En la actualidad, España alberga de manera natural únicamente al lince ibérico (Lynx pardinus), una especie endémica de la Península Ibérica que ha logrado recuperarse gracias a los esfuerzos de conservación. Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) de 2025, la población censada alcanza los 2.269 ejemplares, un notable aumento desde principios del siglo XXI cuando estuvo al borde de la extinción.
Sin embargo, no es el único felino de su género que ha pisado suelo español. El lince boreal (Lynx lynx), considerado el mayor felino silvestre de Europa, sí logró establecerse en la península, pero actualmente está extinto en el país. También conocido como lince europeo, eurasiático o común, tuvo una de las distribuciones más amplias entre los felinos, abarcando gran parte de Europa y Asia.
En la zona occidental del continente, durante los siglos XIX y XX desapareció de numerosas regiones. Países como Suiza, Italia, Alemania y República Checa han puesto en marcha programas de reintroducción. En Francia, se estima que quedan aproximadamente 150 ejemplares, por lo que es una especie protegida.

Este profundo declive responde a múltiples factores sostenidos en el tiempo que representaron una grave amenaza para el depredador: la caza excesiva, el furtivismo motivado por conflictos con intereses ganaderos, la destrucción de su hábitat natural, la escasez de ungulados (su principal fuente de alimento en invierno) y el elevado interés por su aprovechamiento peletero.
A nivel mundial, sin embargo, la especie no está considerada amenazada. La Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la cataloga como “de preocupación menor”, debido a su amplia distribución y a la estabilidad de sus poblaciones en el norte de Europa y gran parte de Asia. No obstante, en numerosas zonas de Europa, Oriente Medio y Asia Central ya ha desaparecido.
El ocaso del lince boreal en España
En España, el lince boreal figura en el Listado de especies extinguidas en todo el medio natural español. Llegó a ocupar el norte de la Península Ibérica, pero a partir del siglo XIX sufrió una importante regresión geográfica, desapareciendo del área cantábrica y quedando recluido en el entorno del País Vasco y los Pirineos.

El golpe definitivo ocurrió en la primera parte del siglo XX, cuando se registraron los últimos indicios fidedignos de la especie en la vertiente española de los Pirineos, según el MITECO. A partir de entonces, se considera extinta en el país. Sin embargo, en 2019 una noticia generó esperanza sobre un posible regreso. En el centro de recuperación de fauna MónNatura Pirineus nació Minairó, el primer lince boreal nacido en el Pirineo catalán desde la extinción de la especie. Sus padres, dos linces nacidos en cautiverio en mayo de 2008 en un zoológico de Galicia, fueron trasladados al centro en agosto de ese mismo año.
Propuestas para su regreso
Actualmente, no existe un programa oficial español de reintroducción del lince boreal, pero han surgido propuestas. La más reciente provino de dos asociaciones ecologistas: Amics del Parc Natural de l’Alt Pirineu y ADLO Pirineo. Plantean una prueba piloto en el Parque Natural del Alto Pirineo para evaluar los efectos de un futuro regreso. La idea inicial sería liberar machos castrados para monitorear su impacto en el ecosistema sin que se reproduzcan antes de verificar las consecuencias. Según las organizaciones, esto podría beneficiar el control de herbívoros como corzos, rebecos, muflones y ciervos, cuyo número ha crecido notablemente, y también desplazar a depredadores del urogallo (en peligro de extinción) como zorros, martas y garduñas.
Ya en 2016 se planteó un programa similar en el Valle de Arán, pero fue rechazado por falta de consenso y oposición de cazadores y ganaderos. Si el lince boreal volverá a dominar las montañas de los Pirineos, solo el tiempo lo dirá. La historia de este depredador felino invita a reflexionar sobre la importancia de cuidar la fauna antes de que desaparezca.
Fuente: Infobae