ONU advierte: Tierra superará 1,5°C y estos serán los impactos en España

A pesar de los constantes llamados de la comunidad científica sobre el calentamiento global, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial sigue siendo insuficiente. Esta realidad nos acerca a un escenario crítico: es inevitable que se rebase el umbral de 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales, y ocurrirá en los próximos años.

Así lo señala el más reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), brazo ambiental de la ONU. No obstante, superar la meta central del Acuerdo de París no implica que no haya margen de acción para corregir el rumbo.

Si bien enfrentamos un inevitable sobrepaso de ese límite, aún es posible lograr que este sea transitorio, siempre que las naciones asuman compromisos reales. El informe subraya que hay una diferencia crucial entre exceder la meta por unas décimas o registrar picos más altos: los riesgos e impactos se agravan con “cada fracción de grado adicional por encima de los 1,5 ºC y el paso de los años”.

Un niño se refresca en la fuente de la Barcaccia, cerca de la Escalinata de la plaza de España, durante una ola de calor, en Roma, Italia. (REUTERS/Remo Casilli)

¿Cómo se reflejará este calentamiento en España?

Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, advierte que estos efectos “no se distribuirán de manera igualitaria” y que “algunas pérdidas serán irreversibles aunque las temperaturas globales eventualmente disminuyan”. Todo el planeta sentirá las consecuencias de un clima más cálido, pero España, por su ubicación geográfica, ya está experimentando estos cambios de forma directa.

Uno de los efectos más evidentes previstos por este rebasamiento del objetivo de París es la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos. Ya lo vivimos con las olas de calor, cada vez más frecuentes, extensas e intensas. El país posiblemente haya registrado en 2026 el verano más cálido de su historia, a la espera de la confirmación oficial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Durante este periodo se han contabilizado cuatro olas de calor y más de 5.000 muertes atribuibles a las altas temperaturas, que incluso se prolongan en septiembre. Se espera que en los próximos días los termómetros alcancen o superen los 40 grados en algunas zonas, un episodio calificado por la Aemet como “calor anómalo para principios de septiembre”.

(Foto de ARCHIVO)
Una persona trabaja en las labores de extinción del incendio forestal, a 26 de julio de 2026, en La Adrada, Ávila, Castilla y León (España). (César Vallejo Rodríguez/Europa Press)

No solo el calor extremo golpea al país. Los incendios forestales han marcado el verano, con fuegos devastadores como los de Burgohondo (Ávila), Los Gallardos (Almería) y La Mierla (Guadalajara). Aunque el cambio climático no es la única causa del aumento de grandes incendios (aquellos que superan las 500 hectáreas), múltiples investigaciones confirman que influye de manera determinante.

Las inundaciones también se intensificarán, ya que las precipitaciones serán cada vez más torrenciales, afectando sobre todo a ciudades costeras o ribereñas de Europa. Aún están frescos los estragos de la DANA de 2024, que dejó 238 víctimas mortales, y los daños del tren de borrascas de finales de 2025 y principios de 2026. A esto se suma el aumento del nivel del mar, que presiona sobre ciudades bajas e infraestructuras críticas; en las playas españolas ya se observa un retroceso significativo, obligando a muchos municipios a reubicar paseos marítimos y otras obras costeras.

Superar el límite de 1,5 ºC también implica la pérdida de ecosistemas: la biodiversidad se verá alterada porque las especies migrarán hacia el norte y a mayores altitudes, mientras que bosques y sistemas montañosos europeos podrían reducirse. Además, habrá impactos directos sobre la salud humana, con más enfermedades relacionadas con la nutrición, exposición a patógenos y mortalidad por calor.

Varias personas con bolsas tras el paso de la DANA, en el barrio de la Torre, a 31 de octubre de 2024, en Valencia, Comunidad Valenciana (España). (Rober Solsona/Europa Press)

António Guterres, secretario general de la ONU, lo resume así:

“El calor abrasador, los incendios forestales devastadores y las inundaciones mortales de este verano son una advertencia de lo que nos espera. Debemos lograr que el exceso por encima de los 1,5 ºC sea lo más reducido y breve posible. Eso exige un exceso de ambición”.

Aún hay margen para actuar

La mejor estrategia para enfrentar este grave problema medioambiental consiste en minimizar la magnitud y la duración del exceso sobre el límite. Aunque es inevitable superarlo temporalmente, está en nuestras manos volver a situarnos por debajo de 1,5 ºC lo antes posible.

Para lograrlo, la acción debe ser “acelerada, colectiva y global”, comenzando por reducir “inmediata y sostenidamente” las emisiones de gases de efecto invernadero. Posteriormente, habría que alcanzar emisiones netas negativas para que las temperaturas desciendan a largo plazo. Esto implica extraer carbono del aire mediante estrategias como “reforestación, forestación (plantar árboles en zonas donde históricamente ha habido un bosque), restauración de ecosistemas o bien técnicas no convencionales como la generación de bioenergía combinada con captura y almacenamiento de carbono, explica en Science Media Centre Ernesto Rodríguez, meteorólogo y presidente de la Asociación Meteorológica Española.

Estas técnicas, en las que ya trabajan varios países, no pueden ser una excusa para seguir emitiendo grandes cantidades de gases con la idea de capturarlos después. “La eliminación a gran escala del CO2 atmosférico es adicional a la urgente mitigación, que pasa por la supresión del uso de los combustibles fósiles y su sustitución por fuentes de energía renovables, y a la adaptación especialmente necesaria en las regiones y colectivos donde los efectos negativos del cambio climático ya se han dejado sentir”, señala Rodríguez, dejando claro que la captura de carbono es un complemento, no un sustituto de la reducción de emisiones.

Lo que hagamos hoy determinará cuán alto y por cuánto tiempo superaremos el umbral de 1,5 ºC, así como la magnitud de las pérdidas irreversibles y las posibilidades de restaurar condiciones seguras para el planeta. Este panorama no solo dibuja un futuro cada vez menos habitable, sino que ya está trayendo al presente las consecuencias del cambio climático antropogénico.

Fuente: Infobae

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