En 1998, cuando la industria del videojuego aún se asociaba con juguetes de plástico, nació Rockstar Games como una filial de la distribuidora Take-Two Interactive. La compañía había adquirido previamente los activos de BMG Interactive, y los antiguos ejecutivos de esta firma impulsaron la nueva marca. Desde Londres llegaron los hermanos Houser —Sam Houser y Dan Houser— con el ímpetu de quienes tienen poco que perder y mucho que demostrar. La industria los subestimó, y ese fue su primer error. A pocos meses del esperado lanzamiento de Grand Theft Auto VI, recordar estos orígenes resulta imprescindible.
El primer Grand Theft Auto se lanzó ese mismo año con una perspectiva cenital, gráficos que hoy serían considerados primitivos y una premisa provocadora: el jugador encarnaba a un criminal sin disculpas, en un mundo abierto donde las reglas existían para ser ignoradas. No era un héroe disfrazado de antihéroe, sino un delincuente puro. Eso bastó para encender la chispa de la controversia.
La violencia en pantalla desató una guerra real fuera de ella
Desde el principio, GTA acumuló tanto seguidores como detractores. El abogado Jack Thompson se convirtió en el rostro de una campaña que buscaba destruir la franquicia mediante demandas, declaraciones mediáticas y presión legislativa. Sostenía que los videojuegos generaban violencia real. Rockstar, en cambio, defendía que fabricaba arte. Esa batalla legal y mediática duró años y puso en riesgo la viabilidad del estudio en varias ocasiones. Lejos de aniquilar a la compañía, el conflicto la transformó en un símbolo. Cada titular negativo era publicidad gratuita para una saga que prometía exactamente lo que sus críticos denunciaban: libertad sin restricciones.
El salto a las tres dimensiones redefinió lo que podía ser un videojuego
Con Grand Theft Auto III en 2001, todo cambió. Liberty City —una metrópolis inspirada en Nueva York— se desplegó en tres dimensiones y sumergió al jugador en una urbe viva, caótica y moralmente ambigua. Ya no era necesario seguir una ruta lineal; se podía robar un taxi, cruzar la ciudad o simplemente observar el tráfico. El concepto de mundo abierto dejó de ser una promesa de catálogo y se convirtió en una experiencia concreta.
La fórmula evolucionó con Vice City en 2002 y San Andreas en 2004. Cada entrega ampliaba el mapa y la ambición narrativa: bandas sonoras que eran arqueología cultural, personajes con historia y contradicciones, guiones que bebían tanto de Scarface como de las noticias cotidianas.
El libro que documenta el lado B del imperio más rentable del entretenimiento
La historia completa de la construcción de este imperio está recogida en JACKED: La historia fuera de la ley de Grand Theft Auto, del periodista David Kushner, autor también de Maestros del Doom. La obra disecciona los años fundacionales de Rockstar con precisión investigativa y ritmo de novela negra.

Este libro sirvió de base para The Gamechangers, la película de 2015 protagonizada por Daniel Radcliffe en el papel de Sam Houser. Aunque la adaptación capturó parte del espíritu del volumen, las páginas originales profundizan en aspectos que ninguna pantalla abarcó: las negociaciones internas, las crisis creativas, la paranoia de un estudio que sabía que estaba creando algo que no todos querían que existiera.
La edición en castellano, publicada por Game Press en 2020 y disponible por aproximadamente 23 euros, llega revisada y ampliada. Es un documento de época para entender no solo cómo se hicieron los juegos, sino por qué importaron.
GTA VI llega con el peso de una saga que ya es historia de la cultura pop
Con Grand Theft Auto VI a punto de aterrizar en las consolas, la historia de Rockstar no es mero contexto: es la razón por la que la expectativa existe. Pocas franquicias han soportado durante décadas el peso de ser simultáneamente el juego más vendido, el más polémico y el más influyente de su generación.

La saga acumula más de 400 millones de unidades vendidas en toda su historia, una cifra que convierte a GTA en uno de los productos culturales más consumidos del siglo XXI, al nivel de franquicias cinematográficas o musicales con décadas de ventaja. El próximo capítulo promete ser el más ambicioso en escala, presupuesto y alcance narrativo.
Lo que comenzó como la apuesta de dos hermanos con ideas demasiado grandes para la industria de su época derivó en algo que trasciende los videojuegos: una forma de entender la libertad, la ciudad y el caos como materiales de ficción. GTA VI no es solo un lanzamiento; es la continuación de una historia que empezó mucho antes de que nadie supiera cómo terminaría.
Fuente: Infobae