Desde junio, en las escuelas inglesas está prohibido el uso de teléfonos móviles. Algunos centros incluso impiden que los alumnos ingresen con smartphones. Sin embargo, esta medida ha provocado consecuencias inesperadas, como revela el caso de una familia de Derbyshire. Adele Kightley denuncia que su hija de 11 años enfrenta un sobrecosto anual de 546 libras (unos 630 euros) para viajar al colegio, porque la tarifa juvenil más barata de la empresa de autobuses exige usar una aplicación en un teléfono inteligente.
El consejo del condado de Derbyshire ofrece un descuento para viajes individuales a menores de 18 años. Para obtener la tarifa reducida de 1,50 libras, es necesario vincular el pase con una aplicación. Kightley explicó:
“Nosotros tomamos la decisión de no darle un teléfono inteligente a nuestra hija y, en su lugar, optamos por un teléfono básico”.
Sin acceso a la app, la niña debe abonar 546 libras adicionales al año, equivalentes a 630 euros extra.
La madre critica que la misma identificación no habilita la rebaja si el pasajero se la muestra al conductor y paga en efectivo o con tarjeta. La compañía de autobuses respondió que sus máquinas expendedoras no están preparadas para leer las tarjetas emitidas por el consejo local. Un portavoz señaló:
“Estamos trabajando rápidamente en el desarrollo de una nueva tarjeta física para ofrecer la tarifa b_line con descuento a los menores de 19 años”.
El conflicto no es aislado. Daisy Greenwell, cofundadora de la campaña Smartphone Free Childhood, afirmó que los pases exclusivamente digitales perjudican tanto a hogares con bajos recursos como a quienes buscan reducir el tiempo de pantalla.
“Ahora hay un enorme movimiento de padres y escuelas que intenta retrasar la entrega de teléfonos inteligentes a los niños”,
señaló. Además, varias empresas de autobuses cobran a los menores sin móvil hasta el doble por el mismo trayecto.
Padres quieren retrasar la tecnología mientras las empresas la exigen
Según Smartphone Free Childhood, más de 200.000 padres suscribieron recientemente un pacto para posponer la compra de un smartphone hasta que sus hijos tengan al menos 14 años. Sin embargo, Greenwell advierte:
“muchos servicios esenciales siguen diseñándose sobre la idea de que todos los niños tienen uno”.
Para las familias de menores ingresos, tener un teléfono inteligente puede convertirse en el requisito práctico para acceder a tarifas más baratas.
Otros operadores regionales, como Stagecoach y Compass, también exigen un teléfono inteligente para acceder a sus descuentos más convenientes. La madre calculó el impacto futuro cuando su hijo menor llegue a la secundaria:
“Nos costará casi 1.100 libras esterlinas más al año de lo que costaría si tuviera acceso al descuento a través de la aplicación”.
Fuente: Infobae