Dientes fosilizados revelan cómo se repartían los alimentos los dinosaurios

Aunque los dinosaurios nunca dejaron un menú escrito, sus dientes conservan marcas que los científicos pueden descifrar. Una investigación reciente examinó esas huellas en animales que vivieron juntos hace aproximadamente 150 millones de años y descubrió que no todos se alimentaban de la misma manera. El hallazgo pone en duda una idea común sobre los grandes herbívoros: durante décadas se pensó que la altura de cada especie determinaba qué plantas consumía. Ahora, los nuevos datos indican que la diferencia también radicaba en las partes de las plantas que cada animal prefería, desde hojas y brotes hasta ramas y tejidos más duros.

Según un estudio publicado en 2025 por investigadores de la Universidad de Texas en Austin en la revista científica Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, las señales conservadas en la capa externa del esmalte dental permiten distinguir dietas distintas entre especies que compartían el mismo territorio. El trabajo analizó restos hallados en el oeste de Estados Unidos y propone que esa variedad de alimentos ayudó a que varias especies coexistieran sin competir directamente por cada recurso.

El valor de este descubrimiento radica en que transforma una pregunta general en una escena concreta. No basta con observar el tamaño de un dinosaurio o la forma de sus dientes. La alimentación también dependía de qué parte de una planta podía aprovechar mejor cada animal, una diferencia que modifica la reconstrucción de los paisajes antiguos.

Los dientes guardan rastros de la dieta de cada animal

Las señales químicas conservadas en el esmalte muestran que los herbívoros del Jurásico elegían hojas, brotes o ramas, mientras los carnívoros analizados también se especializaban en presas diferente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los dientes son una de las partes más resistentes del cuerpo y pueden perdurar millones de años. En su esmalte quedan huellas vinculadas con los alimentos que el animal ingería. Al comparar esas marcas con las de especies actuales, los investigadores pueden deducir qué clase de comida predominaba en su dieta.

El estudio examinó piezas dentales de varios animales que habitaron el mismo ecosistema durante el período Jurásico. Entre los herbívoros, los resultados mostraron diferencias claras: unos consumían con mayor frecuencia partes suaves de las plantas, como hojas y brotes; otros obtenían más alimento de partes leñosas, como ramas. La diferencia no se limitaba a la altura desde la que cada dinosaurio podía comer. El tipo de alimento, su textura y su valor nutritivo también marcaban una separación entre las especies. Esa conclusión ofrece una explicación más precisa sobre cómo grandes animales podían ocupar el mismo espacio.

Los resultados también abarcaron a los carnívoros. Las señales en sus dientes apuntan a dietas distintas dentro de ese grupo: un reptil de aspecto similar al cocodrilo habría consumido principalmente peces, mientras que otro, un bípedo de gran tamaño, se alimentaba de otros dinosaurios. Esa separación reduce la idea de que todos los depredadores de un mismo lugar perseguían las mismas presas.

La diversidad de alimentos permitió repartir el espacio

El estudio que cuestiona que la altura definiera por completo la dieta de los dinosaurio (Imagen Ilustrativa Infobae)

La convivencia entre especies grandes exige recursos suficientes y una forma de distribuirlos. Si cada animal buscaba una parte diferente de las plantas o perseguía presas distintas, la competencia directa podía ser menor. Esa dinámica es habitual en ecosistemas complejos y ayuda a explicar cómo territorios con recursos limitados sostienen una gran diversidad de especies.

La investigación sugiere que los herbívoros no se diferenciaban únicamente por el tamaño del cuerpo. Algunos preferían alimentos más tiernos, mientras otros aprovechaban estructuras más resistentes. Así, un mismo paisaje ofrecía opciones diversas para animales con necesidades y formas de alimentarse diferentes.

Esa idea también permite revisar imágenes simplificadas de los dinosaurios. Los animales de cuello largo no necesariamente comían lo mismo al alcanzar plantas elevadas, y los más pequeños no quedaban limitados a los recursos cercanos al suelo. La elección de los alimentos fue más variada de lo que indicaba una explicación basada solo en la altura.

El análisis de dientes no reconstruye una comida puntual ni resuelve cada detalle de la vida de un animal. Aporta, en cambio, una pista sobre hábitos sostenidos en el tiempo. Al reunir esos rastros, el estudio describe un escenario en el que la diversidad de dietas ayudó a ordenar la vida de varias especies en un mismo territorio.

Fuente: Infobae

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