Saimaluu Tash: el santuario de 90.000 petroglifos en las alturas de Kirguistán

En una remota región montañosa de Kirguistán, se encuentra un conjunto arqueológico de excepcional valor: Saimaluu Tash, con cerca de 90.000 petroglifos distribuidos en unas 10.000 rocas. Este enclave, situado en la cordillera del Tian Shan, estuvo durante mucho tiempo fuera de las rutas turísticas convencionales y solo es visitable durante un breve período cada año.

El sitio se ubica a más de 2.000 metros de altitud en un valle glaciar apartado. Las primeras inscripciones datan de la Edad del Bronce, hace aproximadamente 4.000 años, y continuaron realizándose durante la Edad del Hierro y hasta los primeros siglos de los pueblos túrquicos, alrededor del año 900 d.C.

Un archivo rupestre en las alturas

El nombre Saimaluu Tash significa “piedras bordadas” en kirguís. Este lugar es uno de los conjuntos de petroglifos de alta montaña más grandes y remotos del mundo. Sobre basalto volcánico, se han grabado escenas de caza, combates, figuras animales y motivos asociados al culto solar, ofreciendo una ventana a la vida de comunidades nómadas que dejaron pocos rastros materiales.

Las representaciones incluyen cazadores, cabras montesas y escenas de conflicto. El valor del conjunto radica en que estas marcas revelan aspectos de las formas de vida, creencias y prácticas ceremoniales de los pueblos que habitaron esta región montañosa durante milenios. Las rocas registran escenas de caza, guerra, animales y símbolos vinculados al Sol.

Antes de la expansión del islam en Asia Central a partir del siglo VIII, una parte de la región mantenía tradiciones asociadas al tengrismo, una creencia centrada en fuerzas de la naturaleza y prácticas chamánicas. En ese contexto, Saimaluu Tash funcionó como espacio ritual durante unos 3.000 años, hasta que perdió centralidad y quedó en el olvido durante siglos.

Los grabados prehistóricos de Saimaluu Tash se remontan a la Edad del Bronce y continuaron hasta alrededor del 900 d. C. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Acceso limitado por la nieve y la altitud

Llegar a este enclave requiere una travesía exigente por terreno rocoso. Una parte del recorrido depende de un puente de nieve temporal que condiciona la entrada al valle. Si se visita demasiado temprano, los grabados aún están cubiertos; si es demasiado tarde, el paso puede desaparecer por el deshielo.

La ventana de acceso suele ser de unas seis semanas, entre julio y septiembre, lo que explica por qué el lugar se ha mantenido alejado del turismo masivo. Tras aproximadamente tres horas de caminata, aparecen los primeros bloques grabados en las laderas. La dificultad del trayecto ayuda a dimensionar el esfuerzo que las poblaciones antiguas debieron realizar para alcanzar este espacio ceremonial.

La guía turística Altynai Kudaibergenova, radicada en Biskek, señaló que los pueblos antiguos debían organizar con precisión el desplazamiento hasta el sitio, superando pendientes abruptas y placas de hielo persistentes incluso en verano. La ubicación del enclave, en un paso que conecta el valle de Ferghana con el interior del Tian Shan, refuerza su valor histórico como punto de tránsito y encuentro para distintos grupos humanos.

Redescubrimiento, conservación y presión turística

El sitio fue redescubierto en 1902 por el cartógrafo militar ruso Nikolaí Khlúdov. Las investigaciones arqueológicas sistemáticas comenzaron hacia fines de la década de 1940. Desde entonces, su aislamiento ha actuado como barrera contra el saqueo y el vandalismo, problemas que han afectado otros sitios rupestres.

La nieve invernal también juega un papel en la conservación: protege las superficies rocosas de variaciones térmicas marcadas y ayuda a preservar grabados que han sobrevivido varios milenios. El conjunto abarca unas 10.000 rocas y cerca de 90.000 grabados, lo que lo sitúa entre los sitios rupestres más notables de la región.

Hoy, la experiencia de visitar Saimaluu Tash aún transcurre sin grandes infraestructuras ni aglomeraciones. Ese aislamiento forma parte de su singularidad, aunque el avance del turismo en Kirguistán podría modificar ese escenario con el tiempo. La creciente accesibilidad del país podría hacer menos excepcional la tranquilidad que hoy rodea este archivo de piedra en las montañas del Tian Shan.

Fuente: Infobae

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