IA en universidades: ¿progreso o «rendición cognitiva»?

Desde hace varios meses, la comunidad educativa mundial observa con creciente inquietud cómo la inteligencia artificial impacta negativamente en los procesos de enseñanza. Los alumnos recurren a estas herramientas para prácticamente todo, incluso para cometer fraudes académicos, y un estudio reciente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) alerta sobre lo que denomina una “rendición cognitiva”.

Sin embargo, no todos ven el fenómeno con pesimismo: muchos rectores universitarios reciben la IA con genuino entusiasmo.

A medida que los propios líderes del sector tecnológico advierten sobre los peligros de sus creaciones, crece la brecha entre el optimismo de las autoridades académicas y las reservas de estudiantes y docentes. Estos últimos enfrentan una disyuntiva crucial: ¿incrementar el uso de IA para no quedar rezagados o reducir su empleo para proteger la capacidad de reflexión y el aprendizaje profundo?

Mientras algunos políticos y ejecutivos de la IA mencionan posibles escenarios catastróficos para la humanidad ante el avance de los modelos generativos, los dirigentes universitarios se concentran en la amenaza existencial que esta tecnología representa para sus propias instituciones.

El comité del MIT encargado de evaluar el uso de la inteligencia artificial divulgó en agosto una serie de hallazgos alarmantes. Entre ellos, que la IA ha provocado “cambios importantes en la cultura del campus”, alejando a los estudiantes de las tutorías presenciales y del trabajo grupal. Obtener respuestas inmediatas de un chatbot puede generar “la ilusión de aprendizaje” en quienes recurren a la herramienta “ante la menor señal de dificultad”, señaló el informe.

Al mismo tiempo, el documento reconoció que “el potencial de estas tecnologías para potenciar la labor en todo el campus es inmenso”.

El informe del MIT cristalizó el debate que ya se daba en la educación superior sobre la IA, aunque los altos cargos administrativos llevan años discutiéndolo. Por lo general, los administradores han sido los más entusiastas al impulsar iniciativas con IA, mientras que profesores y estudiantes se muestran más escépticos.

“Creo que hay que apostar por ella, pero haciéndolo de manera reflexiva y ética, y planteando las preguntas adecuadas”, afirmó Wendy Hensel, presidenta de la Universidad de Hawái, quien presentó en julio una estrategia de IA ante su junta de gobierno. “La respuesta correcta ante la IA no es simplemente ‘no’. No puede serlo. Hay que abordarla con curiosidad y comprendiendo sus implicaciones”.

Las políticas que las universidades han creado para responder a la IA suelen reflejar la incertidumbre sobre el camino a seguir: aunque existen algunas normas claras sobre lo prohibido y lo permitido, con frecuencia se deja un amplio margen para que docentes y estudiantes encuentren su propio rumbo.

Expertos advierten: la IA perjudica el aprendizaje

Para un estudiante motivado, un chatbot de IA puede actuar como una especie de tutor. Estas herramientas son capaces de desglosar pasos de un problema matemático, sugerir fuentes novedosas para trabajos de investigación y ofrecer retroalimentación sobre la redacción.

No obstante, un número creciente de estudios sugiere que el uso de la IA también puede perjudicar el aprendizaje real.

Una investigación reciente con 26.000 estudiantes de secundaria en China reveló que la adopción de la IA conllevó un aumento del 18 % en las calificaciones de las tareas, pero una disminución del 20 % en los resultados de exámenes supervisados. La conclusión fue que completar las tareas apresuradamente con ayuda de chatbots reducía el aprendizaje profundo necesario para rendir bien cuando la tecnología no estaba disponible.

Estudiantes entran al centro estudiantil del campus de la Universidad DePaul en Chicago, Illinois, EE. UU. REUTERS/Jim Vondruska

Un estudio del MIT de 2025 mostró que las personas que empleaban chatbots como asistentes de escritura tenían dificultades para recordar lo que habían escrito apenas minutos después de terminar su ensayo. “Básicamente, no se activaba ninguna de las redes de memoria que realmente ayudarían a recordar”, señaló Nataliya Kos’myna, investigadora del MIT que participó en el estudio.

Otras investigaciones han demostrado que quienes confían más y dependen más de la IA tienden a presentar un menor nivel de implicación cognitiva.

Sin embargo, resulta difícil eludir la IA. Los chatbots están integrados en la suite de Google Classroom —presente en casi todas las escuelas— y en muchos sistemas de aprendizaje en línea que usan las universidades.

Algunas herramientas bloquean directamente el fraude o el plagio y permiten a los profesores activar o desactivar funciones específicas de la IA. Pero los chatbots más populares entre los estudiantes pueden completar al instante tareas enteras —incluidos trabajos de investigación— en nombre del alumno.

Muchas universidades están adoptando la IA de todos modos

Sian Leah Beilock, presidenta de Dartmouth, ha sostenido que preparar a los graduados para usar la IA es una necesidad existencial para las instituciones de educación superior.

“En un mundo que promete estar definido por la IA, las universidades que no logren formar graduados capaces de utilizarla de manera productiva se condenarán a la irrelevancia”, escribió recientemente.

El presidente de Harvard, Alan Garber, declaró que la investigación apoyada por la IA está a punto de experimentar un auge capaz de acelerar el ritmo de generación de conocimiento más que en cualquier otro momento de la historia. El Dr. Garber señaló que hoy en día es poco probable que los investigadores de muchos campos se mantengan a la vanguardia sin recurrir a la IA.

Ohio State está integrando la inteligencia artificial en todas las carreras, con la expectativa de que cada estudiante domine el uso de esta tecnología en su campo para cuando se gradúe. La universidad ha instruido a todos los departamentos —desde negocios e ingeniería hasta lengua inglesa y medicina veterinaria— para que capaciten a los estudiantes sobre cómo usar la IA en sus áreas y cuándo no hacerlo.

“¿Qué tareas es aceptable delegar a la IA y cuáles no?”, planteó Ravi V. Bellamkonda, rector de Ohio State, en una entrevista de julio. “La respuesta depende del campo de estudio y de la etapa de aprendizaje en la que se encuentre el estudiante”.

Elizabeth Kiss, rectora de Union College, señaló que las universidades deben enseñar a los estudiantes tanto a usar la IA de manera reflexiva como a reconocer aquello que la IA no puede hacer, como “liderar equipos o ampliar las fronteras del conocimiento”.

No obstante, algunas instituciones están estableciendo límites.

La Universidad de Chicago ha prohibido el uso de IA en ciertos cursos obligatorios de ciencias sociales, mientras que su facultad de Derecho vetó el uso de teléfonos, tabletas y computadoras portátiles en las aulas de primer año. Es una de las pocas que recientemente adoptaron nuevas normas de integridad académica.

La Facultad de Derecho de la Universidad de California, Berkeley, adoptó una política que prohíbe el uso de inteligencia artificial “para conceptualizar, esbozar, redactar, revisar y editar” trabajos presentados para créditos académicos.

La Universidad de Cornell ha creado un procedimiento disciplinario para corregir el uso indebido de la IA sin dejar una mancha en el expediente académico de los estudiantes. Ahora, aquellos acusados de un uso indebido menor podrán asumir la responsabilidad, completar un taller y realizar actividades de reflexión.

Steve Jackson, vicerrector de innovación académica, afirmó que el programa no se usaría para casos de mala conducta flagrante. “Es una oportunidad para sancionar una infracción y detectarla, en lugar de dejarla pasar por alto o permitir que quede impune”, añadió.

Al igual que muchas instituciones, Harvard no cuenta con un reglamento centralizado sobre inteligencia artificial. David Deming, decano de Harvard College, escribió un mensaje a los estudiantes que llegaban para el semestre de otoño expresando su apoyo a un mayor uso de la IA allí donde “pueda profundizar el aprendizaje”, aunque señaló que la institución también buscaba diseñar tareas “a prueba de IA”.

Muchos docentes ya han optado por realizar tareas en papel dentro del aula o por utilizar navegadores restringidos que limitan el uso indebido de la IA. Otros reportan buenos resultados con software de detección de IA, cuya capacidad para identificar textos generados por chatbots —minimizando los falsos positivos— ha mejorado recientemente.

Algunos consideran la IA un aliado fundamental para el pensamiento y la escritura, y apenas imponen restricciones sobre cómo los estudiantes la utilizan. Otros defienden la “alfabetización en IA” y asignan tareas en las que los alumnos deben usar chatbots para redactar un ensayo o un poema, para luego analizar críticamente el resultado e intentar mejorarlo.

En Australia, la Universidad de Sídney ha adoptado un “enfoque de doble vía” considerado un modelo mundial. Independientemente de la disciplina, los estudiantes deben completar algunas evaluaciones presencialmente y bajo condiciones seguras que restringen el uso de la IA. Sin embargo, en otras tareas es obligatorio utilizar la IA para familiarizar a los alumnos con una tecnología que transforma la economía.

“Es casi como la educación sexual”, afirmó Anita Sarma, profesora de informática de la Universidad Estatal de Oregón que ha estudiado el impacto de la IA en los procesos cognitivos de los estudiantes. “Lo van a hacer de todos modos”, señaló. “¿Cómo les enseñamos a hacer un uso responsable?”.

Fuente: Infobae

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