Aitana reina en Madrid: Cuarto Azul World Tour deslumbra en el Movistar Arena

Desde su infancia en Sant Climent de Llobregat (1999), Aitana ha encontrado en el azul un símbolo de esperanza y en su cuarto, su refugio personal. Poco más de un año después de su debut en el Riyadh Air Metropolitano —tras dos años de gestiones para cumplir su sueño de cantar en el Bernabéu—, la artista catalana volvió a presentarse en Madrid este viernes, inaugurando cuatro fechas en el Movistar Arena. Esta vez con el Cuarto Azul World Tour, una extensión de la minigira de estadios —que incluyó el Olímpic de Barcelona y dos funciones en el Metropolitano—, pero con una puesta en escena más conservadora y adaptada a las dimensiones de una arena.

Aquellas tres fechas previas la consagraron como la superestrella que Aitana y su equipo han construido durante nueve años. Ahora, este concierto —que arrancó en Roquetas de Mar en mayo— no podía defraudar, especialmente porque representa su carta de presentación internacional. En los próximos meses tiene previstos 11 conciertos en Latinoamérica, y cerrará el año en Nueva York y Miami. Para 2027 llegarán fechas en Londres, Milán, Lisboa y París.

Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)

En este punto, tanto la crítica como el público exigen estándares que la propia cantante se encarga de elevar para no perder su estatus de estrella ni la metamorfosis que la consagró en los estadios. Las expectativas se cumplieron, pese a un sonido sobresaturado, gracias a una puesta en escena y una actitud totalmente acordes a su evolución: ya no queda rastro de aquella Aitana que luchaba por bailar la coreografía de El mismo sol en OT. Ahora mira a cámara con intensidad mientras se coloca, consciente de su valor y de lo que representa. “Vaya si es guapa la tía”, se escucha entre el público.

Con un impactante vestido blanco y azul de volantes de la marca Devo y una puntualidad impecable —rara en el contexto de las divas actuales—, a las 21:00 horas comenzó un espectáculo que durante cerca de dos horas repasó los temas más emblemáticos de sus últimos álbumes: 11 razones (2020) y Alpha (2023), pero con especial énfasis en Cuarto azul (2025), que da nombre a la gira y que nació de una depresión y dos rupturas sentimentales —con Miguel Bernardeu y Sebastián Yatra—, seguidas de un proceso de sanación gestado en la habitación de su infancia.

Aitana estrella: año II

El concierto no podía comenzar de otra manera: una decena de bailarines invadió las cuatro paredes de su infancia, transformadas ahora en un escenario de dos pisos con una cama romántica y una colcha digna de Pinterest —es difícil no imaginar el costo de esos metros cuadrados en Madrid—. En las tres pantallas (dos laterales y una central, del tamaño perfecto para grabar un TikTok), un cielo azul nublado que se despeja a lo largo de la noche, mientras sus tormentas también se disipan. Así, como si estuviera en una rave dentro de su habitación, arrancó con 6 de febrero, tema presentado en la serie documental Metamorfosis (Netflix, 2025) y que su familia y equipo le repitieron que “eso no iba a ser un hit”.

Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)

Sin apenas pausa, llegaron Segundo intento y Duele un montón despedirme de ti, canción que interpreta junto al cantante puertorriqueño Jay Wheeler, quien apareció sorpresivamente para cantarla a dúo. Apenas iniciado el show, se desató un terremoto de 3,5 en la escala de Richter: niñas, niños, madres, padres, veinteañeros y treintañeros gritan sin pudor el nombre de su ídola. “Cuando entro al Movistar Arena y os veo a todos con los looks de azul, con las pancartas… Es realmente una locura cómo os lo curráis”, expresó la cantante al comienzo. No falla: desde que Taylor Swift popularizó el method dressing en los conciertos, cada artista tiene el suyo; aquí, una ola de azul klein inunda toda la zona de Goya.

Una vez hechas las presentaciones, el concierto se convirtió en un sinfín de éxitos: + (Más), junto a Cali Y El Dandee; Trankis, con Barry B; Gran Vía, con Quevedo; y Formentera, con Nicki Nicole. Aunque ninguno de ellos pudo asistir, el público se encargó de poner todos los coros. Entre los momentos más esperados estuvo bailar Las babys, tema del electropop Alpha que incluye un sample de Saturday Night, donde Aitana baila su propia versión al ritmo del “dee dee na na na” noventero; y corear Mon Amour, single de Zzoilo de 2020 que la catalana remixó más tarde. Nadie, ni siquiera la propia Aitana, parece haberse cansado de esta canción tras cinco años de repeticiones.

Pero entre canción y canción apenas queda espacio. La escenografía es deslumbrante, las coreografías y sus bailarines también, y el orden de las canciones resulta una delicia. Quizás faltan aquellos primeros singles que publicó tras salir de OT, pero reclamar Teléfono a estas alturas solo es para nostálgicos. De esta forma, todo está donde debe estar y ocurre cuando debe ocurrir, hasta el punto de que acciones como sacar una botella de agua con popote o un cepillo para peinar su melena parecen robotizadas, considerando que ya han circulado varios TikTok del show.

La espontaneidad, con coreografía

Porque el espectáculo está tan meticulosamente planeado que precisamente los pocos momentos en que se descosen son los que más recuerdan a la niña que comía a escondidas sanjacobos con leche. “He salido tan nerviosa que le he dicho a mi equipo: ‘Chicos, agarradme bien, que estoy mareada’. Es la emoción del momento, para mí es tan fuerte no acostumbrarse a esto. Esto es una maldita locura y doy gracias todos los días”, confesó en un momento del show, para luego bajar al foso e interactuar con fans, en su mayoría niñas: “¡Holaaaa! ¡Qué pequeña!”, le dijo a una por videollamada. “¡Qué guapísima! ¡Qué guays esas trenzas!”, a otra. También agradeció a Madrid por darle su “familia escogida”, entre ellos, su novio, el youtuber Plex (Daniel Alonso), con quien mantiene una relación desde hace más de un año.

La cantante Aitana, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)

Acostumbrados a giras que utilizan canciones sorpresa, apariciones de famosos y momentos virales para mantener al público en vilo noche tras noche, Aitana apuesta por un show milimétricamente calculado que no deja espacio para la improvisación. Tal vez ese haya sido siempre el gran fantasma de la artista: la delgada línea entre el control absoluto de su carrera y quienes insisten en ver detrás de ella una marioneta. Sea como sea, el trono, por ahora, sigue siendo suyo, y su cuarto azul, ahora, de todos.

Fuente: Infobae

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