Marcel Marceau: el héroe silencioso que salvó a 400 niños judíos

La única ocasión en que Marcel Marceau rompió su silencio en escena fue, irónicamente, en una cinta muda: La última locura de Mel Brooks (1976). Allí pronunció un rotundo “¡No!”, marcando un momento icónico en la historia del cine. El artista se definió como pacifista y se negó a presentarse en países bajo regímenes dictatoriales. “No hablo: basta ese grito interior para desnudar el alma (…) Trabajo por la paz: soy un activista de esa causa tantas veces perdidas (…) ‘Bip’ es un héroe sin edad, sin época, y con eterna esperanza (…) El silencio es infinito: los límites los pone la palabra… Nunca le pidan a un mimo que hable: ¡jamás se callará!”, explicó alguna vez. Rara vez mencionaba su rol durante la ocupación alemana en Francia, cuando el silencio, la astucia y su don para entretener lo llevaron a salvar a cientos de niños judíos del exterminio.

Nacido el 22 de marzo de 1923, Marcel Mangel apenas cumplió 16 años cuando las tropas alemanas invadieron Francia. Su padre, un carnicero kosher, fue capturado y enviado a Auschwitz, donde murió en 1944. En cambio, él y su hermano Alain lograron huir a Lyon, donde adoptaron identidades falsas y se unieron a la Resistencia. Allí, Marcel –quien había cambiado su apellido a Marceau para ocultar su origen judío– se convirtió en una pesadilla para el jefe de la Gestapo, Klaus Barbie, a quien burló repetidamente. El oficial nazi intentó capturarlo sin éxito.

Al llegar a Lyon, la primera misión de Marcel y Alain fue integrarse a un grupo de falsificación de documentos. Copiaban pasaportes y otros papeles para los miembros clandestinos de la Resistencia y para “cristianizar” a judíos franceses, evitando así su deportación a campos de exterminio.

También integraban el equipo de reubicación de huérfanos. Para ello, debían enfrentar las operaciones de traslado diseñadas por Barbie, el implacable “Carnicero de Lyon”: realizaba redadas y participaba directamente en las deportaciones. Así atrapó a cientos de niños judíos, asesinando a muchos en el acto y enviando a otros a campos de concentración en Alemania y Polonia.

El mimo francés, Marcel Marceau, en una presentación en Berlín, en enero de 1967 (AP Photo/Edwin Reichert)

Salvar a los niños

Marcel seguía las órdenes de su primo Georges Loinger, jefe de la unidad secreta de la Resistencia Francesa llamada Oeuvre de Secours aux Enfants: un grupo judío de ayuda que sacaba a niños del horror de la Francia ocupada. Marceau y su equipo idearon un plan para llevar a los menores a Suiza, país neutral, en grupos de veinte a treinta viajando en tren desde Lyon hacia el Este y luego a pie, cruzando los Alpes en pleno invierno. Del otro lado de la frontera, otros miembros de la Resistencia los esperaban para conducirlos a Ginebra. Para despistar al Ejército alemán, vistieron a los niños como boy scouts. Así, si eran interceptados en un control militar, podían decir que iban de campamento a las montañas.

Casi como un juego, Marceau utilizó sus artes de mimo para enseñar a los chicos a comunicarse en silencio, no ser oídos por los nazis y volverse invisibles. “Marceau comenzó a hacer mímica para mantener a los niños en silencio mientras escapaban. No tenía nada que ver con el mundo del espectáculo. Estaba haciendo mímica por su vida”, contó años después Phillipe Mora, cuyo padre luchó junto a Marceau en la Resistencia francesa.

Marceau habló muy pocas veces de sus trabajos en la Resistencia. Recién décadas después de la guerra reveló cómo eran aquellas misiones. “Viajar con grandes grupos de ellos no era nada fácil, y muy peligroso, porque los soldados nazis de los retenes eran estúpidos… pero no tanto. Mi arma secreta era mi entrenamiento como mimo. Jugábamos a que nadie hablara. Ni yo ni ellos. Marchaban, se reían, creo que me amaban, y sé que muchos años después comprendieron que yo luchaba por sus vidas”, explicó en una entrevista de 2001.

Siguiendo siempre el mismo plan, Marceau y su equipo realizaron varios viajes en los que se estima que salvó a cerca de cuatrocientos niños judíos de ser asesinados o deportados por Barbie. Así, con sus habilidades artísticas y su silencio, el mimo judío-francés logró burlar una y otra vez al Carnicero de Lyon. Después, hasta el final de la guerra, Marcel y su hermano Alain se unieron a las fuerzas de liberación francesas lideradas por el general Charles de Gaulle, donde Marcel fungió como oficial de enlace con las tropas del general George Patton. Tenía 22 años.

