Un entusiasta de las reparaciones conocido como Chris —apodado el Manitas— ha logrado convertir un aire acondicionado hallado en la basura en un sistema de refrigeración casero. Su innovador método consiste en canalizar el calor extraído del interior de su vivienda hacia tuberías enterradas en el jardín. Así lo documentó en un video reciente que muestra paso a paso su invento.
El aparato, según relata, solo necesitaba una limpieza profunda y algunos ajustes básicos. Cuatro de sus componentes clave estaban en perfecto estado, a pesar de que el equipo ya había sido desechado en un punto de reciclaje. Chris no dudó en rescatarlo y ponerlo a prueba.
El principio de funcionamiento de un aire acondicionado
Un aire acondicionado no produce frío: su labor es extraer calor y parte de la humedad del ambiente interior. El equipo aspira el aire de la habitación, lo hace pasar por el evaporador —donde un refrigerante a baja temperatura absorbe el calor— y luego un ventilador devuelve el aire más frío y seco a la estancia.
El calor recogido viaja con el refrigerante hasta el condensador, que normalmente se ubica en la unidad exterior. Allí se libera al ambiente, por eso esa unidad expulsa aire caliente. Chris modificó justamente ese último tramo: en lugar de ceder el calor al aire de la calle, decidió rodear el condensador con agua y hacerla circular por un sistema de tuberías que ya tenía enterradas en su jardín.
Para lograr esta adaptación, construyó un depósito metálico artesanal alrededor del condensador y lo llenó con el agua que recorre esas tuberías subterráneas. De esta forma, el condensador queda inmerso en agua en vez de aire, y es el agua la que absorbe el calor y lo transporta hasta el subsuelo.

Las tuberías están enterradas a una profundidad de entre 1,8 y 2,4 metros y suman un total de 610 metros, distribuidos en cuatro tramos de aproximadamente 152 metros cada uno. A esa profundidad, la temperatura del terreno se mantiene estable durante todo el año, sin las fluctuaciones que experimenta el aire exterior entre el día y la noche o entre estaciones.
Ese circuito de tuberías ya existía antes de este proyecto y tenía otro propósito: hacer circular agua directamente por él para refrescar la vivienda sin usar ningún aparato, aprovechando únicamente la temperatura fresca de la tierra. Sin embargo, el suelo no lograba absorber por sí solo todo el calor que la casa necesitaba eliminar. Chris incorporó el aire acondicionado al circuito para aumentar la cantidad de calor transferido hacia la tierra.
El circuito por el que viaja el gas refrigerante permaneció cerrado durante toda la modificación. Solo se cambió la posición del condensador y se construyó el depósito de agua a su alrededor; las tuberías internas del gas no se abrieron. Esto evita liberar refrigerante a la atmósfera, un detalle relevante porque muchos equipos antiguos usan gases con un potencial de calentamiento global mucho mayor que el del CO₂.

El aire que salía del aparato hacia la vivienda tenía una temperatura de entre 9,4 y 12,2 grados Celsius. En el circuito enterrado, el agua salía entre 1,7 y 2,8 grados más caliente de lo que entraba, lo que confirma que el calor llegaba hasta la tierra y esta lo absorbía.
No se ha medido el consumo eléctrico del compresor ni de la bomba que mueve el agua, datos necesarios para determinar si el sistema es más o menos eficiente que un aire acondicionado convencional. Tampoco se sabe cómo se comportará el terreno durante una temporada completa: si absorbe calor de forma continua sin que su temperatura suba, o si con el tiempo se satura y reduce la capacidad del sistema para seguir cediéndole calor. De momento, es más un experimento que un sistema infalible, pero parece que funciona.
Fuente: Infobae