El error oculto en el cartel de ‘Tiburón’ que perduró 50 años

Durante más de cinco décadas, la imagen del tiburón que protagonizó el afiche de la icónica película Tiburón fue asociada erróneamente con el gran tiburón blanco. Sin embargo, una revelación respaldada por el American Museum of Natural History y difundida por National Geographic confirma que el animal representado pertenecía a otra especie completamente distinta.

Este hallazgo no solo representa una curiosidad para los amantes del séptimo arte, sino que también reactiva un debate más profundo sobre cómo el cine ha moldeado la percepción pública de los tiburones, convirtiéndolos en sinónimo de peligro y temor en el imaginario colectivo.

El origen del afiche más famoso del cine

El ilustrador Roger Kastel, responsable del póster promocional del filme de 1975, se basó en modelos anatómicos custodiados en el museo de Nueva York. Según relata el medio, una vocera del American Museum of Natural History confirmó que Kastel fotografió varios ejemplares, y que uno de ellos fue clave para definir la figura central que luego se convertiría en un emblema del cine de suspenso.

La composición final fue sencilla pero impactante: una nadadora en la superficie y un tiburón emergiendo desde las profundidades con la boca abierta. Esa imagen quedó grabada en la memoria de millones de espectadores y se convirtió en una de las piezas promocionales más reconocibles de la historia, trascendiendo la propia película para instalarse en la cultura popular.

La especie real detrás del cartel

El dato que corrige la historia llegó tiempo después: el modelo no era un gran tiburón blanco, sino un marrajo carite, conocido científicamente como mako de aleta corta. La diferencia entre ambas especies es notable y no menor.

El modelo usado para el cartel de Tiburón correspondía a un marrajo carite, también llamado mako de aleta corta (Imagen: Página Web)

El marrajo carite posee un hocico más alargado, una dentadura más fina y una silueta más estilizada en comparación con el robusto cuerpo del gran tiburón blanco, identificado por la ciencia como Carcharodon carcharias. Este último, además, es el que aparece con mayor frecuencia en los registros históricos de incidentes con humanos.

De acuerdo con el Florida Museum of Natural History, el marrajo carite acumula 10 ataques no provocados documentados contra personas. El American Museum of Natural History conserva desde 1939 un ejemplar de esa especie preservado en etanol, pieza que sirvió de base para la réplica que Kastel utilizó como referencia visual durante su proceso creativo.

El poder de una imagen en la construcción del miedo

Este error podría haberse quedado en una simple anécdota de archivo, pero el peso cultural del afiche le otorga una relevancia mayor. La ilustración contribuyó a consolidar una asociación inmediata entre tiburón, amenaza y ataque inminente, una lectura que la película de Steven Spielberg reforzó y amplificó a escala global.

El marrajo carite tiene un hocico más alargado y una silueta más estilizada que el gran tiburón blanco Carcharodon carcharias (YouTube/@lukaccion8081)

La figura del póster pasó a representar automáticamente al tiburón blanco, aunque la referencia original proviniera de otra especie. Esa simplificación borró matices biológicos importantes y unificó bajo una sola imagen de peligro a distintos tipos de tiburones, generando un estereotipo difícil de desmontar.

Tras el estreno del filme, el temor social hacia estos animales se intensificó, y el tiburón blanco se instaló como el máximo símbolo de la amenaza marina. La activista Wendy Benchley señaló que parte del público interpretó la historia como una licencia para matar tiburones, en un contexto que también vio aumentar los torneos de pesca y la presión sobre varias poblaciones.

Un legado complejo

La misma fuente recordó que el impacto de la película no tuvo un único efecto. El interés popular que despertó también abrió la puerta a nuevas investigaciones científicas y a una agenda de conservación que cobró fuerza con el paso de los años.

La película de Steven Spielberg consolidó la asociación entre tiburón, amenaza y ataque, y reforzó el miedo al tiburón blanco

El propio Spielberg reconoció tiempo después su incomodidad con ese legado. El director lamentó el daño que la película y la novela original pudieron haber causado sobre la percepción pública y sobre la supervivencia de algunas poblaciones de tiburones.

La historia del cartel emerge así con una lectura que va más allá de la anécdota cinéfila. La ilustración que acompañó el estreno de Tiburón no retrataba al animal que millones de personas creyeron ver. Aun así, contribuyó a fijar un miedo durable y a simplificar la imagen de un grupo de especies que juega un papel fundamental en los ecosistemas oceánicos.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK