La voz de un adulto pesa más que sus gestos para el cerebro infantil

Investigadores de la Universidad de Durham han descubierto que los niños pequeños depositan una confianza casi total en los sonidos que escuchan, por encima de las señales visuales, para descifrar las emociones de quienes los rodean. El trabajo, divulgado en septiembre de 2026 en la revista Infant and Child Development, evidenció que frente a un conflicto entre el lenguaje corporal y las vocalizaciones, los menores optan por la información auditiva como criterio principal para determinar el estado de ánimo de una persona.

Este descubrimiento ofrece información fundamental para la psicología del desarrollo y sugiere la necesidad de repensar las estrategias de enseñanza emocional y la interacción de los adultos con los niños, especialmente en contextos educativos y de salud.

El estudio estuvo liderado por el doctor Paddy Ross, del Departamento de Psicología de la Universidad de Durham. Participaron 164 personas distribuidas en tres grupos etarios: niños de 4 a 7 años, niños de 8 a 11 años y un grupo de control de adultos. Los investigadores mostraron a los participantes videos cortos en los que actores representaban emociones a través de posturas corporales, mientras se reproducían sonidos humanos sin palabras: risas, llantos, gritos y expresiones de enfado.

En una primera etapa, las pistas visuales y auditivas eran coherentes: una postura alegre se acompañaba de una risa, o una expresión de miedo se combinaba con un sollozo. Bajo estas condiciones de congruencia, todos los participantes, sin importar su edad, lograron identificar la emoción con una exactitud superior al 90%.

La investigación publicada en Infant and Child Development analizó a 164 participantes de entre 4 y 11 años y adultos (Gentileza, estudio El efecto Colavita (inverso) en el reconocimiento de emociones: niños y adultos llegan a conclusiones diferentes al categorizar estímulos audiovisuales emocionales incongruentes, publicado en Infant and Child Development)

Sin embargo, la dinámica se alteró por completo cuando los científicos incorporaron estímulos contradictorios, por ejemplo, una postura corporal de miedo acompañada de una risa alegre, o un gesto de enfado junto con un sonido de llanto.

Frente a estas señales enfrentadas, los adultos tendieron a confiar en la información visual o no manifestaron una preferencia clara. Por el contrario, los niños de ambos grupos basaron sus respuestas de manera consistente en el sonido que escuchaban, incluso cuando se les indicó explícitamente que ignoraran lo auditivo y se concentraran solo en los movimientos corporales.

Los adultos dieron mayor peso al lenguaje corporal, aunque una parte no mostró preferencia marcada entre señales auditivas y visuales (Imagen Ilustrativa Infobae)

«Los niños pequeños dependen en exceso de lo que escuchan para juzgar las emociones de una situación. Tienen grandes dificultades para ignorar la voz cuando reciben información contradictoria»

afirmó Ross durante la presentación de los resultados en el Reino Unido.

Dominancia auditiva infantil: un mecanismo neurocognitivo clave

La conducta registrada por el equipo de Durham se explica por un mecanismo neurocognitivo documentado en la ciencia como la dominancia auditiva infantil (child auditory dominance).

Mientras que el cerebro de un adulto suele privilegiar los estímulos visuales al interpretar el entorno social, el sistema nervioso en formación de los niños otorga mayor peso a la información auditiva durante los primeros años de existencia.

Los datos indicaron que la precisión de los niños al evaluar posturas corporales disminuyó por debajo del nivel del azar cuando escuchaban sonidos de una emoción opuesta. Esto confirma que los pequeños no respondían al azar, sino que procesaban activamente el estímulo auditivo como la fuente principal de información emocional.

Cuando el sonido y la imagen se contradecían, los niños basaron sus respuestas en la emoción que escuchaban (Imagen Ilustrativa Infobae)

«A la hora de evaluar emociones, niños y adultos pueden llegar a conclusiones completamente opuestas frente a la misma interacción social»

enfatizó el doctor Ross al analizar las diferencias intergeneracionales.

Implicaciones para escuelas y entornos de salud

Los resultados impactan directamente a docentes, personal sanitario y familias. A menudo los adultos se enfocan en adecuar visualmente los espacios infantiles con colores, muebles atractivos o sonrisas forzadas en momentos de estrés. No obstante, el estudio advierte que una fachada serena no basta para calmar a un niño si su tono de voz, el ritmo o la tensión en sus palabras denotan irritación o ansiedad.

El estudio advierte que el tono de voz puede condicionar la comunicación con menores en escuelas y centros de atención sanitaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

El grupo de la Universidad de Durham planea ahora expandir sus indagaciones a las aulas escolares, con el objetivo de examinar cómo la creación de entornos sonoros particulares puede afectar el aprendizaje y el comportamiento infantil.

Entre las futuras líneas de investigación se incluye el estudio del efecto de sonidos ambientales naturales en la disminución del estrés escolar. «Solemos enfocarnos mucho en lo que los niños ven o miran, pero lo que escuchan en un entorno puede ser mucho más determinante para su comprensión y bienestar emocional», concluyó Ross.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK