Un grupo internacional de expertos ha logrado reconstruir digitalmente el rostro del humano más antiguo conocido hasta ahora, el homínido de Jebel Irhoud, en Marruecos, cuyos fósiles tienen una antigüedad de aproximadamente 315.000 años.
Para conseguirlo, el equipo empleó aproximación facial forense —una técnica que suele usarse para identificar personas a partir de cráneos— junto con software de modelado 3D, con el objetivo de obtener una representación visual de cómo pudo verse este individuo en vida. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica Heritage.
El cráneo reconstruido pertenece a los representantes más antiguos de Homo sapiens que se conocen
Los fósiles de Jebel Irhoud fueron descubiertos de manera fortuita en la década de 1960 durante labores de extracción minera en Marruecos. El primer cráneo hallado, denominado Irhoud 1, fue clasificado inicialmente como una variante africana de los neandertales y datado en unos 40.000 años atrás.
Con el paso del tiempo, técnicas de datación más exactas fueron ampliando esa estimación: en 1991 se situó entre 100.000 y 200.000 años; en 2007, alrededor de 160.000 años. El cambio definitivo se produjo en 2017, cuando dos artículos publicados en Nature reclasificaron los restos como Homo sapiens y establecieron una antigüedad de cerca de 315.000 años.

El cráneo utilizado en esta investigación no corresponde a una sola persona, sino a un cráneo compuesto: una reconstrucción digital tridimensional que combina fragmentos de varios especímenes excavados en la misma capa estratigráfica del yacimiento. Según los autores, la mayor parte de la estructura proviene de Irhoud 1, que aporta la bóveda craneal y la región facial superior.
La mandíbula pertenece al espécimen Irhoud 11, mientras que la región maxilar y los arcos dentales superiores se completaron con Irhoud 10, junto con fragmentos dentales adicionales (Irhoud 21 e Irhoud 22).
El proceso utilizó software gratuito y la deformación anatómica controlada como técnica central
El punto de partida fue el material visual que el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (MPI-EVA) publicó en 2017: imágenes y un video del cráneo digitalizado. A partir de esa secuencia de imágenes, el equipo construyó un modelo 3D del cráneo mediante fotogrametría, una técnica que genera objetos tridimensionales a partir de fotografías tomadas desde distintos ángulos.
El paso central fue la deformación anatómica controlada. La técnica funciona de la siguiente manera: se toma el cráneo digital de una persona real y anónima (en este caso, un adulto contemporáneo cuya tomografía fue cedida con consentimiento para investigación) y ese cráneo se “moldea” digitalmente hasta adaptarse a la forma del fósil.

El proceso tiene límites claros: la estructura ósea del propio cráneo fósil determina hasta dónde puede llegar cada ajuste, lo que impide agregar rasgos inventados o idealizados. El estudio generó dos versiones de la aproximación facial. La primera, en escala de grises y sin cabello ni barba, apunta a mostrar con claridad la correspondencia entre la cara reconstruida y el cráneo original.
La segunda es una versión artística con color, pigmentación de piel, cabello y barba, pensada para acercar los resultados al público general. Los autores aclaran que los elementos de esta segunda versión (como el tono de piel o el tipo de cabello) no tienen respaldo directo en los fósiles, sino que se basan en estudios antropológicos sobre poblaciones antiguas del norte de África.
El volumen del endocráneo calculado coincide con el rango de las poblaciones humanas modernas
Como parte del proceso, el equipo también midió el endocráneo (la cavidad interna del cráneo donde se aloja el cerebro) y obtuvo un volumen de 1.364 mililitros. Ese número está dentro del rango registrado en estudios anteriores sobre el mismo fósil. Al convertir ese volumen en una estimación del tamaño del cerebro, el resultado es de 1.230 centímetros cúbicos, una cifra muy cercana al promedio de los hombres adultos actuales, que es de 1.234 cm³. La circunferencia de la cabeza calculada desde el modelo fue de 60 centímetros, algo mayor que el promedio masculino adulto de 56,4 cm.

Para verificar que el modelo tenía las proporciones correctas, el equipo comparó sus medidas con las publicadas en estudios de referencia y encontró una correspondencia muy precisa. Los autores aclaran que los resultados no deben tomarse como una imagen definitiva de cómo era este individuo, sino como una aproximación plausible basada en la evidencia disponible.
No existen datos de tejidos blandos para homínidos de hace 315.000 años, por lo que usar referencias de poblaciones modernas fue una decisión metodológica necesaria, no una afirmación de que este individuo era igual a un humano actual. El estudio concluye que las herramientas gratuitas y los métodos transparentes son una vía válida y replicable para investigar y reconstruir fósiles humanos complejos.
Fuente: Infobae