Recientemente, el MACBA inauguró varias exposiciones dedicadas al arte geométrico, una línea distintiva del espacio. La principal es un merecido reconocimiento a César Paternosto, uno de los últimos grandes exponentes del arte argentino.
En dos pisos del museo se presenta La imaginación geométrica, una ambiciosa retrospectiva organizada junto con el Centro de Arte de la Universidad Nacional de La Plata, donde ya se exhibió hasta junio de este año.
La exhibición se estructura por núcleos temáticos en torno a una idea que atraviesa décadas de trabajo: la geometría de Paternosto no surge de la vanguardia europea, sino de una búsqueda por reubicar la abstracción en América Latina.
Así lo planteó la curadora Natalia Giglietti, quien reconstruyó el momento en que el artista quiso “americanizar la pintura” y desplazó su obra del informalismo hacia un lenguaje marcado por el territorio, la materia y las tradiciones visuales andinas.

En este recorrido, Giglietti destacó una pieza documental clave: el diario de viaje de Paternosto a Cusco, entre 1977 y 1979, con anotaciones y dibujos sobre el ensamblaje de piedras en construcciones incas. De esa investigación nació Piedra abstracta, libro publicado en 1989 donde formuló una hipótesis sobre el origen de la abstracción en la región.
La curadora situó el primer quiebre en los años sesenta, cuando el artista se apartó del grupo Sí para revisar su relación con la tradición informalista. “Él se quería ir del grupo, porque le parecía como demasiado importado, un modelo bastante europeo, quería dejar de copiar a Tápies”, explicó Giglietti, detallando luego su acercamiento al Museo de Ciencias Naturales de La Plata para estudiar motivos prehispánicos, especialmente de la cultura La Aguada.
Giglietti indicó que ese movimiento generó una mezcla entre los empastes y esgrafiados del informalismo y una nueva serie de signos geométricos tomados de piezas arqueológicas. En ese instante, resumió el giro con una frase del propio Paternosto: “Quiero americanizar la pintura”.
La tesis curatorial se apoya en una noción que Giglietti retomó de Aldo Pellegrini, quien escribió sobre una exposición de Paternosto en la galería Lirolay junto a Alejandro Puente: la “geometría sensible”, concepto que sirvió para pensar una obra que se apartaba de los concretos de los años 40 y de la reducción minimalista, devolviendo protagonismo al trazo, al color y a la presencia del artista.

Según explicó la curadora a Infobae Cultura, esa sensibilidad no quedó en lo formal: “Lo situamos territorialmente con América Latina, con Sudamérica y con todo lo que Paternosto también llama el paradigma amerindio”.
Paternosto, sostuvo Giglietti, encontró en Cusco una forma distinta de pensar la abstracción. “Acá hay una abstracción genuina, una abstracción distinta, que no es la de la vanguardia europea, que no es Kandinsky”, afirmó, resumiendo el hallazgo que el artista creyó ver en la arquitectura inca, vinculada al territorio, el cuerpo y la simbología.
Esa lectura se extendió en Piedra abstracta, un libro que “no ha circulado mucho” pero que hoy cobra nueva relevancia. Allí Paternosto plantea que la abstracción latinoamericana en las culturas originarias tiene su base en la retícula textil, anterior a la cerámica. “Ahí está el grado cero de la abstracción en América Latina”, citó Giglietti.
El recorrido incluye sus primeras pinturas-objeto, el desarrollo de su visión lateral y sus investigaciones sobre tradiciones visuales andinas. Paternosto es presentado como uno de los principales referentes de la abstracción latinoamericana y figura decisiva en la renovación de la tradición geométrica a partir de su reflexión sobre color, forma y espacio. En 2026, la Universidad Nacional de La Plata le otorgó el título de Doctor Honoris Causa por su trayectoria y aporte al arte argentino y latinoamericano. Esta muestra es un recorte de la que se presentó en ese espacio, también con curaduría de Giglietti.

