Cómo guiar a adolescentes frente a la comparación en redes

Las preguntas sobre quién se sentó junto a quién, quién fue incluido en un plan o quién provocó una carcajada podían perseguir a los adolescentes incluso después de salir de la escuela.

Para la especialista Becky Kennedy, esa atención constante hacia los demás dejaba poco margen para que cada joven escuchara su propia voz interior. En un episodio del canal Good Inside, planteó una estrategia para fortalecer la confianza sin basar el valor propio en comparaciones externas.

Las recomendaciones de Kennedy apuntaban a padres preocupados por el impacto de la comparación en redes sociales. Su punto de partida fue una definición clara: la confianza implica confiar en uno mismo, incluso frente a la duda, la frustración o la inseguridad.

Las redes sociales extendieron la comparación de los adolescentes a un número mayor de personas y sin pausas (YouTube/@goodinside)

La confianza empieza al aceptar la propia incertidumbre

Kennedy cuestionó la creencia de que una persona segura deba sentirse bien consigo misma todo el tiempo. “La confianza no es sentirse bien contigo mismo. La confianza es confiar en ti mismo”, afirmó.

Explicó que ese proceso implica prestar atención a los propios pensamientos y emociones, en vez de buscar una respuesta inmediata o la aprobación externa.

Para ilustrarlo, recordó una clase en la Universidad de Duke. Ella no lograba seguir la explicación, pero al ver al resto del grupo, asumió que era la única que no entendía.

Otra estudiante actuó de forma distinta y preguntó: “Perdón si todos los demás están entendiendo esto, pero no tengo idea de lo que ha estado diciendo durante los últimos minutos y parece importante. ¿Podría volver atrás y explicarlo?”.

Según Kennedy, esa intervención demostró que tener dudas no inhabilita a nadie ni lo vuelve menos capaz.

La confianza también implica reconocer dudas y actuar sin depender de la aprobación de los demás (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las redes sociales amplifican la comparación más allá del colegio

La conductora señaló que los adolescentes suelen observar a sus pares porque atraviesan preguntas sobre su identidad y su lugar dentro del grupo. Fijarse en quién recibe invitaciones, quién se sienta con quién o quién es el centro de atención forma parte de esa exploración.

El cambio, explicó, está en el entorno. Antes, ese enfoque se limitaba a personas conocidas y tenía pausas fuera del horario escolar. Con las redes sociales, la comparación puede dirigirse a una cantidad masiva de personas y continuar desde el teléfono.

“Las redes sociales tienen el mismo radar apuntado a millones, a un número interminable de personas para seguir”, afirmó en el episodio de Good Inside.

Para Kennedy, cuando ese foco permanece activo tantas horas, los adolescentes tienen menos oportunidades de indagar qué piensan, cómo procesan sus experiencias o qué prefieren realmente.

Keneddy aconsejó aceptar la incomodidad del adolescente en lugar de responder con una nueva comparación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Validar la incomodidad evita convertirla en competencia

Ante frases como “ella es mucho más linda que yo” o “él juega mucho mejor que yo”, Kennedy recomendó no responder con una comparación inversa.

Decirle al hijo que es más atractivo o mejor deportista puede mantener la conversación en la misma dinámica: definir quién está por encima de quién.

En su lugar, propuso reconocer el malestar sin negarlo ni intentar corregirlo al instante. Los adultos pueden responder: “Uf, conozco esa sensación” o “Yo también he tenido ese pensamiento”.

La idea, sostuvo, es que el adolescente pueda aceptar que otra persona tiene algo que él desea sin interpretar que eso reduce su valor propio. “Alguien más tiene algo que me gustaría tener. Es horrible. Duele. Aun así, estoy bien siendo yo”, resumió.

La especialista planteó acompañar los momentos de frustración sin retirar el obstáculo de forma directa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Preguntas sobre el proceso reemplazan al elogio automático

Kennedy aclaró que los elogios no dañan a los hijos, pero consideró que no deberían ser el único recurso para construir confianza. Frases como “eres muy inteligente” o “hiciste un gran trabajo” sitúan la valoración en la opinión del adulto, explicó.

Como alternativa, sugirió hacer preguntas que devuelvan el foco al adolescente y a sus decisiones personales: “¿Cómo se te ocurrió empezar el ensayo de esa manera?”, “¿Cómo pensaste ese dibujo?” o “¿De qué parte del partido te sientes más orgulloso?”.

De esta forma, los padres pueden ayudar a sus hijos a reconocer su propio esfuerzo, sus elecciones y los criterios que emplearon.

Acompañar sin resolverlo todo de inmediato

La última recomendación consistió en ofrecer cercanía durante una dificultad sin eliminar el obstáculo de inmediato. “No quites lo difícil. No tienes que resolverlo. Puedes quedarte cerca”, sostuvo Kennedy.

Según explicó, los momentos de frustración ayudan a los adolescentes a pensar cómo actuar y a comprobar que son capaces de atravesar situaciones complicadas.

Resolver los conflictos de los hijos le quita a los adolescentes la oportunidad de decidir cómo actuar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Como ejemplo, propuso una respuesta breve: “Tienes razón. Esto es muy difícil. Entiendo por qué quieres detenerte aquí. Pensemos qué hacer después. Apuesto a que tienes muy buenas ideas”.

Después, recomendó dejar espacio para que el adolescente pudiera expresarse. Kennedy advirtió que llamar de inmediato al entrenador, intervenir en una discusión entre amigos o escribir al docente podía quitarle la oportunidad de evaluar si necesitaba ayuda y decidir cómo quería actuar.

Al retomar el eje central del episodio, Kennedy propuso que los adultos ayudaran a sus hijos a desplazar la pregunta “¿cómo me comparo?” hacia otras como “¿quién soy?” y “¿qué pienso yo?”.

Fuente: Infobae

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