Con una carrera que comenzó en la televisión de la mano de su padre, Mex Urtizberea, Violeta Urtizberea recuerda sus inicios en Magazine For Fai, donde junto a otros pequeños actores como Julieta Zilberberg y Martin Piroyansky, interpretaban a adultos siendo niños. Hoy, el público la reconoce como Lu Pedemonte, la amiga de Griselda Siciliani en la serie «Envidiosa», aunque muchos la recuerdan por su historia de amor con una mujer en televisión y por un personaje con Síndrome de Tourette. Se define como madre, amiga y actriz, y asegura no saber hacer nada más. Es la mamá de Lila y la pareja del músico Juan Ingaramo.
Infancia y herencia familiar
Violeta confiesa que reflexiona a diario sobre la posibilidad de que su hija Lila quiera seguir sus pasos artísticos: «Sí, obvio, lo pienso todos los días, no me gustaría.» Explica que no tiene un problema con la inestabilidad de la profesión, sino que le preocupa que su hija repita su difícil experiencia escolar. «La pasé muy mal en el colegio, por suerte no tuve bullying ni nada de eso, pero era como una cárcel. ¿Cuánto tiempo falta para terminar? ¿Cuántos años? Iba tachando como un preso.» Añade que sus padres le hablaron mal de su propia experiencia escolar, y eso influyó en ella. Por eso, desea que Lila estudie Medicina, una carrera que a ella le habría encantado.
Magazine For Fai: un espacio seguro
La actriz recuerda que el programa infantil era un «lugar cómodo» donde todos los niños que participaban ya estudiaban teatro con Nora Moseinco. «No era ‘la tele’, íbamos los sábados a grabar, no teníamos que faltar al colegio. La exposición no tenía nada que ver con estar en ‘Chiquititas’, era un programa muy de nicho.» Destaca que incluso su padre no era tan popular en ese entonces.
Maternidad: entre el amor y el peso de la responsabilidad
Violeta reflexiona sobre el poder que los padres ejercen sobre los niños: «Si uno fuese un malvado podría hacer cosas terribles, es desolador pensar en manos de quiénes están los niños.» Sobre su propia crianza, asegura que sus padres fueron personas libres, aunque su padre, Mex, resultó ser «re conservador en muchas cosas, re padre y estricto también.» De él heredó la importancia de los límites: «Para mi papá es muy importante que el niño no sea un maleducado y para eso hay que hacer muchas cosas, no es tan fácil. Límites, que es todo un laburo.»
«¿Otro hijo? Dámelo a partir de los tres años»
La actriz lanza una declaración polémica sobre la crianza: «Voy a decir algo muy polémico. Yo la pasé re bien casi todo el tiempo con Lila en la crianza, no tuve una crisis postparto ni nada de todo eso por suerte. Pero si vos me decís… Dámelo a partir de los tres años. Antes de los tres para mí es un laburazo.» Describe esa etapa como «no poder pestañear», con el constante temor por la seguridad del niño. «Cada diez segundos ese pensamiento. ¿Ay, dónde está Lila?» A partir de los tres años, asegura que la experiencia se vuelve «increíblemente una fiesta» y que ahora tendría cinco hijos más. «Lila va a cumplir siete años y yo no puedo creer, estoy alucinada con ese bichito que tengo. Me muero de amor, de ternura, me muero de risa.»
Relación con Juan Ingaramo: «Mi novio, no mi marido»
Cuando le preguntan cómo presenta a su pareja, Violeta responde: «Yo digo ‘mi novio’. Igual queda todo raro, tengo que aclarar que es el papá de Lila, sino parece que estoy separada… Sí, tengo que hacer muchas aclaraciones con tal de no decir mi marido.» La razón: «No me gusta, me deprime. Me siento, no sé, una señora. Me envejece y me envejece el vínculo también.» Sobre la posibilidad de otro hijo, revela que Juan sí quiere, pero que la decisión depende de ella porque «tengo que hacer todo eso de la fábrica…»

