Durante años, incluso décadas, la percepción cultural sobre el campo se mantuvo estática. No era necesario actualizar los manuales escolares ni reflexionar sobre el impacto real de esta actividad en la vida cotidiana. Sin embargo, en poco tiempo esa noción cambió, se volvió más compleja y ganó en productividad, preparándose para un futuro donde será aún más fundamental.
Hoy, la actividad rural integra ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad. Por eso, si se quiere proyectar ese horizonte para el país, es imperativo mostrar a las nuevas generaciones cómo es el campo actual, porque las posibilidades laborales se amplían constantemente y su influencia en el desarrollo económico nacional es cada vez mayor.
Las grandes superficies de terreno ceden paso a la siembra programada; la maquinaria pesada ahora incorpora tecnología aplicada para optimizar el proceso de cultivo; las semillas poseen una resistencia mucho más alta, y los resultados se reflejan en la mesa de todos los argentinos.
Hoy el campo combina ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad
Es evidente que el agro se transformó. Por ello, el reto actual para los profesionales y la industria es estar a la altura de lo que esta actividad exige. De lograrlo, no solo se obtendrán mejores opciones de cultivos, sino también resultados económicos muy favorables para el país.
Hoy, producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más complejas: conocer el suelo, interpretar el clima, anticipar la aparición de malezas y enfermedades, seleccionar la genética adecuada para cada entorno, administrar recursos y utilizar información para decidir cuándo y cómo intervenir. La tecnología, la biotecnología, la inteligencia artificial y las herramientas digitales son una parte vital de este proceso.
¿Cómo resumirlo? El campo es la tierra, su gente, los cultivos y el ganado, y también ahora un laboratorio de innovación.
Pensar hoy mirando al mañana
Hablar sobre el futuro de la agricultura obliga a preguntarse cómo se producirá, con qué conocimiento y quiénes tendrán las capacidades necesarias para hacerlo.
Es una conversación que no se puede postergar, porque el desafío es enorme. Según la FAO, el mundo necesitará producir cerca de un 70% más de alimentos hacia 2050. En un contexto de crecimiento poblacional, cambio climático, presión sobre los recursos naturales y necesidad de mejorar la eficiencia productiva, la agricultura tendrá que hacer mucho más con los recursos disponibles.
Producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más sofisticadas
Eso obliga a pensar en una agricultura cada vez más inteligente: con tecnología aplicada adecuadamente, convirtiendo los datos en información y en una estrategia que empieza en la semilla y termina alimentando a los argentinos (y, por qué no, a gran parte del mundo).
El manejo temprano de malezas, enfermedades y plagas, la elección de semillas adaptadas a cada ambiente, el monitoreo de los cultivos y la planificación de aplicaciones son ejemplos de cómo las buenas prácticas agrícolas pueden apoyarse en nuevas tecnologías para mejorar la productividad y, al mismo tiempo, cuidar los recursos.
Esta mirada integral estuvo muy presente en el último Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), donde distintas soluciones tecnológicas fueron planteadas como herramientas estratégicas que combinan genética, protección de cultivos, digitalización y conocimiento agronómico.
Ellos y ellas, la clave
En este nuevo campo, el talento también evoluciona. Nacen oportunidades de la mano de la tecnología aplicada a la industria: biotecnólogos, agrónomos, analistas de datos, programadores, ingenieros industriales, expertos en sustentabilidad y hasta especialistas en inteligencia artificial. Todos son hoy necesarios, y juntos construyen una flamante e innovadora manera de trabajar.
Por eso, acercar a los jóvenes a esta actividad se vuelve esencial para cuidar una de las industrias que será cada día más importante para el desarrollo del país, pero también para resguardar uno de los recursos más necesarios para todas las personas: el alimento.
Si se quiere una agricultura capaz de responder a los desafíos que vienen, se necesitan personas dispuestas a aprender, investigar, innovar y tomar decisiones con una mirada de largo plazo. El agro argentino tiene una enorme capacidad para hacerlo: posee conocimiento, experiencia, recursos naturales, emprendedores y una cadena de valor con fuerte presencia internacional.
Ahora también necesita construir un puente con las nuevas generaciones.
Fuente: Infobae