Este lunes, el grupo insurgente hutí anunció una ofensiva de gran envergadura contra instalaciones militares en territorio saudí. Según su portavoz, se lanzaron “decenas de misiles balísticos y drones” contra la base aérea Rey Jalid, ubicada en Jamis Mushait. La acción se enmarca en el recrudecimiento del conflicto en Yemen y como respuesta a los bombardeos que Arabia Saudí ha realizado en apoyo al gobierno yemení reconocido internacionalmente.
El vocero de operaciones militares de los hutíes, Yahya Sari, detalló en un comunicado divulgado por redes sociales que la operación fue “cualitativa y a gran escala”. Los ataques apuntaron a hangares de aeronaves, sistemas de radar, pistas de aterrizaje, depósitos de municiones y otros blancos dentro de la base Rey Jalid. Sari aseguró que los impactos fueron “precisos” y causaron “daños significativos”, aunque hasta el momento Arabia Saudí no ha emitido ninguna declaración oficial al respecto.
“Las Fuerzas Armadas continuarán sus operaciones militares cualitativas en las profundidades del territorio saudí mientras persista la injusta agresión contra nuestro pueblo. Cualquier nueva agresión será respondida con operaciones de mayor alcance e intensidad”, advirtió Sari, quien reiteró que los rebeldes mantendrán sus ataques “hasta que termine la agresión y se levante el cerco” sobre Yemen.
Por su parte, la Defensa Civil de Arabia Saudí activó varias alertas de seguridad en la provincia de Jamis Mushait y la ciudad de Abha, instando a la población a buscar refugio. Hasta ahora no se reportan víctimas ni daños materiales en territorio saudí.
El contexto de esta escalada se remonta al 3 de septiembre, cuando los hutíes lanzaron una ofensiva en las provincias de Taiz y Hodeida. Desde entonces, han logrado avances significativos, incluyendo la toma de la ciudad de Moca y otros puntos estratégicos en la costa del mar Rojo, cerca del estrecho de Bab el Mandeb. Este avance representa un duro golpe para las autoridades yemeníes reconocidas internacionalmente, respaldadas por Riad.
Con estos movimientos, los rebeldes incrementan su capacidad para interferir en el tráfico marítimo del estrecho de Bab el Mandeb —pese a que han prometido no hacerlo—, cuya relevancia creció tras las interrupciones en el estrecho de Ormuz luego de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero.
La situación actual pone en riesgo el frágil alto al fuego alcanzado en 2022. Tras años de guerra, los esfuerzos mediados por Naciones Unidas para lograr un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto iniciado en 2014 —que ha sumido a Yemen en una de las crisis humanitarias más severas del mundo— se ven amenazados por esta renovada violencia.
Fuente: Infobae