Un equipo de investigadores logró identificar zonas clave de reproducción de rayas diablo en el Caribe y el Atlántico occidental gracias a una combinación de fotografías tomadas por turistas, registros científicos y datos provenientes de la pesca. El hallazgo confirma la presencia de estas especies —catalogadas en peligro crítico de extinción— en 17 países de la región, donde enfrentan una fuerte presión por la actividad pesquera y aún son poco conocidas por la ciencia.
El trabajo fue publicado en la revista Endangered Species Research y reunió información de naciones como Honduras, Venezuela, Brasil, Uruguay, Colombia y México, entre otras. Para lograrlo, los científicos rastrearon imágenes compartidas en redes sociales, plataformas como YouTube e Instagram, y contactaron directamente con centros de buceo.
La investigación analizó tres variedades de rayas diablo: Mobula tarapacana, Mobula mobular y Mobula thurstoni. En total, se recopilaron 970 avistamientos que corresponden a 1.866 individuos, según detalla el estudio.
La bióloga marina Gabriela Ochoa, una de las autoras del estudio, explicó que la búsqueda implicó un exhaustivo rastreo de imágenes compartidas por turistas y centros de buceo:
“Nos tocó buscar en redes sociales, en YouTube, en Instagram, en centros de buceo, en todos lados”.
La especie más registrada amplió su rango

De las tres especies, la que más avistamientos acumuló fue M. tarapacana, con 608 registros y 1.378 individuos. El estudio logró extender su rango de distribución hacia el norte, hasta Salem, Massachusetts, donde en agosto de 2007 apareció un ejemplar muerto de 3,4 metros que inicialmente fue identificado erróneamente como una mantarraya.
Las rayas diablo son parientes más pequeños y difíciles de observar que las mantarrayas, aunque pueden alcanzar hasta 3,7 metros de envergadura. Se trata de animales pelágicos que viven en mar abierto, se desplazan constantemente y pueden recorrer largas distancias.
La bióloga marina señaló que
“están en constante movimiento y a veces pasan por zonas costeras donde son víctimas de la pesca”.
Agregó que en lugares como las Islas de la Bahía de Honduras o Bonaire se observan con mayor frecuencia debido a que las aguas profundas cercanas a la costa facilitan sus desplazamientos verticales.
La captura apareció en más de una quinta parte de los registros

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que 208 de los 970 registros —es decir, más del 21%— correspondieron a interacciones con pesquerías. Este dato atraviesa todo el análisis y refuerza la preocupación por el impacto de la captura dirigida e incidental sobre estas especies.
En el caso de M. thurstoni, la situación resultó especialmente alarmante. Aunque solo se reunieron 99 avistamientos de 167 individuos, el 62,6% de sus registros en la región provino de capturas pesqueras.
La investigación identificó como punto más crítico a Venezuela, particularmente el área entre isla Margarita e isla La Blanquilla. Allí se documentaron 94 individuos desembarcados por pescadores locales, entre ellos hembras preñadas de M. mobular y M. thurstoni, ejemplares inmaduros y machos adultos de M. tarapacana.
Zona clave para la reproducción

La presencia simultánea de hembras gestantes y animales en distintas etapas de desarrollo llevó a los autores a sugerir que esa zona venezolana podría funcionar como un hábitat reproductivo crítico para las especies.
En el caso de M. thurstoni, la mayoría de los ejemplares caribeños fueron observados en interacciones con la pesca, incluidos 33 individuos desembarcados en isla Margarita, entre ellos 7 hembras preñadas. Algunas de estas rayas fueron vistas frente a las Islas de la Bahía, en Honduras, en los cayos de Belice y en la isla de Granada.
La investigadora indicó que
“si capturan una raya de manera incidental, la filetean y venden la carne, pero no es algo que hagan de forma sistemática”.
Sin embargo, explicó que muchas veces los animales mueren antes de que los pescadores retiren las redes:
“como caen en los trasmallos y estos los colocan por mucho tiempo, ya están muertas cuando los van a recoger”.
Un panorama similar fue descrito para el Atlántico sudoccidental, donde la mayoría de los 35 avistamientos de este grupo en Brasil y Uruguay también estuvieron ligados a capturas accidentales.
El comercio de placas branquiales

La disminución de estas poblaciones se vincula con la demanda internacional de sus placas branquiales, estructuras utilizadas en algunos mercados asiáticos dentro de la medicina tradicional. Ochoa explicó que se trata de
“la parte por donde están asentadas las agallas por donde filtran el agua y obtienen su alimento”.
La bióloga sostuvo que
“existe tanta demanda en el comercio asiático por las gill plates que sus números han disminuido drásticamente”.
Añadió además que
“ya no se deberían poder exportar ningún producto derivado de estas especies”.
Este contexto coincidió con una decisión tomada en 2025 durante una reunión de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) en Uzbekistán, donde todas las variedades de rayas diablo pasaron del Apéndice II al Apéndice I, la categoría más restrictiva que prohíbe la exportación comercial de productos derivados.
Áreas prioritarias para investigar y conservar

Las tres especies analizadas figuran en peligro crítico según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Aun así, los autores remarcan que persisten grandes vacíos de información sobre sus zonas de reproducción, crianza, alimentación y estructura poblacional.
Aunque de manera parcial, se conoce la función que estas rayas desempeñan dentro del ecosistema. Debido a que filtran y se desplazan continuamente desde aguas profundas hacia las superficiales y viceversa, estos animales transportan nutrientes entre diversas áreas del océano.
Entre los sitios prioritarios para futuras investigaciones, el estudio menciona la costa nororiental de Estados Unidos, la franja entre el sur de Brasil y Uruguay, isla Margarita y sectores como las Islas de la Bahía, Bonaire y las Islas Caimán. Allí, según el trabajo, se concentran datos relevantes o situaciones de riesgo por la actividad pesquera.
Además de ampliar el mapa de distribución, el informe plantea que esta información puede servir para que autoridades y gestores ambientales determinen si estos ejemplares amenazados habitan sus aguas y definan medidas de manejo para reducir su captura.
Fuente: Infobae