Federico Luis retrata el boxeo infantil en Tepito en corto premiado

El cineasta argentino Federico Luis llevó al Festival de San Sebastián su obra Para los contrincantes, un cortometraje de quince minutos que ya obtuvo un premio en Cannes. La pieza se enfoca en un pequeño boxeador del barrio de Tepito, en la capital mexicana, y las múltiples presiones que enfrenta tanto dentro como fuera del ring. Los actores Damián López y Wil Pérez protagonizan esta producción que compite en la sección Zabaltegi-Tabakalera, descrita como la más abierta y sin prejuicios del certamen vasco. Luis regresa al festival donostiarra después de haber participado en 2024 con Simón de la montaña (en Horizontes Latinos) y Cómo ser Pehuén Pedre (en Zabaltegi-Tabakalera).

Luis contó que la idea surgió mientras trabajaba en el guion de su próximo largometraje, El entrenador de perros, junto al escritor Mario Bellatín. Durante su estancia en México, Bellatín lo llevó a presenciar una función de boxeo en Tepito.

«Lo que no sabía y me sorprendió mucho es que las peleas iban a ser de chicos de entre cinco y catorce años. Me impactó, emocionó, perturbó y pareció hermoso a la vez», explicó el cineasta.

La trama sigue a un niño que aspira a convertirse en campeón de boxeo. La narrativa entrelaza su entrenamiento y combate con el entorno familiar y barrial, mostrando la tensión entre el juego infantil, las expectativas de los adultos y la exigencia competitiva. Luis comentó que Damián López competía en una categoría para niños muy pequeños. Según el director, los chicos «actúan como si fueran boxeadores profesionales» ante lo que sus familias esperan de ellos.

«Creí que el que mejor interpretaba su papel y en el que sentí más fuerte la contradicción entre ser un niño y un boxeador profesional, fue Damián», señaló Luis.

El realizador argentino convivió con el protagonista durante cerca de un mes antes del rodaje. «Pasé con él casi un mes compartiendo cualquier tipo de actividad: desde ir a buscarle al colegio, hasta tomar un café o comprar ropa. Eso labró un vínculo entre nosotros, de mucha confianza y juego», afirmó. La pelea combina imágenes documentales con escenas ficcionalizadas. Luis detalló que disponía de unas diez latas de película de 16 milímetros y que cada combate suponía un gran esfuerzo para López. Por esa razón, filmó un segundo día las secuencias de ficción, con la cámara fija en los mismos dos puntos que durante el combate real. «Así que un segundo día rodamos las partes de ficción, incluso colocando la cámara fija en los dos mismos lugares, para mezclar momentos de la pelea ficticios y documentales. Por ejemplo, la sangre es falsa», precisó.

La cara de un niño boxeador

La cámara se mantiene sobre el rostro de Damián mientras las voces del público se escuchan fuera del encuadre. Luis explicó que esa decisión buscaba establecer una conexión directa entre el personaje y el espectador.

«Tenía que elegir una forma de crear un puente entre el espectador y ese niño. Dejar fuera del encuadre todo lo que no fuese su rostro, lo más expresivo que tiene el ser humano, y que podamos ver cómo cada momento impacta en su expresión, era una forma de capturar la mayor cantidad de emoción posible», dijo.

El director señaló que las voces del padre, el entrenador, otros padres y asistentes forman una red sonora que el niño escucha durante el combate. «Era más caótica a nivel de cómo las percibe el espectador y el personaje, se mezclan en una maraña los gritos del padre con el entrenador, con los otros padres, con la gente que está ahí», describió. Ese trabajo de sonido le permitió intervenir en el montaje para construir la tensión del cortometraje.

El título de la obra hace alusión a los adversarios visibles e invisibles que rodean al protagonista. Luis explicó que el personaje enfrenta a su oponente dentro del ring, pero también las aspiraciones de su padre, las indicaciones del entrenador y la presión acumulada a su alrededor.

«Pelea incluso contra la idea de una película haciéndose sobre su pelea, contra mí, contra el espectador», planteó el director.

Para Luis, las lágrimas y reacciones del niño durante el breve tiempo de la pelea son parte de aquello que ofrece a esos contrincantes.

«No solo pelea, sino que sus lágrimas y todo lo que él despliega en ese tiempo tan acotado es como su ofrenda, lo que él les puede ofrecer a sus contrincantes», concluyó.

Fuente: Infobae

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