Yamila Bêgné: la noche más larga para sanar un corazón roto diez años después

Hay libros que se devoran en una velada y que, curiosamente, narran historias que ocurren en ese mismo lapso. Algo así sucede con La música de las esferas, la más reciente novela de la autora argentina Yamila Bêgné. Su protagonista, Jazmín, sale a recuperar lo que, se supone, le fue arrebatado durante una relación amorosa que la dejó en duelo y con ira. Con la herida aún abierta pese al paso de los años, una Jazmín insomne e iracunda recorre Buenos Aires durante la noche más larga, la del solsticio de invierno que en este rincón del mundo va del 20 al 21 de junio. Jazmín camina durante horas, tiene encuentros fortuitos y recuerda el motivo de su furia bajo el cielo de los astrofísicos y de su propia pasión, el mismo cielo compartido con Sebastián, su antiguo amante. Repite un mantra que es conjuro y es memoria: “Eris, Disnomia”.

Escrita con una lengua plena de matices, la novela (publicada por Omnívora) retrata ese raid pleno de furia en lo que para Jazmín es una oscura noche de justicia. Durante su búsqueda, reverberan la tristeza y la angustia que provocan historias como la de la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, que replica aquello que sucede muchas veces con el final de un amor, cuando alguien queda tan roto por el dolor de la pérdida que necesita desesperadamente dejar de recordar para sobrevivir a su propia historia.

Yamila Bêgné nació en Buenos Aires en 1983. Es Licenciada en Letras y Magíster en Escritura Creativa. Publicó las novelas Cuplá, La máquina de febrero y Estas piedras (Mención de honor del premio Sara Gallardo). Es también autora de los libros de relatos Protocolos naturales, El sistema del invierno, Los límites del control y Los horizontes. Es docente de escritura en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Tres de Febrero y coordina talleres de escritura y lectura. Días atrás conversamos sobre La música de las esferas y sobre cuestiones vinculadas a su proceso de escritura.

El origen de una obsesión astronómica

Al preguntarle a Bêgné de dónde surgió la idea de la novela, explicó que no la tenía en la cabeza desde hacía mucho tiempo, pero sí arrastraba una obsesión por Eris y Disnomia. Este planeta enano, Eris, y su luna, Disnomia, la cautivaron por la sonoridad del nombre y el concepto de incapacidad de nombrar. Además, Disnomia es la discordia en la mitología griega y Eris es el caos. Incluso había intentado escribir un cuento al respecto, pero no funcionó. Sin embargo, la idea la acompañó casi como un mantra: “Eris, Disnomia, Eris, Disnomia”. Después de terminar una novela más parsimoniosa, de un año entero, apareció esta voz en primera persona: enfurecida, pero con una energía que ella considera adorable.

“Apareció esa primera persona con el odio como impulso, pero como un impulso de reconstrucción, no de destrucción, de alguna manera. Salvo por un objeto de su ex pareja que destruye, efectivamente.”

La historia se sitúa diez años después de la ruptura. Jazmín aún siente dolor y furia. Para Bêgné, el tercero en discordia —Eris y Disnomia— resultó clave para hacer verosímil un duelo tan prolongado. Lo que le fue hurtado a la protagonista no es un objeto físico, sino una obsesión, una forma de mirar el mundo. Su acercamiento más poético y atmosférico a esos cuerpos celestes le fue arrebatado por fines académicos y cuantitativos.

Una noche de furia y redención

La estructura de la novela tiene unidad de tiempo y lugar, reminiscente de una tragedia griega. Jazmín es muy enunciativa y hay un coro de personajes que la acompañan: personas que se encuentra en la calle y que le brindan abrazos, ropa y apoyo. Bêgné no lo había planeado, pero ve con agrado esa conexión. La noche del solsticio se convierte en el escenario donde ella va a solucionar ese problema demorado. La solución no es académica ni legal, sino propia, hallada en diálogo con las estrellas y los planetas.

“En una noche algo se acomoda en el cielo, algo se acomoda en la Tierra, y a ella se le vehiculiza la solución, que es una solución a su modo.”

El principal objeto de su furia es Sebastián, quien, según Jazmín, sustrajo sus ideas y obsesiones. Sin embargo, la autora deja abierta la posibilidad de que la búsqueda de Jazmín no esté del todo justificada. Lo que ella soluciona es ese problema consigo misma. Sus cuadernos están donde ella va a buscarlos, pero quizás por razones emotivas, de souvenir. Al final, lo que importa es que ella recupera su capacidad de dormir.

