A 55 años de su muerte: Bernardo Houssay, el Nobel de la diabetes

Para el científico Bernardo Houssay, la investigación no era un lujo reservado a élites, sino un motor indispensable para el progreso de la humanidad. Solía responder a quienes cuestionaban la inversión estatal en ciencia con una frase contundente:

“La ciencia no es cara; cara es la ignorancia”

. También dejaba clara su lealtad a su tierra natal al afirmar:

“La ciencia no tiene patria, pero el hombre de ciencia la tiene. Por mi parte no acepté posiciones de profesor en los Estados Unidos y no pienso dejar mi país, porque aspiro a luchar para contribuir a que llegue alguna vez a ser una potencia científica de primera clase”

. Houssay trabajó sin pausa, convencido de que

“La obra humana debe ser ininterrumpida durante toda la vida hasta que la detenga la muerte”

. Su existencia se apagó hace 55 años, el 21 de septiembre de 1971, cuando con 84 años aún acudía diariamente a su laboratorio.

Fue el primer latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Medicina (1947), galardón que obtuvo por demostrar la influencia del lóbulo anterior de la hipófisis en la distribución de la glucosa, hallazgo clave para combatir la diabetes. A pesar de su fama internacional, su vínculo con el gobierno de Juan Domingo Perón era tenso. Tras el golpe del Grupo de Oficiales Unidos (GOU) en 1943, fue destituido de la dirección del Instituto de Fisiología de la UBA, que él mismo había fundado. Para continuar sus investigaciones, creó en 1944 el Instituto de Biología y Medicina Experimental, donde formó un equipo dedicado a endocrinología, nutrición, farmacología, patología experimental, glándulas suprarrenales, páncreas, hipertensión, diabetes y áreas afines.

Muchos científicos habrían emigrado a países desarrollados, pero Houssay eligió quedarse en Argentina. Su obsesión era impulsar la ciencia nacional como herramienta de desarrollo. A quienes no comprendían esa visión, les respondía:

“Aconsejar a un país o universidad que no haga investigaciones fundamentales no aplicables inmediatamente es como invitarlo a empobrecerse o suicidar (…) Quienes expresan tales criterios ignoran –y esta ignorancia es muy grave y dañina– que todos los grandes adelantos prácticos provienen de la investigación científica fundamental desinteresada. La ciencia pura es sin duda la fuente que alimenta incesantemente las técnicas aplicadas”

.

Bernardo Houssay fue el primer latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Medicina en 1947 por sus estudios sobre la hipófisis y la diabetes

Un genio precoz

Nacido en Buenos Aires el 10 de abril de 1887, Bernardo era el cuarto hijo de Alberto Guillermo Houssay y Clara Laffont, matrimonio francés radicado en el país un año antes. A diferencia de sus tres hermanos mayores, que estudiaron en Francia, él se educó en Argentina. Lo inscribieron en el Colegio Nacional Buenos Aires, considerado el mejor de la ciudad, donde ingresó con menor edad de la requerida y se graduó de bachiller a los 14 años, habiendo aprobado varios cursos de forma acelerada. Sin embargo, ese título no le permitió ingresar de inmediato a la carrera de Medicina: la facultad lo rechazó por su corta edad. Entonces se inscribió en la Escuela de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, donde se tituló a los 17 años. Finalmente pudo cursar Medicina, obteniendo el título de médico a los 23 años.

Para entonces ya había incursionado en la docencia y la investigación: desde los 21 años –cuando cursaba cuarto año de Medicina– era profesor de Fisiología, materia de primer año. En 1919, con apenas 32 años, fundó y dirigió el Instituto de Fisiología de la UBA. Allí realizó los trabajos que, casi tres décadas después, le valdrían el Premio Nobel.

El llamado

La diabetes y el Nobel

Cuando Houssay creó el Instituto de Fisiología, ya se sabía que la diabetes se vinculaba con la falta de insulina, pero se desconocía el proceso fisiológico detrás de esa carencia. La investigación se centraba en producir insulina para tratar a los pacientes. “Houssay era un fisiólogo, pero, en esencia, era un endocrinólogo con gran apego por la biología. ¿Por qué eligió trabajar en diabetes? No lo sé, nunca tuve la ocasión de conversarlo con él”, escribió el profesor Alejandro De Nicola, quien trabajó estrechamente con Houssay, en un artículo titulado Nuestro primer prócer de la ciencia.

