Pasta de tomate diaria podría mejorar atención y memoria según estudio

El tomate, ingrediente fundamental en las cocinas de todo el mundo, suele pasarse por alto como objeto de investigación científica seria. Sin embargo, un equipo de investigadores españoles decidió analizar qué ocurre en el cerebro cuando una persona consume pasta de tomate todos los días durante tres meses. Los resultados, publicados en la revista Antioxidants, mostraron cambios significativos en atención, memoria y actividad cerebral, registrados mediante resonancias magnéticas funcionales.

La pregunta que impulsó el estudio no era trivial. Se sabía que el tomate contiene licopeno, un pigmento rojizo con propiedades antioxidantes que puede cruzar la barrera hematoencefálica, la capa protectora entre el torrente sanguíneo y el cerebro. Lo que no estaba claro era si el consumo constante y concentrado de tomate podía generar diferencias medibles en el funcionamiento mental de una persona sana. Ese vacío buscó llenarlo el estudio encabezado por Ricardo López-Solís, investigador de la Universidad de Barcelona.

El estudio no afirma que el tomate cure o prevenga enfermedades. Los autores presentan los hallazgos como indicios preliminares que requieren confirmación en investigaciones más amplias. No obstante, el resultado tiene relevancia: los propios investigadores señalan que es el primer ensayo clínico que vincula cambios en los niveles de licopeno en sangre con modificaciones en la conectividad funcional del cerebro.

El diseño del ensayo clínico

El ensayo clínico aleatorizado incluyó a 47 adultos de entre 40 y 55 años, y 42 completaron las dos etapas del protocolo con dieta rica en tomate y dieta baja en licopeno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio se llevó a cabo en Barcelona con 47 adultos sanos de entre 40 y 55 años, de los cuales 42 completaron todo el protocolo. Se trató de un ensayo cruzado y aleatorizado, donde cada participante experimentó las dos condiciones del experimento, usando su propio desempeño como punto de comparación.

Durante uno de los períodos de tres meses, los voluntarios consumieron pasta de tomate concentrada a razón de 0,5 gramos por kilogramo de peso corporal, aproximadamente 35 gramos diarios. En el otro período, siguieron una dieta baja en licopeno. Entre ambas fases hubo un mes de pausa para que el organismo regresara a su estado basal.

Al finalizar cada etapa, los investigadores evaluaron el desempeño cognitivo con pruebas neuropsicológicas validadas, analizaron muestras de sangre y, en un subgrupo de 14 participantes, obtuvieron imágenes mediante resonancia magnética funcional en reposo, técnica que mide la coordinación entre distintas regiones cerebrales sin que la persona realice ninguna tarea durante el escaneo.

Tras la etapa con pasta de tomate, la evaluación mostró mejoras en concentración, velocidad de procesamiento y memoria asociativa, sin cambios en las funciones ejecutivas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Resultados en atención y memoria

Los datos mostraron que, tras la etapa con tomate, los participantes obtuvieron 7,2 puntos más en concentración y 8,3 puntos más en velocidad de procesamiento en la evaluación de atención selectiva, la capacidad de enfocarse en lo relevante mientras se ignoran distracciones. También se registró una mejora de 0,8 puntos en memoria asociativa, que mide qué tan bien una persona vincula un rostro con un nombre. En cambio, no se observaron cambios significativos en las funciones ejecutivas.

El licopeno y la proteína BDNF

Los análisis sanguíneos confirmaron que los niveles de licopeno aumentaron de forma marcada durante la etapa con pasta de tomate. Además, se detectó un incremento promedio de 15,2 nanogramos por mililitro en el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína asociada al aprendizaje y la plasticidad neuronal. No obstante, el propio estudio califica ese resultado como limítrofe, lo que impide afirmar con certeza que el tomate eleve el BDNF de manera consistente.

“El licopeno es un compuesto liposoluble, soluble en grasa, y el calor que interviene en la cocción del tomate rompe sus paredes celulares y lo hace más disponible para el organismo. Por eso, una pasta concentrada y cocida resulta una fuente más potente que el tomate crudo”, explicó Rachel Kopec, profesora asociada de nutrición humana de la Universidad Estatal de Ohio, al New York Times.

Cambios en la conectividad cerebral

Los autores advirtieron que el estudio sobre tomate y función cognitiva no prueba que el tomate cure o prevenga enfermedades y señalaron que hacen falta ensayos más amplios. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La parte más innovadora y también más provisional del estudio involucra las imágenes cerebrales. Solamente 14 de los 42 participantes se sometieron a resonancias magnéticas funcionales, una muestra que los autores reconocen como pequeña. Aun así, los resultados mostraron un patrón que consideran sugerente.

Tras la dieta rica en tomate, se observó menor conectividad en las redes frontoparietal y auditiva, conjuntos de áreas cerebrales involucradas en la atención sostenida y el procesamiento de información. Durante la etapa baja en licopeno, en cambio, disminuyó la actividad conjunta de la red dorsal de atención, que se activa cuando una persona dirige deliberadamente su mirada hacia algo del entorno.

“Estos cambios neuronales sugieren que la ingesta de tomate promueve una reorganización funcional de las redes cerebrales de gran escala, mejorando la eficiencia y la adaptabilidad neuronal”, señala el estudio.

Un estudio en Barcelona evaluó qué pasa en el cerebro cuando adultos sanos consumen pasta de tomate todos los días durante tres meses. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores comparan esa reorganización con la observada en estudios de entrenamiento de la memoria de trabajo, que es la capacidad de retener y manipular información de forma activa y momentánea.

Limitaciones y conclusiones

El ensayo presenta una limitación que los propios investigadores mencionan: no fue ciego, es decir, tanto participantes como investigadores sabían en todo momento qué dieta seguía cada persona, lo que pudo influir en la motivación y el esfuerzo durante las pruebas.

“Estas conclusiones aportan pruebas de que el consumo de tomate puede apoyar la función cognitiva y modular la conectividad cerebral en adultos sanos de mediana edad”, concluyen los autores.

Para confirmar si esos cambios persisten en el tiempo o tienen consecuencias clínicas reales, harán falta ensayos con más participantes y seguimientos más extensos.

Fuente: Infobae

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