Mafalda quedó sin publicarse hasta el 2 de junio de 1968, cuando reapareció en el semanario Siete Días Ilustrado, con Guille, el hermano menor, ya incorporado a la historia. El último de los personajes, Libertad, debutó el 15 de febrero de 1970.

Cada integrante de la banda tenía un rasgo que lo distinguía. Miguelito, que llevaba una mata de pelo parecida a una lechuga, se especializaba en preguntas insólitas, como cuánto tardaba el tiempo en doblar las esquinas de un reloj cuadrado. Manolito, en cambio, media el mundo en clave comercial: ante la afirmación de que la Tierra era redonda, respondía “¡Redonda…! ¡Qué bruto!”.

Libertad, la más pequeña de todos, tenía un padre socialista y una madre que trabajaba como traductora de francés. Citaba a Jean-Paul Sartre con una lógica propia: “El último pollo que comimos lo escribió él”. Mafalda, por su parte, tenía como mascota una tortuga bautizada Burocracia y una teoría sobre música que resumía su estilo: cuando la acusaron de admirar a los Beatles sin entender sus letras, contestó que “hasta ahora nadie sabe qué quiere decir guau y todo el mundo quiere a los perros”.

Esa manera de descolocar con una frase corta quedó registrada en decenas de citas entre las más recordadas: “¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?”, “El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta” o “No ando despeinada sino que mis cabellos tienen libertad de expresión”.

Mafalda presente en la entrega de los premios Emmy en noviembre de 2024 (REUTERS)

La tira dejó de dibujarse el 25 de junio de 1973. Quino explicó que el personaje no podía dejar de referirse a lo que pasaba en el país, pero que hacerlo tenía un costo político. “Si la seguía dibujando, me pegaban cuatro tiros”, confesó tiempo después.

En los diarios del interior, la despedida llegó más tarde: la última tira en el diario Río Negro se publicó el 1 de diciembre de 1973, y en el diario Córdoba, el 3 de febrero de 1974, según la investigación de la historiadora Isabella Cosse.

El final de la tira no significó el fin de su circulación. Una de las viñetas, en la que Mafalda le explica a Guille que la porra de un policía es “el palito de abollar ideologías”, se convirtió en póster y se vendió por miles en los años de violencia previos al golpe de 1976.

El 4 de julio de ese año, tres sacerdotes palotinos y dos seminaristas laicos fueron asesinados en la parroquia de San Patricio, en el barrio de Belgrano en la ciudad de Buenos Aires. Fue uno de los tantos operativos llevados adelante por el aparato represivo de la dictadura que había comenzado a gobernar Argentina en marzo de aquel año. Los responsables dejaron ese mismo póster sobre uno de los cuerpos de los asesinados.

Mafalda en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El personaje surgió en 1962 a partir de un proyecto publicitario para la marca de electrodomésticos Mansfield

El expediente judicial, todavía abierto, conserva el afiche doblado en cuatro, ajado y rasgado. Rodolfo Capalozza, uno de los seminaristas que sobrevivió porque esa noche durmió en la casa de sus padres, contó que en la parroquia comentaban la tira sin ser fanáticos, y que a él mismo lo apodaban Miguelito en el colegio donde trabajaba.

Quino, que ya vivía en Milán, se enteró recién años después del uso que se le había dado a su viñeta aparecida sobre los cadáveres.

Mientras la tira ya no se dibujaba, los libros de Mafalda seguían vendiéndose. Los publicaba Ediciones de la Flor, fundada por los abogados Daniel Divinsky y Oscar Finkelberg, con la incorporación posterior de Ana María Miler, economista y pareja de Divinsky.

En febrero de 1977, el gobierno militar prohibió otro título de la misma editorial, un cuento infantil llamado Cinco dedos, por considerar que preparaba a la niñez para “el accionar subversivo”. Días después, Divinsky, Miler y la directora de la colección fueron detenidos y puestos a disposición del Poder Ejecutivo.

Mafalda inició su publicación continua el 29 de septiembre de 1964 en las páginas de la revista Primera Plana

Divinsky fue trasladado a la cárcel de Caseros. Mientras caminaba desnudo hacia la revisación médica, escuchó un murmullo entre los presos: “Ahí va el que hace Mafalda”. Un guardiacárcel se acercó después y le preguntó si, terminado el trámite, no le dibujaría una Mafaldita para sus hijos.

La editorial siguió funcionando durante la dictadura gracias a la fidelidad de Quino y del dibujante Roberto Fontanarrosa, y a Miler, que quedó a cargo de su funcionamiento mientras Divinsky permanecía en el exilio.

Quino, quien podría haber dibujado una Mafalda al guardiacárcel que vigilaba a Divinsky, ya no estaba en el país para entonces. Había partido hacia Milán, Italia en 1976 junto a su esposa, la doctora en química Alicia Colombo.

El sobrino del dibujante explicó que Quino “se salvó”, porque en ese período los servicios de seguridad recién estaban perfeccionando el aparato de secuestros, torturas y desapariciones que se consolidaría después. El autor de la memorable tira volvería a Argentina luego del retorno de la Democracia.

Ya de vuelta, Quino recibió distinciones como la Legión de Honor de la República Francesa y el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Murió el 30 de septiembre de 2020, un día después de cumplirse el aniversario de la primera publicación de su personaje más querido, conocido y recordado: Mafalda.

Fuente: Infobae

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