Durante una presentación en 1978 (AP)

Una actuación decisiva

Fue destinado entonces a Frankfurt, Alemania, donde ocurrió un hecho crucial para su futuro artístico: un oficial estadounidense con quien colaboraba le preguntó:

—Caballero, ¿qué hará después de todo esto?

—Pantomima —respondió Marceau.

—¿Qué es eso? —quiso saber el norteamericano, ignorante del significado.

—Hacer visible lo invisible e invisible lo visible…

Quizás por curiosidad o por pensar que era buena idea entretener a los soldados, al día siguiente el estadounidense armó una enorme carpa para que el francés hiciera eso que llamaba “pantomima”.

Lo que sucedió ese día de 1945 en Frankfurt está fielmente recreado en la película de 2020 Resistencia, dirigida por Jonathan Jakubowicz y protagonizada por Jesse Eisenberg, donde se ve a ese joven oficial de enlace, con la cara pintada de blanco y ropas de payaso, actuar frente a las tropas solo con movimientos y gestos. Sin pronunciar una palabra. Marcel Marceau nunca olvidó ese día que prefiguró el resto de su vida. “Allí tuve mi primer brote de fama como mimo. Aparecí en la primera plana del Stars and Stripes, el diario del Ejército estadounidense”, contó mucho después.

Cuando actuó esa tarde de 1945 ante las tropas estadounidenses acantonadas en Frankfurt, Marcel Marceau dio el primer gran paso para construir ese personaje tan mudo como expresivo que lo hizo famoso en todo el mundo. Poco después se inscribió como estudiante en la academia de arte dramático Charles Dullin, en el teatro Sarah Bernhardt de París, donde recibió clases de maestros como Charles Dullin y Étienne Decroux, quien también enseñó a Jean-Louis Barrault. Al notar su excepcional talento, lo invitaron a unirse a su compañía y le dieron el rol de Arlequín en la pantomima Baptiste. Su actuación fue aclamada y lo impulsó a presentar ese mismo año su primer mimo-drama, Praxitele and the Golden Fish (Praxítele y el pez dorado), en el teatro Bernhardt.

Marcel Marceau fotografiado en París, el 12 de febrero de 2003 (AP Photo/Laurent Emmanuel)

Las aventuras de “Bip”

Marceau admiraba a Charles Chaplin y se inspiró en él para crear a “Bip”, el personaje que encarnó toda su carrera, al que vistió con estilo chaplinesco: bombín, bastón, pantalón y saco desmesurados y zapatones. Pintó su cara con albayalde, un carbonato de plomo blanco puro que contrastaba con sus labios rojos intensos. Adornó el sombrero con una flor marchita, que para él era un símbolo de “la fragilidad de la vida”. “Bip” jamás pronunciaba una palabra, se expresaba magistralmente solo con su cuerpo y sus gestos.

También escribía sus propias obras, inevitablemente mudas, en las que “Bip” vivía aventuras y desventuras interactuando con todo lo que lo rodeaba, desde mariposas a leones, trenes y barcos y todo tipo de objetos. Construyó así un estilo único de pantomima, que lo distinguió para siempre del resto de los artistas. De su pieza Joven, maduro, anciano y muerte, un crítico teatral dijo que “logra en menos de dos minutos lo que la mayoría de los novelistas no logran en volúmenes”.

Para transmitir su arte, creó la Escuela de Mimos de París, donde daba clase personalmente a decenas de alumnos. A lo largo de su vida, recibió distinciones tanto por su obra artística como por su valiente actuación durante la Segunda Guerra Mundial. Fue condecorado con la Legión de Honor francesa, fue embajador de las Naciones Unidas y recibió distinciones de universidades de todo el mundo. En 2001, fue condecorado con la Medalla Wallenberg en reconocimiento a su labor humanitaria y sus actos de valentía ayudando a los niños judíos durante la ocupación alemana de Francia.

Marcel Marceau murió en Cahors, Francia, el 22 de septiembre de 2007, a los 84 años, y sus restos descansan en el Cementerio de Père-Lachaise. Fiel al silencio de su personaje, su tumba no tiene epitafio, aunque bien podría haberse tallado en ella una de las definiciones que dio a lo largo de su vida sobre las ventajas de mantener la boca cerrada: “Con el silencio se dicen menos tonterías… Se dicen solo las esenciales”, decía.

Fuente: Infobae

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