El cineasta Daniel Monzón ha llevado a la gran pantalla la oscura historia del Patronato de Protección a la Mujer con su nuevo filme Ruega por nosotras. Esta producción, ambientada en 1974, reconstruye el encierro y la disciplina impuesta a adolescentes consideradas “caídas o en riesgo de caer”. La cinta fue presentada en el Festival de San Sebastián y su estreno comercial está previsto para el 6 de noviembre. La institución que retrata siguió operativa hasta 1985, una década después de la muerte de Francisco Franco.
El Patronato podía retener a mujeres hasta los 21 años –entonces la mayoría de edad– y, en ciertos casos, hasta los 25. Se estima que al menos 40.000 mujeres de entre 16 y 21 años pasaron por sus centros. Sus orígenes se remontan a 1902, aunque la entidad fue creada formalmente en 1941 bajo el franquismo, con el respaldo de Carmen Polo, esposa del dictador. Su misión era vigilar y someter a jóvenes cuya conducta se desviara de la moral ‘nacionalcatólica’, por motivos como fumar, bailar, salir de noche o mantener relaciones sexuales sin estar casadas.

Monzón ha comentado que descubrió la existencia de estos centros en 2020, mientras finalizaba Las leyes de la frontera. Para documentarse, el director revisó artículos periodísticos, tesis doctorales, el libro de Consuelo García del Cid Guerra y testimonios de miles de mujeres, todo ello junto a Jorge Guerricaechevarría, coguionista del filme.
¿Qué cuenta la película sobre el Patronato?
La historia sigue a Ana, interpretada por Zoe Bonafonte, una chica de familia rica y religiosa que ingresa por decisión de sus padres. Tras un examen médico que confirma que no es virgen, pasa por un centro en Barcelona, logra escapar y termina trasladada a otro en Madrid con un régimen más severo. Los centros de Observación y Catalogación determinaban el destino de las internas. Monzón ha señalado que las jóvenes eran clasificadas como “completas” o “incompletas” según conservaran o no la virginidad, una nomenclatura que definía la dureza del lugar al que serían enviadas y las alejaba de su ciudad, sus familias y su entorno.

Las internas no podían salir a la calle, telefonear ni comunicarse libremente entre ellas. El incumplimiento de las reglas se castigaba con aislamiento durante días, semanas o meses en celdas, mientras las monjas imponían misas y una rutina de trabajo. La película muestra violencia física y verbal, además del abandono de familias que veían el encierro como una medida correctiva. Monzón ha evitado convertir el relato en una sucesión de escenas explícitas de violencia. “Lo estudiamos mucho, porque usaban montones de castigos físicos. En la película se muestran algunos, pero si llegamos a plasmarlos todos hubiéramos caído en el género gore”. El cineasta sostiene que el enfoque debía preservar la dignidad de quienes pasaron por aquellos centros.
La preparación del reparto incluyó reproducir tareas y normas de la época. Las actrices aprendieron a fregar siguiendo las indicaciones de las monjas, sin apoyar el trasero y manteniendo la espalda recta; cosieron con máquinas de 1974 y memorizaron rezos con gestos concretos. Para el director, esos trabajos formaban parte de un sistema de castigo y sometimiento. El título de la película proviene del libro homónimo de la investigadora Consuelo García del Cid Guerra, a quien Monzón identifica como una figura decisiva para divulgar lo ocurrido en el Patronato. García del Cid leyó el guion y consideró que reflejaba la realidad de la institución, según el cineasta.
Ana y Sole: la amistad frente al encierro
Ana encuentra apoyo en Sole, una joven de pueblo interpretada por Manuela Calle que ha llegado a la ciudad en busca de una vida propia y sobrevive en condiciones precarias. Su relación articula una historia de amistad entre internas, fugas, castigos y resistencia ante un sistema que separaba a las jóvenes de cualquier red de apoyo. Guerricaechevarría ha descrito el aislamiento de las reclusas como una metáfora de la sociedad franquista: un orden que impedía a las personas organizarse y ayudarse. El guionista plantea que la película sitúa la unión entre las dos protagonistas como su forma de supervivencia y de esperanza.

La cinta se presenta como un drama carcelario en el que las reclusas son niñas, las carceleras son monjas y los padres figuran entre los responsables del encierro. El reparto incluye a Adelfa Calvo, María Cerezuela, Carla Domínguez, María Gandiaga, Malena Gutiérrez, Belén Cruz, Bea Segura, Xavi Sáez y Shiara Fernández.
La película llega dos años después de Alumbramiento, de Pau Teixidó, que situaba en 1982 una trama sobre el robo de bebés a madres solteras internadas en centros vinculados al Patronato. Monzón ha subrayado que la pervivencia de la institución hasta 1985 explica que siga siendo una parte poco conocida de la historia reciente. Bonafonte ha señalado que buena parte de las actrices desconocía la existencia de esos reformatorios porque “desgraciadamente, no se enseña en los libros de historia”. La intérprete ha reclamado que esta parte del pasado llegue a los colegios y ha recordado que las internas eran “niñas que no habían hecho nada malo”. Calle ha rechazado la idealización de la dictadura y las afirmaciones de que “con Franco se vivía mejor”. La actriz ha asegurado que investigar para interpretar a Sole cambió su manera de entender aquel periodo, aunque reconoce que nadie que no viviera aquellas experiencias puede conocer por completo lo que sintieron las jóvenes encerradas.
Fuente: Infobae