El fenómeno que nació en el Gran Buenos Aires
A mediados de los años noventa, la voz de Sandra Mariela Vázquez, conocida artísticamente como Twiggy, se convirtió en un fenómeno radial imparable. Proveniente de una infancia humilde en la zona oeste del Gran Buenos Aires –marcada por el esfuerzo de sus padres y un hogar donde la música era un refugio constante–, logró escalar los rankings nacionales, colocando sus canciones por encima de estrellas internacionales y vendiendo decenas de miles de discos. Sin embargo, cuando su carrera brillaba en el punto más alto, la industria le mostró su faceta más cruel: un cambio en la gestión discográfica la dejó atrapada en un contrato que congeló su trayectoria, guardándola en un cajón y sumiéndola en una profunda depresión.
En una época sin redes sociales para explicar su repentina desaparición, Twiggy inició un prolongado proceso de reconstrucción personal. Rescindió su contrato a cambio de su nombre artístico y su libertad, aprendió el oficio de peluquera y tomó la decisión de mudarse a Bariloche para formar una familia y reinventarse lejos de los medios. En esta entrevista con Luis Novaresio, reconstruye el dolor de aquella parálisis, el recuerdo de la hermana que le salvó la vida en los peores momentos, la sorpresa de sus hijos al descubrirla en YouTube y la felicidad de saberse hoy una artista verdaderamente libre.
Los orígenes de una estrella
Twiggy recuerda su cuna en Ituzaingó, donde creció y formó su círculo de amistades de toda la vida. Describe su primera casa como muy humilde, casi de cartón, con un padre que trabajaba incansablemente, una madre que cuidaba de ellas y una hermana tres años mayor que ejercía de cuidadora. La vivienda era diminuta: una cocina pequeña, un comedor minúsculo, un living reducido, la habitación de sus padres y la que compartía con su hermana en una cama cucheta. Afirma que nunca faltó comida, aunque de adulta comprendió que sus padres sacrificaron muchas de sus propias comidas para que ellas comieran.
Su madre venía del campo, de una familia de 14 hermanos ruso-alemanes de Crespo, Entre Ríos. A los nueve años la sacaron de la escuela para trabajar recolectando algodón. Llegó a Buenos Aires para trabajar en casa de una prima y enviaba todo su sueldo a su madre. La hermana que la acompañó regresó a Entre Ríos, dejándola sola. Allí conoció al padre de Twiggy, un hombre muy musical que tocaba bandoneón, guitarra y teclado, y que se enamoró profundamente de ella. La esperó afuera de un supermercado desde la mañana hasta la tarde, hasta que ella accedió a hablar. Hoy lo califica como un acosador, entre risas.
“Mi papá escuchó la historia de mi mamá y le dijo a mi abuela: ‘Yo la quiero ayudar, me siento enamorado. ¿Qué podemos hacer?’ Y mi abuela le dijo: ‘Bueno, hijo, si querés, traela a casa’. Ahí ella se despegó de ese trabajo y tuvo la contención de una familia.”

Del sueño infantil al primer éxito
Desde los seis años, Twiggy tuvo claro que quería grabar un disco. En su casa se respiraba música: tango, instrumentos de su padre y canto lírico de su abuela y tía. Empezó en el canal CAE, pero fue despedida junto a otra compañera por problemas ajenos. Su representante de entonces, Bernardo Bergeret, la respaldó y le pidió que le llevara algo para escuchar. Cuando la oyó, enloqueció y la citó al día siguiente para empezar el repertorio. Ese giro la llevó a tocar el cielo con las manos.
No fue completamente consciente de la magnitud del éxito por su juventud –hoy tiene 50 años– y por la ausencia de redes sociales. La difusión era boca a boca, cartas escritas a mano. Bergeret le advirtió que la compañía la apoyaría solo tres meses. Pero el tema No está comenzó a escalar posiciones: sexto, quinto, cuarto, hasta llegar al primer puesto.
“Estaba en el primer puesto por encima de mis ídolos, como Madonna y Michael Jackson. La gente siguió votando y se mantuvo semanas en el número uno. Mis amigas de Ituzaingó me decían: ‘Flaca, te escuchamos hasta en la sopa’.”

Luego vino Bajo la luz de la luna, con un videoclip dirigido por Santiago Pueyrredón, y Necesito un amigo. El reconocimiento callejero la fascinaba; siempre estuvo dispuesta a dar autógrafos y fotos, porque ella misma había sido fan y sabía lo decepcionante que es toparse con un artista distante.
La parálisis: cuando el éxito se congeló
De repente, la industria discográfica atravesó fusiones de compañías. Cambió la presidencia de la discográfica y la congelaron. Bergeret le dijo que no podía hacer nada. El nuevo presidente tomó su contrato y le comunicó que la guardaban en un cajón, sin darle explicaciones. Twiggy entró en una depresión absoluta, con ataques de pánico que en aquella época nadie identificaba. Sentía que se moría.
“De estar en mi mejor momento, pasé a sentir una crueldad enorme: me rompieron el corazón, mi historia y todo lo que había construido. Mi hermana fue mi salvadora: venía corriendo con el nebulizador a tranquilizarme cuando sentía que no podía respirar. Terminé un año en cama por la depresión, totalmente cancelada, sin herramientas… y muy joven.”

Su padre la ayudó a salir de la cama. Decidió rescindir el contrato: renunció a todo y se quedó sin un peso, pero recuperó su libertad y su nombre. El documento de rescisión indicaba un valor simbólico de 30 pesos. A partir de ahí se reconstruyó: estudió teatro, técnica vocal (hoy da clases de canto) y baile.
Reinvención en el sur
Se recibió de peluquera y empezó a atender a domicilio. También trabajó en televisión con Mariano Peluffo en un programa infantil y durante seis años practicó trapecio. Luego un amigo le ofreció trabajo en su peluquería en Bariloche, y se mudó. Sus clientas la reconocían y la querían, pero sin redes sociales no podía explicar al público lo ocurrido ni por qué había desaparecido.
“Necesitaba saber si mis canciones habían significado algo para ellos.”

En Bariloche conoció a Fernando, el padre de sus hijos, y formó una familia. Se integró a una banda de música infantil llamada La Camagüita y a una de funk llamada Lado Funk. En 2006 nació su primer hijo, Galo, hoy de 20 años. Cantó hasta los siete meses de embarazo. Sobre el contraste entre liderar los rankings y cantar funk en Bariloche mientras trabajaba en una peluquería, Twiggy reflexiona que quizás buscaba saber qué había significado para la gente. Al abrir sus redes sociales, recibió mensajes de amor y cariño, sin haters.
El regreso y la libertad musical
Hoy se siente bendecida y eternamente agradecida. Dice que sigue adelante como el pájaro que canta hasta morir. Es dueña de su vida, su historia y su música, todo de forma independiente, a pulmón. “No tengo plata, pero tengo el amor de la gente y eso no se compra, se gana.” Sus hijos la descubrieron solos en YouTube cuando eran pequeños. Galo la miró desde la computadora y le preguntó: “¡Mamá! ¿Vos fuiste famosa?”. Ella respondió que sí y ellos se sintieron muy orgullosos.
Actualmente forma parte del festival Dimensión 90s, junto a Machito Ponce, Jazzy Mel, Leo García, El Símbolo y otros colegas de la década. Describe el evento como una fiesta donde la gente recuerda los éxitos de esa época y comparte momentos de felicidad.
“Hoy estoy de nuevo para cantarles y compartir lo que significó cada canción. Me siento bendecida y eternamente agradecida.”
Fuente: Infobae