Una llamada donde se escucha la voz de un hijo, una hermana o un padre puede encender todas las alarmas. Del otro lado, alguien asegura haber sufrido un accidente, estar retenido o necesitar dinero urgente. La proliferación de herramientas capaces de imitar voces e imágenes ha abierto una puerta peligrosa para estafas con inteligencia artificial, diseñadas para aprovechar el miedo antes de que la víctima pueda verificar quién la contacta.
La regla de oro ante cualquier pedido inesperado es clara: verificar el contacto a través de un medio independiente antes de actuar. Si la comunicación llega por teléfono, lo recomendable es colgar y llamar al número habitual del familiar. Si ocurre en una videollamada, se puede recurrir a otra vía conocida, como un mensaje en una aplicación que esa persona usa con frecuencia o una llamada a alguien de su entorno cercano.
La clonación de voz permite reproducir tonos, entonaciones y frases con solo muestras de audio extraídas de redes sociales, mensajes o videos. La suplantación también puede presentarse como una videollamada donde la víctima cree reconocer el rostro de un pariente. En Ecuador aún no se reportan casos de engaños en vivo con un avatar de inteligencia artificial que imite a un familiar durante una supuesta emergencia, pero la posibilidad exige adoptar medidas preventivas antes de que este método se generalice.
Una pregunta personal puede desbaratar el engaño
Frente a un pedido de dinero, una forma eficaz de comprobar la identidad es hacer preguntas cuya respuesta solo conozca la persona real. No deben ser datos que se puedan encontrar en redes sociales, como una fecha de cumpleaños, el nombre de una escuela o un lugar de trabajo. La pregunta debe apuntar a una experiencia familiar, una anécdota o un código compartido.
Incluso una consulta sobre una mascota inexistente puede servir para detectar el fraude. El impostor puede intentar responder de forma evasiva, cambiar de tema o insistir en la urgencia para evitar la verificación. Esa presión es parte de la estrategia: busca que la víctima entregue dinero o información sin contrastar la historia. La urgencia nunca debe reemplazar la comprobación de identidad.
El segundo canal también es indispensable ante comunicaciones atribuidas a bancos, operadoras telefónicas u otras empresas. Si alguien llama para alertar sobre un movimiento extraño, un bloqueo de cuenta o una actualización necesaria, el usuario debe contactar por iniciativa propia a la entidad, usando sus números oficiales, su aplicación o su sitio web. Las entidades financieras no solicitan claves, contraseñas ni códigos de verificación durante una llamada.

Los falsos soportes técnicos buscan controlar tus dispositivos
Entregar credenciales a alguien que se presenta como empleado de un banco es una de las formas más comunes de acceso indebido a cuentas. El engaño puede incluir pedidos de números de tarjeta, claves de acceso, códigos recibidos por mensaje o datos biométricos. Una vez obtenida esa información, los delincuentes pueden autorizar operaciones, cambiar contraseñas o bloquear al titular de sus propios servicios.
Una modalidad similar aparece en llamadas de supuestos representantes de compañías telefónicas. Algunas ofrecen convertir un celular 4G en un equipo 5G, aunque no existe una aplicación capaz de transformar un teléfono 4G en uno 5G. La propuesta busca convencer a la persona para que descargue un programa o permita una conexión remota a su celular o computadora.
Ese acceso puede facilitar la extracción de archivos, contactos, fotos, datos bancarios y credenciales guardadas en el dispositivo. El riesgo no se limita a hacer clic en un enlace sospechoso. Puede comenzar cuando el usuario instala una aplicación a pedido de un desconocido, entrega un código recibido por mensaje o acepta que un tercero controle su pantalla. Ninguna gestión legítima requiere ceder el control del equipo mediante una llamada inesperada.

Consejos ante nuevas estafas con IA
La prevención no significa dejar de usar servicios digitales ni desconfiar de cada trámite en línea. La meta es construir hábitos que permitan emplear esas herramientas con límites claros. Antes de instalar un programa, abrir un enlace o responder a una solicitud, conviene identificar quién lo envía, para qué lo pide y qué permisos exige.
Las personas mayores suelen ser más cautas con tecnologías nuevas, mientras que los jóvenes pueden asumir riesgos con mayor facilidad debido a su familiaridad con aplicaciones, redes sociales y transacciones digitales. La confianza en la rapidez de los procesos puede llevar a omitir pasos de seguridad. Conocer las consecuencias de cada acción digital reduce la exposición a fraudes, sin necesidad de quedar fuera de los servicios disponibles.

La inteligencia artificial avanzará hacia sistemas capaces de realizar tareas con mayor autonomía, conocidos como agentes de inteligencia artificial. Esta evolución puede facilitar actividades legítimas, pero también ampliar las oportunidades de fraude si se combina con identidades falsas, automatización y acceso a datos personales. Confirmar cada contacto imprevisto, evitar compartir claves y recurrir a canales oficiales seguirá siendo una defensa básica frente a una estafa que depende, sobre todo, de que la víctima actúe antes de verificar.
Fuente: Infobae