La retrospectiva también reconstruye cómo las teorías del artista convivieron con sus transformaciones plásticas. Antes de mudarse a Nueva York en 1968, ciudad donde vivió más de 30 años, ya trabajaba con bastidores con forma. Giglietti recordó además que una obra de 1965 pertenece al Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti y que en 1966 el MoMA compró su primera pieza, hoy en la colección del museo.
La curadora propuso leer esos bastidores no solo en relación con los shaped canvas estadounidenses, sino dentro de una genealogía rioplatense enlazada con el arte concreto, el madí y Joaquín Torres García. Allí, señaló, “la pintura empieza a entrar en diálogo con el muro y con la arquitectura hasta afirmarse como objeto”.
Ese problema derivó luego en una de las series centrales de su trayectoria. Giglietti relató que en 1969, tras una siesta con sus hijas, Paternosto hizo un boceto en una hoja escolar con ceritas y pintó el borde del papel. De ese gesto nació lo que llamó “visión oblicua o visión lateral”, una forma de discutir la tradición occidental que privilegia el frente como punto de vista.
La curadora vinculó ese desarrollo con otra escena reveladora: el escrito que Paternosto envió ese mismo año a Clement Greenberg. Según contó, la respuesta del crítico fue tajante: “No, no, eso no lo voy a leer, porque los artistas tienen que producir, no tienen que escribir”.

Para Giglietti, esa negativa no interrumpe un rasgo de fondo de la trayectoria de Paternosto: la escritura como parte constitutiva de su trabajo y el modo en que produjo pensamiento al mismo tiempo que pintura.
Esa dimensión intelectual, dijo, quedó durante años algo relegada frente a su obra visual. La retrospectiva busca corregir ese desbalance al exhibir libros, textos, fotografías y el diario de viaje, de modo que la reflexión teórica apareza como una línea continua y no como un complemento tardío.
La exposición enlaza además obras de los años ochenta, noventa y 2000 con investigaciones que venían de mucho antes. Giglietti mencionó los pórticos, los vacíos, los bastidores con forma redimensionados desde la déada del ochenta, las esculturas en cemento, las tintas y las construcciones en papel como parte de una misma insistencia espacial.
En esa lectura, la visión oblicua atraviesa incluso series tardías como Hilos de agua y dialoga con esculturas producidas entre 2000 y 2020. “Sigue trabajando con esta idea de la proyección en el espacio, de la visión oblicua”, señaló, al vincular esas piezas recientes con sus estudios sobre la Bauhaus, Moholy-Nagy y las lógicas constructivas de los monumentos incas.

Además, en la planta baja del espacio de San Telmo se puede visitar otra muestra centrada en lo geométrico: Superficie y presencia, la primera exposición individual en América Latina del artista alemán Gerold Miller (Altshausen, 1961), que reúne obras recientes de las series Set y Verstärker.
El núcleo de ese trabajo pone en tensión los límites entre pintura, escultura y arquitectura para explorar la relación entre imagen, objeto, espacio y percepción.
Miller estudió escultura entre 1984 y 1989 en la Academia Estatal de Bellas Artes de Stuttgart. Su obra integra colecciones de instituciones como la Nationalgalerie de Berlín, el Louisiana Museum of Modern Art, el New Orleans Museum of Art, la Hamburger Kunsthalle, el Kunstmuseum Stuttgart, el Lenbachhaus de Múnich y el MAMbo de Bolonia. El artista vive y trabaja entre Berlín y Pistoia, en Italia.
También, en el campo de la figuración, se puede visitar Curada de espanto, la primera institucional de Ornella Pocetti, y en el espacio MACBA Kabinet, en el sexto piso, se encuentra ¿Cómo suenan las lágrimas antes de secarse?, de la artista chileno-peruana Ivana de Vivanco.
*Las muestras pueden visitarse hasta el 9 de noviembre en avenida San Juan 328, CABA, mientras que el espacio MACBA Kabinet permanecerá hasta el 30 de septiembre. Lunes a viernes, sábados, domingos y feriados de 12.00 a 19.00 h. Martes cerrado. Entradas: $10.000; Estudiantes, docentes y jubiladxs acreditadxs: $5.000; Niños de 6 a 12 años: $5.000; Menores de 6 años y personas con discapacidad: sin cargo y miércoles: entrada general $5.000 y categorías con descuentos especiales. Hasta el 9 de noviembre.
Fuente: Infobae