La belleza y la inteligencia en la pareja
Violeta confiesa que ahora entiende a los hombres que gustan de estar con mujeres atractivas: «Está bueno. Yo ahora entiendo a los varones que les gusta estar con lindas, siento que hasta te levanta un poco.» Compara la belleza con la inteligencia: «Uno tiene esa fantasía de que si vos sos la más linda, ¡qué bueno! Y en realidad no, pasás a ser… jajaja. Es como si fuera mejor estar siempre con gente más inteligente. Ser la más inteligente del grupo te hace más estúpido, te eleva más que tus amigos sean más inteligentes que vos.» Añade que lo importante es «animarse a estar al lado de gente que tiene potencial a todo nivel. No estar con gente que es peor que uno.»
11 años de noviazgo: «Todavía hay mucho fuego»
Sorprendida por la duración de su relación, Violeta explica: «Nunca pensé que me iba a pasar esto. Yo nunca tuve la fantasía de estar mucho tiempo con alguien. Era una cuestión heredada de mis padres.» Cuenta que sus padres estuvieron juntos cuatro años y luego tuvieron vínculos cortos. «Mi viejo ve una pareja de hace muchos años y le deprime un poco. No me inculcaron esa idea de que hay que seguirla cueste lo que cueste. La familia, la unión, era más bien ‘vivamos un amor que nos vuelva locos y que sea hermoso y apasionado y cuando se termine, hasta luego’.» Sin embargo, con Juan es diferente: «No, es que realmente todavía hay mucho fuego. Hay pasión, hay todo eso, por eso te digo, para mí es mi novio Juan.»
Mex como padre: una anécdota reveladora
Violeta recuerda una escena de su infancia que define a su padre: a los cuatro años, cuando fue a sacarse sangre, Mex le decía que sería como un mosquito, pero al ver la sangre se desmayó dos veces, terminó en una ambulancia y ella tuvo que sostenerle la mano. «Esa fue la imagen final. Yo adulta a los cuatro años. No queda otra opción.» Reflexiona que sus padres la tuvieron muy jóvenes, a los 24, y que Mex a veces le pide perdón por cosas pequeñas. «Papá ya está, no pasa nada, le digo.»
Maternidad y trabajo: «Ser madre nada más, no quiero, pero estoy feliz»
La actriz admite que en este momento la maternidad ocupa mucho de su vida porque no está trabajando tanto. «Mirá qué loco, uno podría ser madre nada más. No quiero, pero igual la estoy pasando bárbaro, no estoy trabajando tanto, pero estoy feliz.»
Custodia compartida… de la perra
Violeta revela que tiene una perra llamada Francisca con Martín Garabal, su ex pareja, y que recomienda la tenencia compartida de mascotas. «Va variando. Yo recomiendo tener un perro con tenencia compartida. Por suerte tenemos buen vínculo, súper fluido, divino, todo bárbaro.» Explica que cuando se cansa de todo el pelo que suelta la perra, se la lleva Martín y ella limpia la casa. «Pasa un mes y medio y vuelve mi perra, la extrañé un montón y ya está conmigo.» Asegura que la perra no sufre con el intercambio: «La perra viene corriendo a cada uno y hasta luego, cero problema.»

La vida hogareña y el vicio de quedarse en casa
Violeta confiesa que se ha vuelto una persona muy casera: «Es un vicio, yo ahora no quiero salir de mi casa, como mi papá.» Cuando la llaman para eventos laborales, piensa: «‘Ay, qué pesados, ¿qué quieren?’ Todo lo relativo a mi trabajo que no sea trabajar me cuesta.» Su mejor plan es quedarse en casa con los suyos.
«Madre, amiga y actriz, no sirvo para nada más»
La actriz resume su identidad: «Amiga, eso también es algo que me define. Para mí los amigos son muy importantes. Madre, amiga y actriz. No sirvo para nada más, te lo juro.»
Perseverancia sin expectativas: inglés, guitarra y tenis
Admite que estudia inglés desde hace años pero que le cuesta muchísimo: «Siento que voy a tener que estudiar hasta que me muera y que quizás en algún momento logre tener una mínima conversación.» También estudia guitarra y tenis, y sobre su desempeño dice: «Mal en todo. Pero persevera y triunfarás. Pero yo tengo baja expectativa en general, eso a mí me funciona en la vida.» Explica que no busca ser profesional, solo poder participar en una conversación o enfrentar a alguien que no sea su profesor. «Vivís las cosas con mucha liviandad», le dicen, y ella responde: «Usalo. Es mi receta, expectativa baja.»

Al final, Violeta se muestra satisfecha con su presente: «La verdad que sí. Ni un sí ni un no.»
Fuente: Infobae