AMOC: la rapidez del calentamiento podría precipitar su colapso

Un nuevo estudio de investigadores del Instituto de Investigación Marina y Atmosférica de la Universidad de Utrecht replantea los riesgos que enfrenta la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC). Publicado en Nature Climate Change, el trabajo indica que el colapso de esta corriente no depende únicamente de la temperatura que alcance el planeta, sino también de la velocidad con que se caliente.

Si el calentamiento ocurre de forma acelerada, la AMOC podría perder estabilidad incluso con un aumento de 2 °C (3,6 °F) sobre los niveles preindustriales. En cambio, si el calentamiento es gradual, el sistema podría tolerar temperaturas más altas sin desmoronarse. Este hallazgo modifica las estimaciones previas, que se centraban solo en umbrales térmicos.

La AMOC es una vasta red de corrientes que transporta agua cálida desde los trópicos hacia el norte y, a gran profundidad, devuelve agua fría y densa hacia el sur. Este movimiento es esencial para distribuir el calor en el planeta, influir en las lluvias, las temperaturas costeras y el clima de Europa occidental, que resulta más templado que otras zonas en la misma latitud. El estudio no anticipa un colapso inminente, pero advierte que la estabilidad puede reducirse si el calentamiento es demasiado rápido.

La velocidad del cambio altera la respuesta del océano

Hasta ahora, los modelos climáticos ubicaban el posible punto de quiebre de la AMOC cerca de 4 °C de calentamiento global respecto a la era preindustrial, aunque con un rango amplio: entre 1,4 y 8 °C. Esa variación refleja la complejidad de un sistema que depende de temperatura, salinidad, hielo marino, agua de deshielo y movimientos de aguas profundas.

El equipo de Utrecht incorporó un nuevo elemento: la rapidez del calentamiento. Para analizarlo, realizaron simulaciones con el mismo modelo climático pero variando la velocidad de aumento del dióxido de carbono. En un escenario, la concentración subió 0,5 partes por millón por año; en otro, aumentó 2,5 partes por millón anuales, un ritmo cinco veces mayor y cercano al actual.

Con el incremento lento, la circulación atlántica mantuvo su estabilidad hasta un calentamiento de 5 °C (9 °F). Bajo el escenario acelerado, en cambio, la AMOC colapsó alrededor de 2 °C (3,6 °F). La diferencia no es que el océano tolere o rechace una temperatura específica, sino que cuando los cambios llegan más rápido que la capacidad de adaptación de sus componentes físicos, el sistema se desestabiliza.

“Con un calentamiento gradual, todo el océano, desde la superficie hasta sus capas más profundas, tiene tiempo para reorganizarse y adaptarse poco a poco a las condiciones cambiantes”, afirma el coautor Henk Dijkstra, profesor de oceanografía dinámica. “Con un calentamiento más rápido, el océano simplemente no puede seguir el ritmo”.

El funcionamiento de la AMOC depende en gran medida de la formación de aguas densas en el Atlántico Norte. Cuando el agua superficial pierde calor y aumenta su salinidad, gana densidad y desciende hacia capas profundas, alimentando la circulación de retorno. El calentamiento superficial, la reducción del hielo marino y el ingreso de agua dulce alteran este equilibrio. El agua menos salina presenta menor densidad y encuentra más dificultades para hundirse, lo que debilita el motor de la AMOC.

Las estimaciones previas situaron el umbral de la AMOC en 4 grados, pero el nuevo análisis muestra que el ritmo modifica ese límite teórico(Imagen Ilustrativa Infobae)

La novedad del estudio está en la respuesta coordinada que aparece bajo un calentamiento lento. Según los investigadores, una mayor evaporación y una reducción de la extensión del hielo marino ayudan a compensar las retroalimentaciones que debilitan la circulación. La superficie y el interior del océano logran reajustar sus propiedades de manera coherente. Ese mecanismo pierde fuerza cuando el calentamiento avanza rápidamente.

