Un traje blanco que un pequeño de apenas ocho años le pidió a su madre terminó marcando el destino artístico de Cristian Castro. En una conversación con el grupo Matisse, el intérprete mexicano compartió cómo la imagen de José José ataviado con esmoquin influyó en su trayectoria como cantante de baladas.
La historia surgió cuando le preguntaron por qué escogió la música romántica como eje central de su carrera, a pesar de crecer en un entorno hogareño vinculado al humor y al espectáculo popular. Castro respondió con una vivencia de su niñez que combinaba imitación, anhelo y una fascinación estética muy concreta.
El momento exacto que lo llevó a la balada
El artista explicó que su inclinación por el género romántico no provino de una vocación abstracta, sino de una imagen específica: la del traje y la corbata. Antes de pensar en cantar, afirmó, quiso vestirse como los hombres que veía sobre los escenarios.
“Me impresionó más el traje. Me impresionó más el traje, la corbata”, relató Cristian Castro.
El cantante situó ese recuerdo en su infancia en Argentina, donde acudía a funciones de tango.

“Desde chiquitito veía niñitos tangueros. Cuando estuve viviendo en Argentina veía chicos vestidos de traje”, contó. Esos pequeños, de su misma edad, lucían un estilo que el niño Castro deseaba replicar.
La solicitud fue directa a su progenitora.
“Le dije: ‘Yo quiero ese, mamá, el blanco, ese blanco’”,
recordó el cantante. Verónica Castro reaccionó de inmediato: al día siguiente lo llevó con un sastre para que le confeccionara trajes a su medida.
“Mi mamá me mandó al otro día a un sastre y me hizo unos trajecitos”, dijo. El intérprete precisó que apenas tenía ocho años cuando empezó a usar corbata como parte de su vestimenta habitual.
El encuentro con su gran referente
Ese gusto por la elegancia halló después una inspiración definitiva en José José. Castro recordó que iba con frecuencia al Teatro Blanquita, conocido popularmente como “el patio”, donde el cantante se presentaba cada diciembre.
“Voy al patio. Todos los años íbamos al patio en diciembre”, dijo. Ahí, aseguró, observaba a un José José siempre de esmoquin, con una puesta en escena que combinaba solemnidad y emoción.
“Era José José de traje, era José José de esmoquin. Y dije: ‘Este es el personaje, este es el personaje’”, afirmó Cristian Castro.

La timidez infantil que lo llevó a cantar
El cantante vinculó esa admiración estética con una dificultad personal que atravesó en su niñez: no sabía cómo acercarse a las niñas que le atraían ni cómo expresar sus sentimientos.
“Era cantando porque veía que no las seducía yo naturalmente. Mandaba chocolates, las chicas estaban ahí, ahí, ¿no? Pero yo no sabía cómo concretarlo”, explicó.
Ante esa limitación, encontró en la figura del cantante romántico una solución.
“Dije: ‘No, pues el cantante, tiene que ser el cantante, es el único que me va a ayudar’”, contó.

Castro situó ese proceso en un contexto cultural concreto: los años ochenta, década que definió como un momento de romanticismo intenso y expresivo, muy distinto al que percibe en las nuevas generaciones.
“En los ochenta se vivió mucho un romanticismo ya desbordado y tan lindo”, dijo. Para el intérprete, esa atmósfera consolidó su decisión de dedicarse al bolero y a la canción romántica como forma de vida.
El artista relató además que llegó a coincidir personalmente con José José en diversas oportunidades. Aseguró que solía visitarlo en el foro donde se grababa El Chavo del Ocho, otro de los espacios que frecuentaba en su infancia.

“Lo iba a ver a Ramón y al Chavo”, dijo.
Según su memoria, José José lo saludaba con familiaridad: “Me saludaba: ‘Qué onda, Chavo’, me decía”.
Castro describió esos encuentros con afecto y los catalogó como parte de una etapa formativa que definió su relación con la música y con la figura del cantante romántico como personaje público.
Décadas después, el intérprete confesó que aún aspira a acercarse al nivel de artistas como José José, Juan Gabriel y Vicente Fernández. Dijo que desea representar “con más respeto” el género que heredó de esa generación.
Fuente: Infobae