En la era digital actual, una voz familiar, un texto bien redactado o un sitio web con apariencia confiable ya no garantizan que una comunicación sea auténtica. La inteligencia artificial ha incrementado la sofisticación con la que se crean contenidos digitales, modificando las señales tradicionales que usamos para depositar nuestra confianza.
No obstante, es necesario poner el fenómeno en perspectiva. Según el estudio ‘Del fraude a la confianza digital: riesgos, prevención e inteligencia artificial en Perú’, realizado por Experian Perú en 2026, el 73,5% de los peruanos recibió al menos un intento de fraude en el último año. Sin embargo, las técnicas tradicionales aún dominan: entre las víctimas, solo el 4% reportó que la IA estuvo involucrada en el engaño. Los enlaces fraudulentos, las páginas o aplicaciones falsas y las llamadas que simulan ser de entidades conocidas siguen siendo los métodos más comunes.
La verdadera dimensión del problema
Lo realmente significativo no es que todos los fraudes actuales sean creados con IA, sino que esta tecnología potencia la capacidad de hacer parecer auténtico aquello que debería ser verificado con cuidado.

Los hallazgos reflejan una clara tensión. El 92% de los peruanos expresa inquietud ante el posible empleo de IA para cometer fraudes, y el 48% se siente poco o nada seguro de poder distinguir una llamada, mensaje, imagen o video generado o manipulado con esta tecnología. No obstante, un dato aún más relevante es que el 88% desea capacitarse para reconocer estos engaños.
De la preocupación a la acción
Aquí surge una oportunidad importante. Ante amenazas cada vez más complejas, la reacción no debe centrarse en sembrar temor, sino en fortalecer las habilidades de verificación. Esto comienza con un principio fundamental: no juzgar una interacción solo por su apariencia. Es clave examinar el canal de comunicación, corroborar quién solicita los datos, cuestionar si realmente son necesarios y acudir a fuentes oficiales ante cualquier sospecha.
La propia tecnología puede integrarse en la solución. El 57% de los peruanos estaría dispuesto a autorizar que herramientas basadas en inteligencia artificial examinen su información para identificar posibles fraudes. Esto demuestra que, aunque la IA puede hacer más creíbles los engaños, también es capaz de analizar patrones, detectar anomalías y ayudar a prevenir riesgos.

El reto continuará avanzando. La próxima fase de la inteligencia artificial contempla agentes que no solo respondan consultas, sino que también interactúen con empresas y ejecuten acciones en nombre de los usuarios. En ese contexto, será necesario verificar un nuevo aspecto: no solo confirmar la identidad de una persona, sino también asegurarse de que el agente que actúa por ella cuenta con la autorización correspondiente.
En este panorama, datos de calidad, identidad, analítica e inteligencia artificial deberán actuar de manera conjunta para autenticar interacciones e identificar riesgos con un mayor nivel de contexto. La prevención del futuro no consistirá en desconfiar de todo lo digital, sino en contar con herramientas y saberes más sólidos para discernir lo genuino.
Ante una tecnología que progresa a gran velocidad, estar mejor informados resultará tan crucial como estar mejor protegidos.

Fuente: Infobae