¿Universidad o IA? Lo que una experta colombiana revela sobre la academia

El debate sobre el valor de la educación superior en tiempos de inteligencia artificial ha tomado fuerza en Colombia, luego de que la creadora de contenido Kika Nieto cuestionara públicamente si sigue siendo rentable pagar una carrera profesional cuando las herramientas tecnológicas pueden responder prácticamente cualquier consulta en segundos.

Vanessa Sánchez Mendoza, vicerrectora académica y de investigación de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, sostiene que la formación universitaria debe trascender la simple entrega de información y enfocarse en capacidades que la tecnología no puede asumir por sí sola.

La influencer planteó en redes sociales que, en el año 2026, las personas destinan millones de pesos a una formación tradicional mientras que la inteligencia artificial es capaz de organizar planes de aprendizaje, resumir textos, analizar datos y proponer explicaciones de manera instantánea.

“Yo no me arrepiento de haber estudiado, pero sí me pregunto por qué hoy en día, que estamos en 2026, las personas siguen decidiendo pagar tantos millones de pesos por asistir a una universidad”, manifestó Nieto.

La universidad ante la tecnología que entrega respuestas

Según Sánchez, la inteligencia artificial puede facilitar el acceso a la información y acompañar tareas académicas, pero no elimina la necesidad de una formación universitaria. La vicerrectora explicó que el propósito de la educación superior debe desplazarse de la mera transmisión de contenidos hacia el desarrollo del juicio, la creatividad, la colaboración y la responsabilidad.

Ir a la universidad sigue teniendo sentido porque la IA ofrece información, pero no reemplaza el proceso de aprender a contrastarla, discutirla, tomar decisiones con otros y responder por sus consecuencias. La nueva formación académica debe preparar a los estudiantes para usar la tecnología con criterio, rigor y responsabilidad.

“Hay aprendizajes que no se producen simplemente porque alguien nos entregue información, sino que se construyen cuando tenemos que pensar, discutir con otros, tomar posición, equivocarnos, argumentar decisiones y hacernos responsables de sus consecuencias”, explicó Sánchez Mendoza.

Para la académica, la presencia de la IA obliga a revisar qué habilidades deben desarrollar los estudiantes por sí mismos. La pregunta no se limita a cuánto conocimiento puede suministrar una plataforma, sino a la capacidad de comprender problemas, formular preguntas y usar esa información en situaciones concretas.

La universidad se convierte así en un espacio de interacción entre personas con trayectorias, conocimientos y posturas distintas. Esa convivencia, de acuerdo con la vicerrectora, ofrece experiencias que una herramienta tecnológica no reproduce, como resolver desacuerdos, reconocer errores y construir acuerdos.

Vanessa Sánchez Mendoza afirmó que la inteligencia artificial no reemplaza el aprendizaje de contrastar información, discutirla con otros y asumir las consecuencias de las decisiones - créidito Imagen Ilustrativa Infobae

Pensamiento crítico para evaluar la información

El pensamiento crítico figura entre las capacidades que adquieren mayor peso ante el avance de la inteligencia artificial. Una respuesta producida por una herramienta puede parecer convincente, pero evaluar su confiabilidad, pertinencia y suficiencia exige un análisis humano.

En la formación universitaria, los estudiantes aprenden a contrastar fuentes, identificar supuestos, reconocer sesgos y considerar perspectivas diferentes antes de llegar a una conclusión. Ese proceso permite que la información no se convierta automáticamente en una decisión o en una afirmación aceptada sin revisión.

“El pensamiento crítico empieza justamente cuando dejamos de preguntarnos solamente cuál es la respuesta y comenzamos a preguntarnos por qué deberíamos creerla, qué evidencia la respalda y qué consecuencias tendría aceptarla”, señaló Sánchez Mendoza.

La vicerrectora planteó que el acceso inmediato a grandes volúmenes de información no garantiza comprensión. La tarea de la educación superior será enseñar a relacionar datos, cuestionar argumentos y determinar qué uso puede darse a los contenidos generados por sistemas tecnológicos.

Este reto tiene consecuencias para estudiantes, docentes e instituciones. La IA puede servir para organizar ideas o analizar información, pero el aprendizaje debe incluir la capacidad de identificar límites, errores o vacíos en las respuestas producidas por la tecnología.

El pensamiento crítico gana peso ante la inteligencia artificial porque evaluar la confiabilidad, la pertinencia y la suficiencia de una respuesta exige análisis humano - crédito Secretaría de Desarrollo Económico

Aprender con otros, convivir y crear

La vida profesional exige resolver problemas con otras personas, señaló Sánchez Mendoza. Por ello, la universidad debe enseñar a escuchar, explicar una idea, argumentar, reconocer los aportes ajenos y construir decisiones compartidas en entornos donde existen diferencias.

La experiencia académica permite que los estudiantes se relacionen con profesores y compañeros de distintas trayectorias e ideas. Estos encuentros pueden dar lugar a redes profesionales, amistades, proyectos y conversaciones que complementan los contenidos vistos en una asignatura.

La convivencia con puntos de vista no elegidos también hace parte de la formación. Una herramienta de inteligencia artificial puede ajustarse a las preguntas del usuario, mientras que el contacto con otras personas obliga a interpretar contextos, expresar desacuerdos y revisar posiciones propias.

La creatividad es otra de las capacidades que la universidad debe fortalecer. Aunque la IA puede combinar ideas con rapidez, crear implica reconocer un problema, formular preguntas, tolerar la incertidumbre, probar alternativas, corregir errores y decidir qué solución tiene sentido para una situación determinada.

Para Sánchez Mendoza, el desafío no consiste en competir con la capacidad de generación de contenidos de la tecnología. La formación debe preparar a los estudiantes para transformar ideas en respuestas pertinentes frente a problemas reales.

La experiencia universitaria aporta convivencia, redes profesionales y la capacidad de escuchar, argumentar y construir acuerdos con personas de trayectorias distintas - crédito Colprensa

Liderazgo y responsabilidad frente a las decisiones

Ahora bien, la inteligencia artificial puede organizar información, analizar escenarios y sugerir opciones, pero no puede asumir la responsabilidad moral y social por una decisión. Sánchez Mendoza sostuvo que esa diferencia mantiene vigente la necesidad de formar líderes capaces de actuar en condiciones de incertidumbre.

Liderar supone comprender a otras personas, movilizar capacidades y construir propósitos compartidos. La universidad ofrece escenarios para participar en proyectos, tomar decisiones y trabajar alrededor de problemas concretos, con resultados que deben ser evaluados por quienes los impulsan.

“La universidad no tiene que competir con la inteligencia artificial. Tiene que enseñar a trabajar con ella con rigor, responsabilidad y sentido crítico”, puntualizó la vicerrectora académica y de investigación de la Konrad Lorenz.

La académica agregó que las instituciones deben preservar “la conversación, la curiosidad, el juicio, la creatividad, el encuentro con otros y la responsabilidad sobre nuestras decisiones”.

Fuente: Infobae

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