El conflicto en Ucrania ha convertido a los drones en una herramienta habitual en el campo de batalla, pero Rusia también los utiliza como amenaza híbrida contra la OTAN, con incursiones cada vez más frecuentes en el espacio aéreo aliado. El destacamento español ‘Paznic’, desplegado en Rumanía bajo el paraguas de la Policía Aérea Reforzada de la Alianza Atlántica, ha observado un aumento “novedoso” en las penetraciones de drones rusos durante las últimas semanas.
“Nuestra guerra empieza cuando suena la alarma”,
afirma el jefe del destacamento, el teniente coronel Borja Calvo.
Desde la Base Aérea Mihail Kogalniceanu en Constanza (Rumanía), Calvo detalla que “el uso de drones por parte de Rusia era anecdótico, pero desde agosto hemos tenido muchas alertas, un número sin precedentes”. Allí, cerca de 200 militares del Ejército del Aire y del Espacio protegen el flanco este de la OTAN con siete cazas F-18 (del Ala 12) y un avión de reabastecimiento en vuelo A400M (del Ala 31). Está previsto que en octubre se sumen tres helicópteros NH-90 (Ala 48).
Alertas en aumento
Los números reflejan un crecimiento notable: en agosto se registraron 15 alertas, denominadas ‘Alpha Scramble’, y en lo que va de septiembre van cuatro, la más reciente en la madrugada del pasado jueves. A modo de comparación, la rotación 70ª de la misión solo había registrado un único ‘Alpha Scramble’ entre febrero y marzo de 2026.
El jefe de ‘Paznic’ señala que las incursiones rusas, “sobre todo las deliberadas”, buscan probar la reacción de la Alianza.
“Rusia testea continuamente la capacidad de respuesta de la OTAN y hasta dónde puede meter la patita en un país aliado”,
añade. Además, explica que la frontera de Rumanía con Ucrania es “difusa” y a veces los drones entran y salen, pero una vez dentro del espacio aéreo rumano es legal activar un ‘Alpha Scramble’. Matiza que los aliados no pueden derribar drones fuera del territorio de la OTAN ni en aguas internacionales, y el objetivo siempre es evitar que impacten en zonas habitadas.
Respecto a los dispositivos no tripulados, Calvo indica que suelen llevar carga explosiva de entre 5 y 90 kilogramos, son de un solo uso —“Rusia no espera recuperarlos”— y de fabricación iraní o rusa. Los medios electro-ópticos de los cazas permiten identificar el tipo de dron, pero no la carga.
“Pero sean de cinco kilos o de 90 la orden está clara: derribarlos”,
sentencia.
El derribo de agosto: una misión histórica
Cuando suena la alerta —generalmente de noche—, un equipo de siete efectivos (pilotos, mecánicos y armeros) tiene 15 minutos para despegar con dos F-18. Uno monitorea la situación y el otro ejecuta el derribo, cambiando roles en tiempo real. Es obligatorio tener dos aviones listos y otros dos de reserva. Al despegar, no se sabe cuánto durará la misión, por lo que el A400M actúa como gasolinera flotante.
De los 19 ‘Alpha Scramble’ registrados desde agosto, uno terminó en derribo: el del 16 de agosto, considerado un día “histórico” para el Ala 12. La alerta sonó a las 3:00 horas (hora local), mientras la tripulación dormía, después de que un dron Gerbera ingresara a Rumanía, saliera a Ucrania, cruzara a Moldavia y volviera a entrar en territorio rumano. Los efectivos corrieron al escuchar “’Alpha Scramble’! ‘Alpha Scramble’!”; un F-18 falló y tuvieron que tomar uno de reserva. Detectaron el dron a las 3:45 horas y el derribo se produjo a las 5:00 horas. La misión duró una hora y quince minutos, respaldada por horas de entrenamiento diario llamados ‘Tango Scramble’.
Integrantes del dispositivo declararon:
“Es un orgullo haber participado en el derribo, una satisfacción, significa que estamos preparados, que es para lo que hemos estado entrenando”.
El teniente coronel Calvo reflexiona que ante amenazas híbridas como la de Rusia, el sistema de defensa aliado “debería repensarse y reformularse”, pues
“para hacer frente a la amenaza no podemos seguir jugando con parámetros de hace diez o 15 años”.
Destacamento con drones en tierra
España también despliega en Rumanía a la Fuerza de Infantería de Marina, integrada en el Batallón Multinacional de la OTAN liderado por Francia, con base en Cincu. Son un subgrupo táctico mecanizado con unidades de apoyo de combate, más de 200 militares de la Brigada de Infantería de Marina ‘Tercio de Armada’.
Aportan vehículos blindados Piranha IIIC 8×8, vehículos de alta movilidad táctica (VAMTAC) con misiles contra carro ‘Spike’ y morteros de 81 mm, además de un destacamento de RPAS (drones controlados de forma remota) para obtener información. El pasado jueves realizaron un ejercicio en el campo de maniobras de Babadag, donde el dron fue clave como avanzadilla para recibir información en tiempo real y avanzar con seguridad.
La cabo Calero, operadora del RPAS, explica que el dron lleva una cámara que permite ver cuántos enemigos hay y su armamento. Recoge coordenadas y se las pasa al capitán, quien puede enviar directamente a los fusileros. Eso sí, debe ser cautelosa porque el dron puede ser derribado. El modelo que usan, un Parrot de unos 8.000 euros, no es detectable a 500 metros de altura. Calero asegura que los drones son “el futuro” y realizan funciones de apoyo que antes “eran impensables”.
“A donde vamos, todas las unidades tienen drones”,
resume.
Un radar de vigilancia
La contribución española en Rumanía se completa con el Destacamento Aerotáctico ‘Tigru’, formado por unos 40 efectivos del Ejército del Aire y del Espacio (principalmente del Grupo Móvil de Control Aéreo, GRUMOCA). Operan un radar de vigilancia aérea de largo alcance en la localidad de Schitu, en la costa oeste del mar Negro. Su labor es recopilar información que el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC) de Torrejón (Madrid) interpreta para valorar amenazas y violaciones del espacio aéreo.
El destacamento ‘Tigru’ ha acumulado más de 30.000 horas de vigilancia, con índices de operatividad cercanos al 90%. Su jefe, el comandante José Alberto Escolar, destaca que ese hito refleja la formación técnica, experiencia y compromiso del personal. Escolar informa que la misión prevé sustituir el radar actual AN/TPS-43M por el LTR-25, fabricado por Indra, en 2027, lo que mejorará la detección de drones pequeños y requerirá más efectivos para operarlo.
Fuente: Infobae