El desastre ocurrido en Nepal ha cobrado renovada relevancia ante la preocupación en Argentina por el riesgo de un aluvión en una localidad de la Patagonia. Esto sucede después de que se revelara la señal que uno de los satélites captó días antes del colapso del glaciar en el Himalaya, una advertencia que ningún sistema de alerta pudo detectar a tiempo.
El 26 de agosto, una inmensa masa de hielo y roca se desprendió cerca de la frontera con China, desencadenando una inundación súbita de extrema violencia que arrasó comunidades enteras a lo largo del río Bhote Koshi. El saldo sigue siendo catastrófico: al menos 1.225 personas fallecidas y más de 4.750 desaparecidas entre Nepal y China.
Lo que los sistemas de alerta actuales no pudieron prever es precisamente el centro del análisis del geofísico Manoochehr Shirzaei, de la Universidad de Virginia Tech. En declaraciones a la revista Nature, Shirzaei advirtió que imágenes satelitales captadas días antes del desastre ya mostraban señales de alerta que los sistemas existentes no estaban capacitados para interpretar a tiempo.
El satélite que captó la aceleración del hielo antes del colapso
Las imágenes de radar del satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA) cubren un período del 8 de enero al 18 de agosto, apenas ocho días antes de la catástrofe. Según el análisis de Shirzaei, mostraban que la masa de hielo y roca en la zona del colapso se desplazaba lentamente cuesta abajo a una velocidad de aproximadamente 10 milímetros por mes.

Esa cifra, a simple vista, no resulta alarmante: los glaciares se mueven naturalmente a velocidades de entre 10 y 200 metros por año, explica el experto. Sin embargo, lo que realmente preocupa al geofísico es la aceleración registrada en los días previos al desastre. Dicha aceleración indica que la tasa de deformación del suelo estaba en aumento, lo cual constituye una señal de inestabilidad mucho más significativa que la velocidad en sí misma.
No obstante, el propio científico aclara que, de haber sido identificada a tiempo, esa información no habría permitido ordenar una evacuación inmediata; habría servido para marcar la zona como un punto crítico que requería mayor atención y monitoreo continuo.
El orden exacto de los eventos que desencadenaron el colapso aún no está claro. Pudo haber comenzado con un gran deslizamiento de rocas que arrastró parte del glaciar, o bien el glaciar pudo haber fallado primero y desestabilizado las rocas. Además, el hecho de que el origen del evento esté cerca de la frontera entre Nepal y el Tíbet añade una dificultad adicional: las alertas tempranas dependen también del intercambio rápido de información entre países.
Sistemas de alerta insuficientes para la amenaza de glaciares inestables
El evento revela una brecha crítica en los sistemas de monitoreo de riesgos de montaña a nivel mundial. Según Shirzaei, la mayoría de los sistemas actuales se enfocan en las inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares y no en el colapso directo de masas de hielo y roca en zonas de alta montaña.

Existen algunos precedentes. En el lago glaciar de Cirenmaco, en el Tíbet, se implementó un sistema que monitorea en tiempo real el nivel del lago, el movimiento del hielo y la roca, así como el caudal aguas abajo. En la región nepalesa de Khumbu, hay sistemas que combinan sensores de nivel de agua, estaciones meteorológicas y sirenas automáticas para alertar sobre peligros glaciares.
Sin embargo, lo que falta, según Shirzaei, es un sistema satelital regional que rastree sistemáticamente la deformación acelerada de glaciares y laderas rocosas, y vincule esa información con modelos de inundaciones y avalanchas aguas abajo. El científico propone un enfoque en capas: primero, satélites de radar como el Sentinel-1 para identificar zonas con movimientos anómalos; luego, satélites de alta resolución y sensores terrestres para monitorear con más detalle las áreas marcadas como críticas.
“Detectar un glaciar inestable es solo la mitad del problema. El sistema también tendría que determinar qué sucede si falla. Un colapso relativamente pequeño en una cuenca aislada podría representar poco riesgo aguas abajo. Un colapso similar que penetre en un valle confinado, bloquee un río y cree un lago temporal podría producir una cascada de eventos devastadores”, señaló el experto.
En la misma línea, tanto el Gobierno de Nepal como el de China vincularon el desastre al cambio climático. El primer ministro de Nepal, Balendra Shah, reclamó que “la comunidad internacional debe dar respuesta a las preguntas sobre por qué se derrumbaron el hielo y la roca y cómo se generó un volumen de agua tan grande”.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que el desastre dejó al menos 2,2 millones de toneladas de escombros (equivalentes al volumen de seis edificios Empire State), entre restos de construcciones, rocas y sedimentos. Shah anunció que el Gobierno trasladó el foco de las operaciones de búsqueda y socorro hacia la rehabilitación y la reconstrucción, con énfasis en apoyo médico y psicológico para las comunidades afectadas.
Más de 65.000 afectados y aldeas aisladas una semana después de la catástrofe
Las inundaciones afectaron los distritos de Rasuwa, Nuwakot, Dhading, Gorkha y Tanahun, en el norte y centro de Nepal. Las aguas destruyeron viviendas, carreteras y puentes, dejando comunidades enteras sin acceso a agua potable, atención médica ni escuelas. Al menos 65.000 personas resultaron afectadas, de las cuales alrededor de 22.100 son niños, según datos de Unicef.
Una semana después de la catástrofe, los habitantes de aldeas aisladas aún cruzan el río Trishuli utilizando tirolesas ante la falta de puentes. “Mi casa y mi oficina fueron arrastradas por las inundaciones. No he podido ver mi casa todavía porque está al otro lado del río y el puente también fue destruido”, relató una vecina de la zona en declaraciones a la prensa internacional.

Los equipos de rescate concentran sus esfuerzos en los túneles de varias centrales hidroeléctricas en las montañas nepalesas, donde se cree que decenas de trabajadores quedaron atrapados. Según el portavoz del ejército, Raja Ram Basnet, esas instalaciones cuentan con espacios donde las personas pudieron haberse refugiado. Hasta el momento, 279 personas ya fueron rescatadas de esos escombros, pero al menos otras 639 siguen sin aparecer.
“La esperanza de encontrar supervivientes es cada vez menor”, reconoció Phanindra Paudel, alto funcionario del Centro Nacional de Operaciones de Emergencia (NEOC) de Nepal. Por su parte, el general retirado Binoj Basnet, quien supervisó el rescate durante el terremoto de 2015, fue más directo: “Teniendo en cuenta la naturaleza del desastre y la zona afectada, a medida que pasan los días hay menos posibilidades de encontrar sobrevivientes”.
Cerca de 3.500 personas permanecen en 27 refugios de emergencia en los distritos de Nuwakot y Rasuwa. El portavoz de las Naciones Unidas, Stéphane Dujarric, manifestó que las agencias humanitarias están “muy preocupadas” por el riesgo sanitario derivado del hacinamiento, el agua contaminada y los centros de salud dañados, en especial para mujeres y niños durante la temporada del monzón.
Fuente: Infobae