En 1921, los médicos canadienses Frederick Banting y Charles Best lograron aislar la insulina; junto con otros expertos, purificaron insulina obtenida de páncreas bovinos, lo que les valió el Premio Nobel en 1923. Houssay, basándose en esos hallazgos, fue el primero en purificar insulina en América Latina, incluso antes que en Europa. Sin embargo, su gran aporte científico –que le daría el Nobel– fue asociar la diabetes con la glándula pituitaria o hipófisis. Comprobó que los diabéticos tenían una glándula pituitaria hiperactiva, lo que lo llevó a deducir que las hormonas hipofisarias regulaban los niveles de azúcar en sangre, postulando que equilibrándolas se podría controlar la enfermedad.

Con esa hipótesis experimentó en animales, ranas y perros. “El Premio Nobel que recibió Houssay fue por trabajos utilizando ese enfoque. Demostró el papel del lóbulo anterior de la hipófisis sobre el metabolismo de los hidratos de carbono. Lo que se conoce en la literatura como el ‘perro de Houssay’ es un animal al que se le extraía el páncreas y se volvía diabético; él descubrió que sacándole la hipófisis mejoraba la diabetes. También describió el papel de otras glándulas sobre la diabetes, tales como la suprarrenal y la tiroides y fue el primero en describir que la sangre que provenía del hipotálamo llegaba a la hipófisis trayendo factores regulatorios”, detalla De Nicola. Por este hallazgo, compartió el Nobel de 1947 con los científicos checoslovacos nacionalizados estadounidenses Gerty y Carl Cori, quienes también investigaban la diabetes.

Bernardo Houssay rechazó ofertas del exterior porque consideraba que el desarrollo científico era clave para el futuro de la Argentina

Sencillo y perseverante

El profesor Alejandro de Nicola trabajó con Houssay desde fines de la década de 1960. Para entonces, el Premio Nobel había recuperado la dirección del Instituto de Fisiología de la UBA, donde laboraba con la misma energía que al inicio. De Nicola ofrece una visión íntima de su rutina: “A fines del 60, no tenía coche y venía en colectivo al instituto, no me acuerdo si me dijeron en la línea 59 o en la 60. Él ya estaba viudo y vivía en su casa de la calle Viamonte. Posteriormente nos contó que durante el viaje aprovechaba para leer todos los carteles callejeros de la municipalidad y luego trataba de recordarlos, decía que así agudizaba su memoria. Ya en el Instituto, antes de entrar a su despacho, la recepcionista Zulema Rinaldo le acercaba el guardapolvo marrón. Y se quedaba en su despacho hasta las 10:00. Luego sonaba un timbre y todo el personal del Instituto, que seríamos 15 o 20 en 1970, íbamos a tomar el café. Era una mesa muy grande y Houssay se sentaba en la cabecera (…) A las 10.30-10,45 se levantaba, decía ‘a trabajar, Bernardo’, y se iba a su despacho. O si operaba un perro, iba al subsuelo del Instituto. Al mediodía, Zulema le traía el almuerzo, y comía solo en una sala de la biblioteca. En su despacho recibía a todos los investigadores, discutían resultados y proponía los siguientes pasos (…) El que era su despacho sigue lleno de libros de ciencia, incluyendo las ediciones en distintos idiomas de su libro de Fisiología Humana”.

Ni en los momentos más adversos, Houssay consideró emigrar. Para él, la llamada “fuga de cerebros” ponía en riesgo el desarrollo nacional, para el cual la ciencia era fundamental. En 1958 fue uno de los impulsores de la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la principal institución científica del país. Presidió la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Argentina de Biología y la Federación Internacional de Diabetes. También dictó cursos en las instituciones más prestigiosas del mundo.

Pudo haberse radicado en cualquier país desarrollado, pero año tras año rechazó todas las ofertas internacionales. Dedicó muchas horas a formar discípulos en Fisiología y a apoyar a otros científicos. Uno de ellos fue Luis Federico Leloir, médico y bioquímico que trabajó con Houssay en el Instituto de Fisiología. El maestro dirigió su tesis doctoral sobre las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono. El discípulo recibió el Premio Nobel de Química en 1970 por sus investigaciones sobre nucleótidos de azúcar.

Bernardo Houssay siguió trabajando hasta el día de su muerte, el 21 de septiembre de 1971, primer día de la primavera. Sus restos descansan en el Cementerio de la Chacarita, en la bóveda de las familias Catán–Houssay, donde había cinco placas de bronce en su homenaje: de sus discípulos, de la UBA, de la Universidad de Harvard, del Conicet y de la Liga Argentina de Protección al Diabético. Todas fueron robadas en una misma noche.

Fuente: Infobae

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