A pesar de que los médicos le pronosticaron apenas dos o tres años de existencia cuando era joven, Stephen Hawking vivió hasta los 76 años, transformó la comprensión del cosmos y se convirtió en una figura emblemática de la ciencia del siglo XX. No solo desafió las leyes físicas, sino también un diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que parecía inapelable. Su trayectoria entrelaza una enfermedad neurodegenerativa que le fue robando el movimiento, contribuciones fundamentales al estudio de los agujeros negros y una celebridad global poco común para un teórico de la física.
Una reseña difundida en la revista científica Nature ha sacado a la luz facetas desconocidas de su vida personal, su trayectoria académica y el progreso de sus investigaciones, más allá de la imagen simplificada que cimentó su fama internacional. El físico teórico Neil Turok, quien conoció a Hawking en 1996 y colaboró con él en la Universidad de Cambridge, resaltó una dedicatoria dirigida a
“cualquier persona que piense en rendirse ante la vida”
. Estos aspectos forman parte de Hawking: His Life and Work, la obra del biógrafo Graham Farmelo.
El ingreso a Cambridge sin un rumbo definido
Hawking entró a la Universidad de Oxford con reputación de alumno brillante pero despreocupado. Pasó sus años universitarios entre fiestas y prácticas de remo. Hacia el final de su segundo año, su interés se inclinó hacia la cosmología —el estudio del origen, la estructura y la evolución del universo— y asistió a una escuela de verano en el Real Observatorio de Greenwich, en Herstmonceux, Reino Unido. Con ese entusiasmo, decidió realizar su doctorado en Cambridge, donde esperaba trabajar con Fred Hoyle, un cosmólogo de renombre. Obtuvo un diploma de primera clase en Oxford y fue aceptado para colaborar con Dennis Sciama, un joven teórico que, según Turok, resultó ser un excelente director de tesis.

Al comenzar su doctorado, Hawking recibió el diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que afecta progresivamente las neuronas que controlan los músculos. Los doctores le pronosticaron entre dos y tres años de vida. Sin embargo, Hawking alcanzó los 76 años y mantuvo una carrera científica y pública de alcance global a pesar de la pérdida gradual de movilidad y de la voz. Fue en ese período cuando Farmelo identifica el punto de quiebre. El matemático Roger Penrose demostró que una estrella con suficiente masa colapsa inevitablemente y forma un agujero negro. Sciama invitó a Penrose a dar un seminario en Cambridge, y Hawking comprendió que los mismos métodos podían aplicarse al Big Bang, el instante en que el universo empezó a expandirse. Esa intuición dio forma a su tesis, Properties of Expanding Universes. Penrose, designado como evaluador externo, encontró un error en el último capítulo pero quedó tan impresionado que se convirtió en uno de sus principales impulsores.
La relatividad general como pilar de sus investigaciones
Hawking edificó su carrera sobre la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, que explica cómo la gravedad moldea el espacio y el tiempo. Es probablemente la teoría científica más elegante jamás formulada, pero también una de las más complejas de manejar matemáticamente. Hawking la dominó mediante intuiciones geométricas profundas. Décadas después, los esfuerzos del físico Kip Thorne y del experimentalista Rainer Weiss culminaron en la detección de ondas gravitacionales, perturbaciones en el tejido del espacio-tiempo producidas por eventos cataclísmicos como la fusión de agujeros negros. Esas observaciones confirmaron una predicción de Hawking: que la superficie total de dos agujeros negros crece cuando se fusionan.

El satélite Planck también aportó evidencias de que la relatividad general describe con precisión cómo las primeras estrellas y galaxias se condensaron bajo el efecto de la gravedad. Y las especulaciones de Hawking sobre el origen cuántico de las estructuras del universo primitivo podrían confirmarse en el futuro. Sin embargo, no todo fue certeza. Hawking abrazó teorías como la supergravedad y la teoría de supercuerdas, dos marcos teóricos que intentan unificar la relatividad general (la física que describe cómo la gravedad moldea el espacio y el tiempo a gran escala) con la mecánica cuántica, que rige el comportamiento de las partículas subatómicas. La supergravedad, en particular, propone que cada partícula conocida tiene una “supercompañera” aún no detectada, y que esa simetría profunda entre partículas podría ser la base de todas las leyes de la naturaleza. En su conferencia inaugural como profesor Lucasiano en Cambridge en 1980, Hawking afirmó que la supergravedad podría ser esa teoría definitiva. Esa conclusión fue prematura: la supergravedad nunca realizó una predicción verificable con éxito y hoy funciona, en palabras del propio Turok, como un
“modelo de juguete”
, útil para explorar ideas pero incapaz de describir el mundo real.
Más allá de la física: compromisos políticos y humanos
La biografía de Farmelo subestima la dimensión social de Hawking. En 2008, el físico visitó el Instituto Africano de Ciencias Matemáticas (AIMS) en Muizenberg, Sudáfrica, institución que Turok ayudó a fundar en 2003. Durante esa visita se reunió con el expresidente Nelson Mandela. En 1997, viajó a Vietnam y se convirtió en padrino de un huérfano vietnamita llamado Thu Nhàn, quien luego lo visitó en Cambridge.

En 1988, Hawking publicó A Brief History of Time (Breve historia del tiempo), un libro que generó un interés masivo en la cosmología y se convirtió en un éxito de ventas global. Años más tarde, cuando Turok le preguntó sobre la película The Theory of Everything de 2014 (que lo retrata con Eddie Redmayne en el papel protagónico), Hawking levantó las cejas para decir que sí le gustaba, pero escribió en su computadora que era
“pura ficción”
.
Entre todos sus trabajos, el que más orgullo le generó fue la llamada “propuesta sin frontera”, un modelo matemático que desarrolló junto al físico teórico James Hartle para intentar explicar cómo comenzó el universo. La idea parte de una pregunta que parece simple pero desafía los límites de la física: ¿qué había antes del Big Bang? Hawking y Hartle sugieren que esa pregunta carece de sentido, porque el tiempo mismo habría surgido con el universo. El modelo no está completo, pero sigue inspirando tanto a científicos como a personas fuera del mundo académico.
En 2014, en una entrevista con la BBC, advirtió que
“el desarrollo de una inteligencia artificial plena podría significar el fin de la raza humana”
. Una advertencia que pocos tomaron en serio entonces pero que hoy es una pregunta abierta. El contexto en ese entonces era otro: Hawking dependía de computadoras para hablar y comunicarse, lo que según Turok lo colocaba en una posición privilegiada para reflexionar sobre el papel que las máquinas podrían tener en el futuro. Hoy, esa pregunta ya no es marginal. Si los algoritmos de inteligencia artificial van a ayudar a la humanidad, distraerla o directamente reemplazarla en tareas centrales del pensamiento científico es algo que aún no tiene respuesta clara. Lo que sí afirma Turok es que para mantener el control sobre esas herramientas se necesita exactamente lo que Hawking personificó: foco y determinación.
Fuente: Infobae