“En este trabajo, identificamos un mecanismo estabilizador de la AMOC que opera en escalas temporales más lentas que las tasas de calentamiento actuales. El forzamiento lento permite un ajuste coherente de las propiedades de la superficie y el interior del océano, respaldado por una mayor evaporación y una menor extensión del hielo marino, contrarrestando así las retroalimentaciones desestabilizadoras”, afirmaron los autores.

La investigación estima una tasa crítica de calentamiento próxima a 0,3 °C por década. El planeta se aproxima a ese nivel. Esto desplaza el foco desde la temperatura máxima hacia la trayectoria que se sigue para llegar allí. Dos escenarios con la misma temperatura final pueden provocar reacciones distintas en la AMOC, dependiendo de si el calentamiento se concentra en pocas décadas o se desarrolla lentamente.

Emisiones y deshielo: factores conectados

El agua dulce del deshielo puede debilitar las corrientes del Atlántico Norte, aunque por sí sola no explica un colapso cercano del sistema oceánico - EFE/Stephanie Langerock

El debate sobre la AMOC suele centrarse en el agua dulce que llega al Atlántico Norte desde Groenlandia, el Ártico y otras regiones polares. El deshielo reduce la salinidad superficial y puede dificultar el hundimiento de las aguas densas. Un estudio anterior del mismo grupo, difundido en 2024, mostró que una descarga suficiente de agua de deshielo puede llevar la circulación hacia un umbral crítico, aunque el volumen requerido para inducir el colapso solo con agua dulce se consideró poco realista para las condiciones actuales.

Por ello, el deshielo por sí solo parece insuficiente para explicar una desestabilización inminente. La nueva investigación amplía ese panorama: el calentamiento rápido puede reducir el margen de seguridad del sistema sin necesidad de un pulso extraordinario de agua dulce.

En trabajos posteriores, el equipo examinó escenarios de emisiones intermedias y altas. Las simulaciones ubicaron un posible punto de inflexión de la AMOC alrededor de 2060, con cerca de 2,5 °C (4,5 °F) de calentamiento. Esa proyección contrastaba con el umbral de 4 °C que aparecía en otras estimaciones. La incorporación del factor temporal ofrece una explicación para esa diferencia y refuerza la necesidad de evitar interpretaciones simplificadas de los modelos.

El autor principal, René van Westen, resumió: “Nuestros resultados demuestran que no existe necesariamente una temperatura fija a partir de la cual la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC) colapse inevitablemente. La estabilidad de la circulación depende de la rapidez con que esté cambiando el clima”.

Un extenso arrecife de coral bajo aguas cristalinas alberga una increíble variedad de vida marina, incluyendo bancos de peces, coloridos corales cerebrales y de mesa, estrellas de mar y algas gigantes, retratando la impresionante biodiversidad de los ecosistemas submarinos. Esta imagen destaca la importancia de proteger estos hábitats fundamentales frente a las amenazas del cambio climático y la actividad humana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La conclusión tiene implicaciones para los planes climáticos que contemplan un sobrepaso temporal de determinados objetivos de temperatura. Esas trayectorias prevén que el mundo supere durante un período el límite de calentamiento acordado y que luego reduzca la temperatura con recortes de emisiones o tecnologías de captura de carbono. Para la AMOC, la duración y la velocidad de esa subida pueden tener consecuencias tan relevantes como el pico térmico alcanzado.

Van Westen comparó la situación con la conducción de un vehículo: “Si vas conduciendo hacia una pared, lo lógico es esquivarla. Para ello, necesitas frenar; de lo contrario, te sales de la carretera. En lo que respecta al calentamiento global, el mundo sigue pisando el acelerador a fondo”.

El estudio no establece una fecha definitiva para el colapso ni presenta la interrupción de la circulación como un desenlace inevitable. Sus simulaciones muestran que el riesgo cambia según la evolución de las emisiones y la rapidez de la respuesta climática.

Fuente: Infobae

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