La tragedia en el Himalaya continúa desarrollándose con una magnitud devastadora. Las autoridades de Nepal reportaron más de 1.000 víctimas mortales y cerca de 4.000 desaparecidos, mientras los equipos de rescate trabajan contra reloj en la frontera con China. Las cifras podrían incrementarse conforme se acceda a las zonas más remotas, aún cubiertas de barro, rocas y escombros.
Los esfuerzos de búsqueda enfrentan un doble desafío: localizar posibles sobrevivientes y recuperar cuerpos en condiciones extremas. Los deslizamientos de tierra y la destrucción de infraestructura han ralentizado las operaciones, generando una creciente angustia entre las comunidades afectadas.
En Katmandú, la capital, la policía tomó una decisión drástica: enterrar decenas de cadáveres en fosas comunes. Bajo la lluvia, los equipos rodearon la zona con alambre de púas y marcaron las tumbas con lápidas numeradas. La mayoría de los cuerpos permanece sin identificar, por lo que se implementó un sistema de referencia basado en muestras de ADN y fotografías de rasgos distintivos. Cada cadáver recibió un número para facilitar futuras reclamaciones familiares.
“Guardamos muestras de ADN y registramos detalles visibles”, explicó un funcionario local, reflejando la magnitud del desafío en la gestión de la tragedia.

El general de brigada Raja Ram Basnet, portavoz del ejército nepalí, detalló que equipos de rescate, apoyados por expertos extranjeros, trabajan en distintas zonas de riesgo. Las imágenes oficiales muestran a rescatistas ingresando a túneles obstruidos y avanzando entre fango y agua en busca de señales de vida. “Sentimos la urgencia de cada minuto”, reconoció Basnet, subrayando el peligro que representa el terreno inestable.
Uno de los focos más críticos se encuentra en los proyectos hidroeléctricos de Nepal. Las inundaciones dañaron al menos 12 instalaciones y se estima que unos 900 trabajadores están desaparecidos, con cerca de 500 atrapados dentro de los túneles, según informaron las autoridades locales.
En el lado chino, los equipos se concentran en las áreas cercanas al paso fronterizo del puerto de Gyirong, que quedó destruido. Perros de búsqueda y maquinaria pesada se utilizan para rastrear entre los escombros y despejar rutas para los suministros humanitarios.

De acuerdo con el Ministerio de Asuntos Exteriores de China, se ha enviado un segundo lote de ayuda a Nepal, que incluye drones, equipos para pruebas de ADN y sistemas de purificación de agua. Además, expertos chinos en análisis genético colaboran en la identificación de los cuerpos.
Las cifras oficiales indican que al menos 11.814 personas fueron rescatadas hasta el momento. Para llegar a las comunidades más aisladas, los equipos emplearon helicópteros y otras aeronaves, ya que las carreteras y puentes han sido destruidos o quedaron intransitables.
El piloto Bimal Sharma, quien sobrevoló la zona durante operaciones de rescate, relató su experiencia: “Sentí como si estuviera volando sobre un paisaje completamente diferente”. Sharma agregó que notó el dolor y la desesperación en la mirada de los sobrevivientes. “Es desgarrador”, expresó.

El desastre se originó por el colapso de un glaciar en el Himalaya, que desató una avalancha de roca, hielo y agua de deshielo hacia los valles inferiores. Científicos que analizaron imágenes satelitales atribuyeron el fenómeno a la ruptura del lecho rocoso bajo el glaciar, generando un sismo de magnitud 5,2 e inundaciones súbitas que arrasaron viviendas, carreteras y puentes.
El primer ministro de Nepal, Balendra Shah, subrayó la dimensión del problema en un mensaje en redes sociales: “Este incidente ha puesto de manifiesto que los riesgos a los que nos enfrentamos en la región del Himalaya están aumentando debido al cambio climático”. Shah instó a la comunidad internacional a asumir el desafío de los desastres relacionados con el clima en la región.
Estos eventos han llevado a que la atención internacional se enfoque en la vulnerabilidad del Himalaya ante el calentamiento global y en la necesidad de reforzar los sistemas de alerta y respuesta ante emergencias naturales cada vez más frecuentes y destructivas. La tragedia ha dejado una huella imborrable en el país y plantea preguntas urgentes sobre la preparación para futuros desastres climáticos.
Fuente: Infobae