Imagen del planeta enano Eris y su luna Disnomia, de 2022.

El proceso de escritura: paciencia y resguardo

Bêgné confiesa que con el tiempo ha cambiado su forma de compartir lo que escribe. Al principio mostraba más durante el proceso, sobre todo con cuentos. Con las novelas, cada vez empezó a mostrar menos mientras escribía. Necesita comentar y sentirse acompañada en la investigación, pero espera a tener una versión más o menos final para compartir. Luego vienen el pulido y la corrección con amigos de confianza y editores.

“Yo quería por ejemplo que esta fuera una novela feliz. Realmente quería que fuera una novela feliz. Pero en el medio pueden pasar un montón de cosas, porque en el momento de la escritura, por más que uno intente controlar y revisar y programar, siempre pasan cosas distintas.”

Esta experiencia le ha enseñado que la paciencia es fundamental al escribir. Sus grandes amigas escritoras, Mariana Travacio y Valentina Vidal, son sus lectoras de confianza. Con ellas discute problemas de escritura y se leen mutuamente.

Antes de que Jazmín apareciera, Bêgné trabajaba en otra novela sobre un astrónomo del siglo XIX que llega al territorio nacional engañado, persiguiendo un cometa. Le prometen una cúpula para rastrear el cielo a cambio de mediciones meteorológicas, pero la labor meteorológica termina dominándolo todo. Una novela donde la meteorología le ganó a la astronomía, algo que no ocurrió históricamente, pero que a ella le sirvió como punto de partida.

De cadeta a escritora: el camino hacia la palabra

Yamila Bêgné estudió Letras y siempre escribió, pero sin una intención clara. Durante la carrera, conoció a Juan Diego Incardona, quien dirigía la revista El interpretador. Le pidió un cuento, lo publicó y ahí empezó a tomarse la escritura en serio. Trabajó en diversos oficios: cadeta en un laboratorio odontológico, en revistas de medicina, farmacia y sindicatos. Se propuso trabajar de cualquier cosa siempre que tuviera vinculación con la palabra. Poco a poco, empezó a coordinar talleres de escritura y lectura, hasta que todo decantó hacia la escritura creativa.

Sobre su interés frustrado por la astronomía, confiesa que le hubiera encantado estudiar alguna ciencia exacta, pero le daba miedo. La ventaja de ser escritora es poder investigar esos temas para sus libros.

“Una de las cosas más lindas de escribir es poder investigar otras áreas a las que no llegaríamos, lo que sea, botánica, natación, astronomía, geología. Me encanta esos mundos del lenguaje, más allá del conocimiento en sí. Esas palabras que surgen y que, puestas en otros contextos, brillan de otros modos.”

Feminismo y academia en la novela

La novela también aborda los resentimientos del mundo académico y la disputa por la autoría de las ideas. Bêgné decidió poblar ese universo con tensiones y voces, como la de un director de becas, para que no fueran meras funciones sino personajes. Las discordias del ámbito académico acrecientan el impulso de furia de la protagonista, que parece decir: “Ahí voy, vengan de a uno”.

Preguntada si considera La música de las esferas una novela feminista, Bêgné responde que sí, aunque le cuesta pensarla en términos ideológicos durante la escritura. Sin embargo, es feminista porque ella lo es. Reflexiona que nunca hubiera escrito un protagonista masculino para esta historia.

“Sigue siendo mucho más difícil para las mujeres lograr lugares de relevancia académica o en cualquier ámbito del saber; hay algo que se nos sustrae. Se nos sustrae tiempo, se nos suma esfuerzo, pero siempre es más difícil. Y ni siquiera es coyuntura: es estructura.”

Yamila Bêgné:

La noche de Jazmín está llena de color: pelos, ropas, personajes femeninos como Vicky y Violeta —su gemela mayor— que irradian luz. Violeta es una figura luminosa que permite ver lo oculto, que ayuda sin preguntar. Para Jazmín, funciona como una linterna en medio de la oscuridad. Al final, tras recorrer la ciudad entera, logra un sueño demorado durante diez años, ayudada por el cielo, las circunstancias y el recorrido furioso de esa noche.

Fuente: Infobae

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