Finalmente, el largometraje ‘La bola negra’ hizo su entrada triunfal en el Festival de San Sebastián, consolidándose como la cinta española con mayor resonancia internacional de los últimos años y la encargada de representar a España en la carrera hacia los Oscar.
Hasta ahora, la expectativa en torno al nuevo trabajo de Los Javis se había gestado en el Festival de Cannes, donde obtuvieron el premio a la mejor dirección y cosecharon críticas entusiastas de la prensa estadounidense. Esa ola de elogios se replicó en los certámenes de Telluride y Toronto, colocando a la película como uno de los títulos más destacados del año.
Y no se equivocan. ‘La bola negra’ es un auténtico acontecimiento cinematográfico que ya forma parte de la historia del cine español. Se aparta de cualquier canon preestablecido, se mantiene fiel al espíritu de sus creadores y construye un relato inédito sobre la Guerra Civil y la memoria histórica desde la perspectiva homosexual, tomando la figura de Federico García Lorca como columna vertebral de la propuesta.
Una película ambiciosa en tres partes
Se trata de una obra ambiciosa que entrelaza tres periodos: 1932, 1937 y 2017, conectados entre sí a partir de materiales diversos. El primero se origina en la obra teatral ‘La piedra oscura’, de Alberto Conejero, que narra el encuentro en un hospital de guerra entre dos soldados de bandos opuestos, quienes enfrentan una conexión más allá del conflicto y desarrollan un vínculo intenso en los umbrales de la muerte. Uno de ellos, Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeau), amigo de Lorca, le pide al otro (Guitarricadelafuente) que proteja una obra inédita del poeta: ‘La bola negra’.
La segunda historia corresponde a la obra inconclusa de Lorca que da nombre a la película, en la que el poeta abordó por primera vez el amor homosexual en la España de su época, marcado por la persecución y la marginación social. Es el segmento más lírico, ya que los creadores ‘reimaginan’ todo aquello que falta en las escasas páginas halladas del manuscrito.
Por último, la parte contemporánea rastrea la herencia de un pasado que aún late en un presente atravesado por las heridas causadas por silencios y secretos. A través del personaje interpretado por Carlos González, se exploran esos caminos ocultos para iluminar todo lo que ha permanecido escondido, tanto literal como metafóricamente.
Imágenes potentes para el recuerdo
Javier Ambrossi y Javier Calvo se muestran más inspirados que nunca al entrelazar estas historias, dando forma a una película repleta de capas que se superponen y envuelven, generando una experiencia cinematográfica catártica.
Sus imágenes son tan potentes que quedan grabadas en la retina gracias a ‘set pièces’ absolutamente portentosas, de una tremenda fuerza expresiva y poder inmersivo. La experiencia resulta arrebatadora, con momentos que explotan por su intensidad, pero también hay espacio para la intimidad que se acerca a la caricia y una cotidianidad que interpela y conmueve.

Los Javis llegaron a San Sebastián con las expectativas por las nubes y lograron triunfar no solo en el extranjero, sino también en casa. Quizás esto sea lo más importante, pues se trata de una película que habla de nuestro país, de nuestra historia silenciada, de lo que nos ha separado y de los puentes que podrían unirnos si desaparecieran la intolerancia, la homofobia, los prejuicios y los extremos ideológicos. La cinta apuesta por el abrazo y la comprensión en un momento en que las heridas y los viejos fantasmas parecen regresar, instalándose en una actualidad profundamente desesperanzadora.
Fuente: Infobae