Morro: la película mexicana que conquista San Sebastián con ternura

En la sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián, una película ha captado la atención de críticos y asistentes: Morro. De esta cantera han surgido figuras como Bong Joon-Ho, Sarah Polley o Ciro Guerra, y ahora emerge Rodrigo García Saiz, un cineasta que busca cuestionar las representaciones habituales de la realidad mexicana en el cine. Su propuesta es un llamado a la ternura en tiempos de guerra y, al mismo tiempo, una reflexión sobre la organización de la industria cinematográfica en su país.

Ya soy un gran triunfador con el simple hecho de haber podido hacer y terminar la película. Hacer cine independiente en México, y en general en el mundo, ya es un triunfo. Cuando uno hace una película, al menos en mi caso, trato de no tener expectativas y de concentrarme en la historia que quiero contar. Pero participar en un festival que admiro tanto, al que soñaba llegar desde la escuela de cine, con una película tan personal e íntima, ante un público tan cinéfilo, es sacarse la lotería”, afirma el realizador, nacido en Ciudad de México y radicado en Madrid, desde donde observa con envidia sana cada función de los cines Golem o Renoir.

“Ahora vivo en Madrid y me llena de orgullo ir al cine y comprobar que no encuentro boletos para una película española. Para mí, esa es una fantasía y una ilusión que me gustaría que sucediera con el cine mexicano”, confiesa el director, quien contrasta ambas realidades cinematográficas. “En España la industria funciona como industria, con películas populares y masivas, pero también hay una cantidad importante de cine de autor que, aunque no siempre tenga una salida multitudinaria, encuentra a su público y permite que los directores continúen haciendo carrera. Es un modelo que, a título personal, envidio muchísimo”.

Rodrigo García junto a Gustavo Sánchez Parra en el rodaje de 'Morro'

El problema de hacer cine en México

Profundizando en esta dificultad, García Saiz detalla los obstáculos para concretar este tipo de proyectos, como ya lo señaló en su momento el cineasta Michel Franco. “El cine es una máquina de tragar dinero. En México, la industria es muy pujante desde lo creativo, pero poco pujante en lo económico. El cine mexicano está financiado casi en su totalidad por el Estado, a través de fondos que permiten a realizadores con películas íntimas y personales acceder al dinero necesario para terminarlas”.

La solución, según el director, pasa por reducir la dependencia de lo público. “La ilusión de quienes trabajamos en la industria es que la iniciativa privada se interese más por el cine y que no dependamos solo de estímulos estatales, porque eso se convierte en un embudo: hay mucho talento y muchas personas que quieren crear, pero existe un límite económico. También falta mucho trabajo en la distribución, que es el último escalón en el que siempre resbalamos”, argumenta Saiz.

Ante este panorama, ¿cómo se logra llevar a la pantalla una película como Morro, que retrata la cruda realidad del país? Con ternura y respeto, explica su realizador. “Es una película que reúne muchos cuestionamientos que tengo en la vida: la pérdida, una masculinidad frágil, la ternura como herramienta o medicina frente a la violencia y la empatía. Toda mi vida he tenido perros y me interesaba hablar, dentro de esta barbarie que vivimos en México y en el mundo, de un ser que no exige explicaciones, que no juzga y que no tiene maldad”. En la trama, un veterinario que ha perdido a su hijo encuentra consuelo cuidando a un perro herido llamado Morro, lo que reaviva el conflicto entre dos bandas del cártel mexicano que le arrebataron a su hijo. Lejos de la violencia gráfica y descarnada, Morro propone una mirada más humana a esta realidad.

Imagen de 'Morro'

Narrar la violencia sin caer en el exceso

“Quería contar una historia en la que el foco no fuera la violencia, sino lo que sobrevive a ella. Ya sabemos que hay sangre, terror y una amenaza constante, pero a veces olvidamos que también hay vidas que siguen adelante, ternura y empatía. Elijo ese camino antes que el de la violencia”, sostiene García Saiz, quien deposita la violencia en el personaje de Ernesto Meléndez, mientras que la ternura y el cariño recaen en Gustavo Sánchez Parra y Anna Diaz, esta última presente también en San Sebastián con la cinta del mexicano Diego Luna. “A Ana la había visto en teatro y todavía no había rodado cine. Es una actriz natural, con una capacidad para atravesar la pantalla con la mirada y para transmitir cosas difíciles de explicar. Me da mucho orgullo que le esté yendo bien”.

Cocinada a fuego lento, con ecos de western que su director no desdeña, Morro se erige como una respuesta al cine de la violencia instaurado en México durante años, y como un mensaje de optimismo y esperanza en tiempos difíciles, tanto para su gente como para su cine. “Desafortunadamente, tenemos a un enemigo silencioso al lado que nos ha oprimido a lo largo de la historia y nos ha hecho creer que el cine de Hollywood es el único que existe. México tiene hallazgos increíbles y probablemente sea uno de los países latinoamericanos con más Oscar y mayor recorrido en festivales. Pero ese cine es muy efímero en la vida cotidiana: me permea como espectador, pero no como realizador ni como productor, porque no hay dinero estadounidense en las películas mexicanas”.

Fuente: Infobae

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